Derechos Humanos

«En Oriente Medio hay una Tercera Guerra Mundial»

Tras años de silencio informativo sobre uno de los conflictos más antiguos de Oriente Medio, los periodistas David Meseguer y Karlos Zurutuza publican ‘Respirando fuego: en las entrañas de la lucha kurda por la supervivencia’ (Ediciones Península), un libro que narra historias humanas y reales sobre el pueblo kurdo en Turquía, Siria, Iraq e Irán.

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Noemí del Val
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28
Jun
2019
David Meseguer y Karlos Zurutuza kurdos

El pueblo kurdo existe desde hace milenios. Siempre ha estado ahí. Sin embargo, pocas veces han captado la atención de los grandes medios y partidos políticos. Son muchos los que desconocen cuáles son las reivindicaciones de este pueblo –la minoría étnica más grande de Oriente Próximo que no está establecida en un Estado nación– que, desde el 2011, no solo batalla por el futuro de su pueblo, sino por el de toda la región. Para presentarnos la historia de personas reales que luchan por el respeto a los derechos humanos y el reconocimiento internacional, los periodistas David Meseguer y Karlos Zurutuza publican ‘Respirando fuego: en las entrañas de la lucha kurda por la supervivencia’ (Ediciones Península). Ambos colaboran con numerosos medios internacionales y llevan años explorando la realidad del territorio kurdo, además de haber cubierto los conflictos en Siria, Libia e Iraq. Zurutuza también vivió como reportero la guerra en Afganistán.

Los kurdos llevan reivindicando su territorio desde principios del siglo XX —incluso antes—, pero rara vez su lucha llega a los titulares. ¿A qué se debe?

Karlos Zurutuza: En realidad, no llega a los titulares hasta, más o menos, 2014 y es el Estado Islámico el que pone al pueblo kurdo sobre el mapa. Es el pasaporte para la prensa generalista pero, hasta ese año, cubrir el tema kurdo era un trabajo solitario. Desgraciadamente, al final, es el Dáesh quien les hace un hueco en la prensa, y ahora que el califato ha desaparecido, parece que los kurdos también.

Karlos Zurutuza:«Hasta 2014, cubrir el tema kurdo era un trabajo solitario»

David Meseguer: Los cuatro estados entre los que se reparte el pueblo kurdo son grandes potencias regionales, sobre todo Turquía e Irán, y en menor grado Siria e Iraq. Siempre han sido estados muy centralistas que, en la mayoría de los casos, no han reconocido a las minorías tanto étnicas como religiosas y, por lo tanto, los kurdos –aunque hayan reivindicado sus derechos– no han jugado un rol demasiado importante como para que haya trascendido a los medios. Eso entronca lo que decía Karlos: cuando lo ha hecho ha sido en la lucha contra Estado Islámico. Sin embargo, hay muchísimos periodistas y algunos medios que sí intentan que se hable de la lucha kurda, aunque es bastante complicado mantener un flujo informativo por la complejidad de la situación en la región. Algunos reporteros sí que llevan mucho tiempo escribiendo historias sobre las reivindicaciones kurdas o el papel de las mujeres, por ejemplo; pero los medios más mainstream no han tenido interés alguno en cubrir el tema más allá del conflicto puro. De vez en cuando escuchamos hablar sobre el PKK en Turquía y sus luchas con el Gobierno del país, pero en cuanto a reivindicaciones o proyectos —el tema de la lengua, el rol de la mujer de la sociedad, etc.— no han transcendido. Es difícil saber el porqué, aunque es verdad que muchas veces Turquía, Irán, Siria e Iraq han ejercido presión sobre los informadores, que no han podido trabajar con tranquilidad para hablar sobre los kurdos. Por ejemplo, los más veteranos siempre cuentan que el régimen de Sadam Hussein hacía imposible cubrir historias de kurdos, y en Irán y Turquía sigue siendo muy complicado trabajar en el Kurdistán.

¿Cómo podríamos resumir las reivindicaciones del pueblo kurdo para que aquellos que no las conocen?

