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«Que América Latina esté en segundo plano es parcialmente responsabilidad nuestra»

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08
Sep
2022
américa latina

El analista y sociólogo Jorge Galindo (Valencia, 1985) tiene un objetivo tan sencillo como complejo: «Ayudar a que nos hagamos preguntas relevantes y útiles para nuestro futuro colectivo». Este valenciano, uno de los artífices de ‘Politikon‘, lleva años descifrando la realidad de América Latina para medios como ‘The New York Times’ o ‘El País’, y tras seis años y medio viviendo en la capital colombiana acaba de aterrizar en Madrid para volcarse en un nuevo rol: el de director adjunto en el proyecto Esade Center for Economic Policy.


Colombia está ante el que, dicen, es el primer Gobierno de izquierdas de su historia. ¿Qué retos tiene por delante el presidente Gustavo Petro?

Hay una serie de retos y luego hay un meta-reto. Por un lado, podemos listar los retos estructurales, como las violencias, las desigualdades, los problemas de funcionamiento institucional y, dentro de esto, las diversas formas de corrupción que existen en el país. También tenemos retos concretos más inmediatos, como la pobreza que se deriva de la pandemia y la inflación, o la transición energética, ya que estamos ante un país que es exportador de hidrocarburos y de gas natural. Y en este momento parece que el Gobierno va a ir a por todas, pero lo cierto es que son demasiados retos y demasiado grandes, a lo que hay que sumar que en Colombia hay una limitación de un solo mandato. Y aquí viene el reto más grande: ¿qué se puede hacer en cuatro años y cuáles de estos retos se pueden enfrentar? Ese es realmente el gran reto: el meta-reto. 

Entonces, ¿crees que logrará el nuevo gobierno realizar los cambios prometidos?

Hay una dinámica de inflación de promesas en el mundo entero, no solo en Colombia, y eso está favorecido por un resquebrajamiento de los partidos tradicionales y de las instituciones intermedias, el oligopolio de medios de comunicación y los sindicatos. Estos organismos filtraban entre quienes se presentaban a las elecciones y quienes los elegían. Y por ese filtro había una modulación de expectativas y prioridades. Lo que está pasando en las democracias del mundo entero en este momento es que se difuminan esos mecanismos intermedios y hay incentivos para que los líderes sobreprometan. Lo que pasa con el Gobierno de Petro, además de sobreprometer en campaña, es que en esta primera fase no quieren modular expectativas, sino empezar a poner las cosas en marcha, especialmente por esa sensación que tienen de «oportunidad histórica», pero creo que es inevitable que lleguen a una fase de realismo y de modulación. No creo que sea posible llevar adelante todos los objetivos que se ha marcado este Gobierno.

«Hay elementos dentro de la producción de América Latina que pueden hacer la transición energética mucho más llevadera en otros países»

¿Es tan relevante –como se ha llegado a señalar– el gesto de Felipe VI de no levantarse ante la espada de Simón Bolívar?

No me gusta comentar nada acerca de esto porque veía que se estaba hablando más de ello en España que en Colombia. Me da la impresión de que incluso en la crítica al Rey estamos mostrando que los españoles nos pensamos el centro, cuando en ese momento Colombia estaba centrada en la reforma tributaria que presentó Petro.

Hay quien señala que la crisis de Ucrania ha afectado en gran medida a Latinoamérica, aun estando en la otra punta del globo. ¿De qué modo?

Hay tres canales de efecto de la invasión rusa en América Latina. El primero es lo que implica en sí la invasión en cuanto al alejamiento del bloque occidental-atlantista, en el cual está Europa, Estados Unidos y Canadá (y en el cual también hay una voluntad de que estén muchos países de América Latina). Esto plantea una obligación de decisión estratégica internacional para muchos países de la región o, el más difícil todavía, jugar a dos bandas. La segunda consecuencia es que, en esa disputa con Rusia, surgen demandas que dejan de estar cubiertas en Europa, sobre todo energéticas. Y el tercer canal de impacto es la inflación, por disrupción de cadenas de oferta y subida de precios energéticos. Cada país lo vivirá con particularidad, dependiendo de lo fuerte que sea la moneda y lo orientado que esté a la inflación cada banco central.

