Economía

El complicado sueño de trabajar cuatro días

Uno de los grandes cambios en el futuro del trabajo, según argumentan los expertos, es el de bajar la jornada de cinco a cuatro días. Sin embargo, a pesar de su atractivo y sus beneficios, ponerla en marcha no es sencillo: implicaría cambiar todo el sistema laboral.

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22
Mar
2022
jornada de cuatro días

Durante cerca de un año viví el sueño: gracias a desempeñar una profesión en la que son factibles los horarios flexibles y al control de la mayor parte de mi organización del tiempo pude alcanzar uno de los grandes objetivos de la vida moderna; esto es, tener una jornada de cuatro días. Dicha jornada –que consiste en reducir los días laborables de cinco a cuatro y las horas de trabajo de 40 a 32– no es, sin embargo, una idea exactamente nueva. De hecho, lleva ya tiempo protagonizando debates, promesas electorales más o menos claras y experimentos de productividad laboral.

En los últimos tiempos, no obstante, ha ido adquiriendo cada vez un mayor peso dentro de la conversación colectiva. En España, el partido Más País logró gracias a su apoyo de los Presupuestos Generales de 2022 introducirla entre los planes de gobierno. De momento, la jornada no se aplicará de forma general a toda la población, pero sí se probará en algunas empresas. No somos el único país de Europa: Bélgica, por ejemplo, acaba de arrancar un proceso de reforma del mercado laboral que incluye la posibilidad de ofrecer una mayor flexibilidad horaria o concentrar las horas de trabajo en cuatro jornadas. El contexto es propicio para esta clase de innovaciones. La pandemia del coronavirus y la experiencia laboral vivida durante estos dos años ha convencido a los trabajadores de que otro entorno profesional es posible y, en ocasiones, incluso deseable.

En la actualidad, 6 de cada 10 españoles cree que los contratos de horas fijas «ya no son relevantes»

Algo similar sugiere el informe Resetting Normal: redefiniendo la nueva era del trabajo, elaborado por Adecco a finales de 2021. Entre sus páginas se recogía que 6 de cada 10 españoles cree que los contratos de horas fijas «ya no son relevantes». Además, un 76% de los encuestados señalaba entonces que las empresas deberían revisar las horas de duración de la semana laboral y las horas de trabajo. En definitiva, y aunque según este estudio solo el 22% de los trabajadores se plantea trabajar menos días, las personas sí quieren un cambio con más autonomía, con más flexibilidad y dentro de entornos híbridos (es decir, en los que la oficina se combina con el teletrabajo).

El principal atractivo de la jornada de cuatro días es evidente: trabajar menos días hace mucho más fácil la conciliación y el disfrute mismo de la vida, por no mencionar las implicaciones positivas que suponen para la salud mental desconectar mejor del trabajo. Estos beneficios para la plantilla, de hecho, no están exentos de una contrapartida de ventajas para la propia empresa: los experimentos realizados apuntan a que mejora la eficiencia –la sección japonesa de Microsoft probó la idea y aumentó un 40% en productividad– y la permanencia de los trabajadores. En un momento en el que las compañías siguen preocupadas por los efectos de la Gran Dimisión, reducir la rotación de personal se ha vuelto todavía más importante.

Una cara B 

Mi experiencia con la jornada de cuatro días puede servir también como ejemplo para comprender qué es lo que falla: aunque mi nivel de estrés mejoró porque lograba desconectar mucho más durante los fines de semana, esto no implicaba realmente que todas las cosas que antes hacía los viernes hubieran desaparecido de mi carga laboral; en realidad, simplemente las había reorganizado, lo que implicaba doblar el trabajo que hacía los jueves. Si abandoné la práctica fue porque, cambiadas mis circunstancias, debía volver a un horario más acorde al que estaban empleando los demás.

«Cuando oigas a un dirigente de algún país que dice que lo quiere implementar, en realidad te está engañando», sintetiza al otro lado del teléfono Antonio Fernández García, profesor de derecho del trabajo en la Universitat Oberta de Catalunya. «Cada poco tiempo sale alguno diciendo esto, pero es imposible», señala. Y tampoco es un tema sobre el que exista una elevada demanda social, añade.

Fernández García reconoce los potenciales beneficios que tiene la jornada de cuatro horas, pero aplica una dosis de realismo al analizar cómo pasar de lo ideal a lo práctico. Hacer un cambio general en todo un país supondría «cambios muy bruscos», que obligarían a modificar desde cómo se va a la escuela hasta cuándo se abre el sector servicios. Los cambios anteriores –como no trabajar los sábados– necesitaron una completa revisión de la cultura laboral y, teniendo en cuenta que lo que se busca es reducir los días de trabajo, pero no los salarios, los costes subirían demasiado como para que la patronal aceptase la modificación.

Por tanto, ¿es imposible imaginar una nueva rutina de trabajo? Fernández García señala que hay opciones como los formatos híbridos de trabajo que permiten mejorar el día a día laboral, pero tampoco hay que olvidar la vieja reclamación de los sindicatos de bajar de las 40 horas semanales, reduciendo el tiempo medio de cada jornada; algo que, según afirman, sería «más viable». Aún así, hay algo irrecusable: la idea de trabajar menos días y poder vivir mejor resulta poderosamente atractiva.

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