K.Z.: Los kurdos vienen del corazón de Oriente Medio, donde los derechos humanos brillan por su ausencia y donde los regímenes y los poderes políticos regionales son excluyentes: están entroncados en el nacionalismo árabe, persa o turco, o en el islamismo. Los kurdos tienen unas reivindicaciones modestísimas que parten de la base de los derechos humanos. Más de una vez nos han dicho a nosotros que el modelo autonómico de España para ellos sería perfecto. El problema pasa por conseguir que los regímenes reconozcan su existencia, cosa que no hacen en la mayoría de los casos.

D.M.: Hace un par de décadas, todos los países estaban bastante mal a nivel de derechos. Hay que recordar que son una minoría: si bien es cierto que en total suman 40 millones de personas, dentro de estos cuatro estados sí que son una minoría en el sentido estricto de la palabra, ya que no conforman el grupo étnico mayoritario. Desde el 91-92, tras la primera guerra del Golfo, los kurdos de Iraq tienen una situación un poco mejor en cuanto a que gozan de mayor cuota de autogobierno. En Siria, a pesar de la situación de guerra, desde 2012 también controlan su propio territorio. Sin embargo, donde —en teoría— hay un sistema democrático más instalado, en Turquía, hemos sido testigos de la gran represión llevada a cabo en los últimos años —aunque no solo del pueblo kurdo, sino también a nivel de libertad de expresión, contra la oposición política…—. Allí se ha visto cómo los derechos humanos y las libertades han caído en picado. En Irán, la situación es bastante compleja y cada año salen informaciones sobre ejecuciones de activistas kurdos.

¿Cómo ha evolucionado la situación del pueblo kurdo y su territorio desde la primera vez que lo visitasteis hasta ahora?

K.Z.: Como en cualquier otro tema en Oriente Medio y el Norte de África, 2011 fue un punto de inflexión. Antes de ese año, ir al Kurdistán era siempre viajar a un sitio sometido a una represión brutal en cualquiera de los territorios, pero donde las cosas pasaban muy despacio, o no eran perceptibles. Desde 2011 hasta ahora, tras las Primaveras Árabes, lo que no había pasado en 10 años, de repente, se precipitaba en cuestión de días, sobre todo en el caso de Siria.

David Meseguer: «En los últimos años el Kurdistán turco se ha convertido en un pozo negro informativo»

D.M.: Además, en el lugar que siempre ha sido más accesible, el Kurdistán turco, en los últimos años se ha visto una involución. Me acuerdo de cuando estuve en el Newroz, el 21 de marzo de 2010, celebrando el año nuevo kurdo con la llegada de la primavera y de cuando fui en el 2011 a cubrir las elecciones generales turcas… Es verdad que ellos ya están acostumbrados a que se prohíba su marca política y a que haya líderes políticos encarcelados, pero en los últimos años la cosa ha ido a mucho peor. Es más, mucha gente que ibas conociendo o fuentes con las que hablabas para hacer los reportajes, hoy están en la cárcel o se han exiliado como refugiados. Conozco a gente en Europa o en Australia esperando a llegar al centro del continente porque se han tenido que ir debido a la situación tan dramática existente en el Kurdistán turco. Otros se han unido a las guerrillas y se han ido a las montañas… La situación en tema de derechos humanos ha ido en claro retroceso. Además, en 2015 se rompe el proceso de paz negociado entre Turquía y el PKK, por lo que, si antes era difícil ir y trabajar, en los últimos años se ha convertido en un pozo negro informativo: han arrestado a periodistas occidentales, no facilitan el poder trabajar allí… Nos gustaría ir y cubrir lo que está ocurriendo en esta zona, pero el Gobierno de Erdogan pone muchas trabas.

¿Qué motivos llevó al pueblo kurdo a levantarse en armas para defender a esos otros pueblos que no les reconocen como iguales?

K.Z.: Lo kurdos empiezan a luchar contra Dáesh para proteger su casa, porque hemos visto que la mayoría de los terroristas entró por Turquía. Uno de los principales planes de Estado Islámico era crear inestabilidad en Siria y, de paso, eliminar a los turcos que vivían en la frontera. Así que, básicamente, estaban defendiendo sus casas. A veces se ha vinculado el sunismo y los kurdos, y eso es peligroso: los kurdos son primero kurdos, y luego musulmanes —si lo son—. No son como los pueblos árabes, que se identifican primero con la religión y después con su nación, sino que todos son árabes unidos por el islam. En el caso de los kurdos, ellos son kurdos y punto. Es importante dejar claro que las mayores víctimas del Dáesh han sido los propios musulmanes sunitas árabes. Los kurdos han perdido a mucha gente, pero los que más han perdido son las tribus árabes en la frontera de Iraq y Siria —que se han quedado ahí atrapadas entre el Dáesh— y las milicias chiitas de Iraq.