Norteamérica y el frente atlántico son la primera línea de los efectos sobre las temperaturas del calentamiento global en el continente más desigual del mundo. ¿Debemos prestar atención especial a América Latina para darnos cuenta de lo que pasa?

Yo creo que sí, por dos razones: la egoísta, porque hay elementos dentro de la producción de América Latina que pueden ser interesantes para otros países una transición energética un poco más llevadera; y también por la razón de un orden moral superior, que es lo que se vislumbra cuando se dice a los países ricos aquello de «es que vosotros os volvisteis ricos a hombros de los hidrocarburos y a ahora nos estáis pidiendo a nosotros que no lo hagamos». Creo que hay una dimensión de justicia redistributiva internacional que es cierta. En ese sentido, los acuerdos que deberíamos llevar a cabo para hacer esta transición más justa implica eso también: quizás tengamos que encontrar mecanismos para cumplir de manera más justa con la deuda histórica que hemos adquirido. Una de las políticas públicas interesantes del Gobierno de Petro es el intercambio de deuda externa por reducción de las emisiones netas de carbono. Y es importante lo de netas, porque la capacidad de reforestación en países como Colombia, Brasil o Perú es gigantesca. Eso, puesto en emisiones netas, puede ser extremadamente beneficioso. 

«Tenemos que encontrar ciertos mecanismos para cumplir de manera más justa con la deuda histórica que hemos adquirido»

Latinoamérica tiene muchos ingredientes para ser una superpotencia mundial si los países decidiesen aunarse: mismo idioma, recursos naturales, extensión, población. ¿Qué cuestiones provocan su relevo a un segundo plano en el orden mundial?

Que esté en segundo plano también es, en parte, responsabilidad nuestra. Somos quienes los relegan en cierta medida, si bien sí que hay una reflexión importante de por qué no hay una mayor acción coordinada por parte de estos países. Lo difícil aquí es señalar a lo contrafáctico, porque no es que no haya ninguna acción coordinada ni lo haya habido en ningún momento de la historia. Es verdad que hay claras divisiones ideológicas que atraviesan la región, un producto de una polarización que tiene sus raíces en el hecho de que las brechas estructurales dentro de los países de América Latina son mayores. Es decir, la culpa no es de la polarización: esta es resultado de que las divisiones dentro de las sociedades son mayores, lo que produce unos vaivenes del péndulo mucho más grandes y lo que, por tanto, acaba haciendo más difícil la coordinación entre países. Probablemente se trate de un círculo vicioso: no hay instituciones supranacionales y, como no las hay, la visibilidad de las coaliciones entre naciones no es tan clara para nadie. Siguen pesando más las divisiones de los países de estos péndulos ideológicos que van para un lado y para el otro en cada uno de los países. 

¿El periodismo de datos es el único que realmente es objetivo por naturaleza?

No me identifico con el concepto de periodismo de datos, más bien con el de «periodismo de precisión», bautizado así por periodista Philip Meyer. El mito fundacional del periodismo de precisión viene de una investigación que se dio a raíz de unas revueltas en Detroit en 1967. Para buscar las causas de estas se plantearon tres hipótesis y se realizó un estudio cualitativo para llegar a una conclusión. En este caso, Meyer explicitó sus hipótesis y recogió diversos datos para observar y descartar. Eso es precisión: me gusta más porque habla de ir calibrando y acercarse lo máximo posible a lo acertado, y eso no se puede hacer solo con datos cuantitativos; de hecho, hay veces que no los hay: cuando tienes una investigación sobre algo que es valioso, eso es periodismo de precisión, tanto como el de datos. No pienso que uno sea más objetivo que el otro. En ambos casos, además, el horizonte es el mismo.

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