D.M.: Hay que pensar que dentro de los kurdos hay muchos grupos religiosos, tenemos musulmanes, pero también alevíes (para los turcos) o alauitas (para los sirios), y muchos, la mayoría, son laicos. Por ejemplo, las grandes directrices del PKK, —la corriente ideológica predominante entre el pueblo kurdo— beben del marxismo, el leninismo y el socialismo, y giran siempre en torno a la laicidad: la religión es una cuestión privada de cada uno, pero la rama ideológica predominante en Siria y Turquía es atea. El motivo por el que muchos no creen en la religión es porque están convencidos de que ha sido la culpable de muchos de los conflictos de Oriente Medio. En relación a la lucha contra Estado Islámico, llevan ya décadas —si no siglos— luchando por sus derechos y, como otros pueblos de Oriente Medio, tienen la cultura del martirio de un familiar bastante asimilada. Obviamente, cuando se muere un hijo, un padre o una hermana luchando en el Kurdistán contra el Dáesh ves a las familias llorar, pero es algo que llevan con orgullo.

La resistencia kurda en Kobanî frente a Estado Islámico puso en el foco mediático a ese ejército formado por hombres y mujeres por igual. ¿Qué papel juega realmente la mujer en la sociedad kurda?

K.Z.: El mundo descubrió a las mujeres guerrilleras en 2014 en Kobanî, pero llevan 30 años luchando en la guerrilla. Los mismos medios que publicaban esas historias de mujeres combatientes en 2014 eran los mismos que no te respondían a un email cuando les ofrecías un reportaje sobre ellas 10 años atrás. En conclusión: siempre vamos tarde y mal. Las kurdas llevan tres décadas combatiendo con los hombres en las montañas, a nivel político, en las calles… están muy presentes en esta parte del Kurdistán que bebe de la ideología del PKK. En otras partes, a lo mejor más conservadoras, es algo diferente, a lo mejor no son tan inclusivos, pero en el caso del PKK, que es el partido político kurdo más grande, la mujer es tratada con igualdad real.

Zurutuza: «El mundo descubrió a las mujeres guerrilleras en 2014 en Kobanî, pero llevan 30 años luchando en la guerrilla»

D.M.: No se trata de una cuestión puramente estética ni un qué bien quedan las mujeres en el frente, sino una realidad. Cuando vas al frente de batalla ves que las mujeres cargan con sus armas, conducen los vehículos, luchan y realizan exactamente la misma función que un hombre. La YPJ —la sección femenina, llamada Unidad Femenina de Protección— tiene un rol muy importante, y miles de mujeres se han convertido en mártires luchando contra Estado Islámico. Abdullah Öcalan decía: «No podemos luchar por liberar al Kurdistán si primero no se libera a la mujer». Teniendo en cuenta esa base ideológica, se entiende a la perfección el rol de la mujer en esta sociedad. Además, no solo se ve en el sistema militar. Los coliderazgos están muy establecidos: a nivel político hay una copresidencia (un hombre y una mujer) y lo mismo ocurre en diferentes niveles de la administración y de los ministerios del autogobierno declarado en el norte de Siria. Normalmente hay dos cabezas visibles, y si solo hay una, puede ser perfectamente una mujer. No se trata de una cuestión exótica para vender lo buenos que son los kurdos, sino que es una realidad que se percibe allí, sobre el terreno. Una mujer comandante o política da una orden y los hombres se cuadran porque es quién es, ven su cargo y ya está. Obviamente queda mucho por hacer. Lo importante es que se produzca un cambio social, lo que intentan en ese autogobierno en Siria: quieren precipitar ese cambio, pero no solo para las mujeres kurdas, sino para todas, independientemente de su etnia o religión. Es una forma diferente de entender la sociedad y se están llevando a cabo muchos proyectos en la zona para frenar la violencia machista y para empoderar a las mujeres.

Volviendo al tema de Estado Islámico, ¿cómo de crucial ha sido la resistencia kurda para frenar el califato?

K.Z.: Ha sido la punta de lanza. No solo han luchado ellos contra el califato, sino también los peshmergas en Iraq, el ejército iraquí, el ejército sirio… pero la labor de los kurdos ha sido fundamental, sobre todo para echarlos de su bastión, de su capital, de Al Raqa. Ahí están los datos: miles de kurdos muertos contra el Estado Islámico, una batalla que han librado por el resto de la humanidad en las trincheras, no solo ellos, sino también el resto de los soldados.

D.M.: Los kurdos tienen en su memoria colectiva la sensación de traición o abandono por parte de la comunidad internacional. Ellos, a parte de defender su casa que, obviamente, es el objetivo principal, también han hecho un servicio al mundo. No podemos olvidar que mientras sucedían los atentados de París, Barcelona, Niza o Bruselas, quienes estaban dejando sus vidas en el frente eran miles de milicianas y milicianos kurdos. Con esta lucha han pagado un precio muy alto, pero también esperan que, de algún modo, se les recompense, a nivel de reconocimiento de sus derechos por el rol tan importante que han jugado en el futuro de lugares como Siria. El día que se acabe el conflicto —que todavía va para largo—, aún esperan que algunas potencias internacionales den su apoyo a ese nuevo proyecto descentralizado y federal por el que apuestan los kurdos. Ellos no quieren romper Siria, sino tener mayor cuota de autonomía.

Tras vuestra experiencia en Oriente Medio y como testigos directos de uno de los capítulos más importantes de la historia contemporánea del pueblo kurdo, ¿cómo veis el futuro del Kurdistán?

K.Z.: Evidentemente no tenemos una bola de cristal para saber cómo va a ser el futuro, pero la historia está llena de traiciones al pueblo kurdo. Si atendemos a la pauta, que parece ser la de apoyar y traicionar, no podemos ser muy optimistas. Eso sí, a mí me gustaría que la gente en Oriente Medio y en todo el mundo viviera bien. Cuando pienso en esa zona no pienso en Kurdistán, sino en Mesopotamia… para mí son los turcos, los árabes, los kurdos… Y para el proyecto kurdo, que es sobre todo integrador, también, quieren construir una zona mejor para todos. Sin duda, lo ideal sería que se pudiera democratizar desde allí —no importar la democracia, que es lo que se intenta hacer y nunca funciona—, que sean ellos mismos los que creen un proyecto democrático autóctono. Los kurdos ya tienen su propio proyecto, y se podría llegar a conseguir, pero eso pasaría por evitar la injerencia extranjera. Lo que tenemos en Oriente Medio es una tercera guerra mundial: el frente está ahí, pero están metidos Rusia, Estados Unidos, Europa, Arabia Saudí, Qatar, Irán…

Meseguer: «Los kurdos han vivido historias de traición que se han quedado a fuego en la memoria colectiva»

D.M.: Creo que uno de los principales problemas —no solo del pueblo kurdo, sino también del sirio o del iraquí— es que su futuro depende mucho de la injerencia extranjera, como dice Karlos. Tenemos como ejemplo lo que ocurrió en Afrin, una región del Kurdistán sirio que está un poco más alejada del resto, cerca la ciudad de Alepo: mientras se luchaba contra Estado Islámico en el resto del país, allí, que no había califato, pero era una región kurda muy próspera y estable, Turquía decidió lanzar un ataque. En la zona había tropas rusas, pero los kurdos, en las otras partes de Siria, colaboraban con Estados Unidos. Ante el ataque turco, pidieron ayuda a los estadounidenses, porque sin el visto bueno de Estados Unidos y de Rusia, Turquía no hubiese atacado. En cambio, ambas potencias miraron hacia otro lado y Estados Unidos se excusó diciendo que sus aliados eran las tropas kurdas que estaban al este del Éufrates y que ellos no se hacían cargo. Estamos hablando del mismo pueblo y de las mimas milicias. Los kurdos han vivido muchas historias de traición que se han grabado a fuego en la memoria colectiva.


Puedes leer un adelanto de ‘Respirando fuego: en las entrañas de la lucha kurda por la supervivencia’ (Ediciones Península) de David Meseguer y Karlos Zurutuza en este enlace.

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