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Francisco M. Soria

«La escritura, como la filosofía, nos puede ayudar a replantearnos cosas»

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16
abril
2026

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Ulises, Cronos, Perseo, Filomela, Eolo, las Euménides, el minotauro y su laberinto. Las musas. Icónicos y atemporales, los mitos griegos resuenan a través de la historia, llegando a nuestros días con la misma fuerza con la que surgieron hace treinta siglos. En ‘Regálame una historia’ (Rosamerón), Francisco M. Soria, editor, historiador y director de Rosamerón, reflexiona sobre la escritura y la filosofía con los mitos como brújula.


El libro se inscribe en una larga lista de escritores y críticos literarios que han reflexionado sobre la creación literaria: Escribir, de Marguerite Duras; Zen en el arte de escribir, de Ray Bradbury; Cartas a un joven poeta, de Rainer Maria Rilke; El arte de la ficción, de David Lodge… ¿Qué le llevó a escribir Regálame una historia?

He intentado que no fuese un libro sobre la escritura solo, sino que realmente fuese meterte en un recorrido vital. Y hay parte de lo que es también Rosamerón: los mitos ayudan en la cuestión de esa búsqueda, de manual de vida, una aspiración de cómo vivir, utilizando la escritura en este caso. No necesariamente tienes que ser escritor, sino que es un recurso más de descubrirte a ti mismo. Si pensara que es solamente un libro de escritura, no lo habría escrito. Ya como editor pienso: «ya hay». Entonces, es buscar algo más, no solo el escritor, sino cualquier persona que tenga que enfrentarse a escribir algo. La idea de esa analogía de encontrar un referente mitológico. Por ejemplo, los adjetivos, que son como las sirenas, ten cuidado al utilizarlos, porque el adjetivo si no da vida, mata. Esos mitos que siempre nos han acompañado. ¿Por qué no coger esa figura del fuego del hogar que está extendida? Que el símbolo esté presente. Y no es solo la escritura, es la propia vida, transcurrir, decir «estoy haciendo algo y es importante, y tiene sentido y tiene trascendencia». Eso te lleva también a reflexionar sobre la vida. La primera parte del libro podría ser más para alguien que no se ha enfrentado nunca a la escritura, que se enfrenta a la página en blanco, a las indecisiones, la vanidad, el perfeccionismo. Y poco a poco, cuando vas superando, viene la parte del minotauro: te vas a encontrar problemas, no solo el bloqueo, los tópicos, los pleonasmos… Estás en ese laberinto y cuando lo superas llegas a ese momento en que tiras una piedra en el estanque, todo revolotea y te sientes un pequeño dios. Es un libro no solo para escritores sino también para leer con gusto, disfrutar del lenguaje. Saber que todo tiene una historia, una tradición. El papel simbólico me parece muy importante.

«Los mitos ayudan en la búsqueda, como manual de vida, de cómo vivir»

Sobre la vanidad y el perfeccionismo, incluye la cita de Álvaro Mutis, que decía que son los libros los que tienen que vivir, no el escritor. Pero ahora pareciera que es al revés: salen muchos libros no por su calidad literaria, sino por quién los escribió. Por la figura.

La cita que encabeza el libro es «no soy nada, nunca seré nada, pero tengo en mí todos los sueños del mundo» [Fernando Pessoa]. Es decir, no escribas por vanidad porque es absurdo. Si además estamos hablando, como decía Mutis, de la Odisea, y ni sabemos si existió Homero siquiera. Entonces, por eso quise acabar el libro con eso: retirémonos en silencio.

Pero, ¿cree que es posible hoy, como está el mercado editorial, separar ambas cosas? ¿Que la gente escriba solo porque fue «raptada por las musas» y no por la búsqueda de exposición? Porque hasta en los cursos de escritura creativa les dicen a los escritores en ciernes que tienen que trabajar su marca personal. Y hay editoriales que publican libros según la cantidad de seguidores que tiene quien escribe…

Bueno, yo creo que es como todo. Todo son ciclos, y claramente no estamos en ese. Pero también va a haber una vuelta a lo artesano, a lo natural. Al fin y al cabo, cuando hablamos del párrafo breve, de la inmediatez, del tuit, pues hacerlo de otra manera, con profundidad. Entonces, yo creo que sí, que realmente es el momento. A veces a los editores nos preguntan cuál puede ser la tendencia. Yo creo que ves un montón de películas y de relatos distópicos, de catástrofes, y sin embargo, yo creo que vamos a ir –a lo mejor me equivoco– hacia lo auténtico.

También por el auge de la inteligencia artificial. Por ejemplo, hay medios de comunicación y editoriales que están teniendo que usar herramientas para detectar que un texto no fue escrito por ChatGPT…

Ese es un tema delicado. Nosotros, de hecho, hemos publicado varias cosas. Hipnocracia, Pensar con prompts, Un nuevo contrato social, de José Ignacio Latorre, que explica que es necesario ya un contrato a tres bandas entre la IA, el ser humano y la naturaleza.

¿Por qué cree que se ha generado tanto interés por los temas filosóficos? Antes eran algo más de nicho y ahora cada vez interesan más los libros de filosofía. Y no solamente por el boom del neoestoicismo…

Yo creo que es porque es necesario agarrarte a algo. En España no tanto, pero yo lo noto mucho con nuestros libros cuando llegan a Latinoamérica, que estamos empezando a tener más demanda. Ese sentimiento crítico, esas ganas de conocer.

«Muchos quieren escribir y no leen, pero es imposible»

¿Una avidez de sentido?

Algo como se vivía aquí en los años 80. Esa necesidad de que no te conformabas con lo que te estaban contando, sino que siempre querías más. Es un poco al pensamiento crítico. Hay esta especie de búsqueda de trascendencia que yo intento reflejar en la escritura, porque también es simbolismo. Fíjate cómo a raíz de Los domingos ha habido también esa especie de vuelta hacia el sentimiento religioso. En el fondo, llámalo religión, llámalo filosofía, es búsqueda de la esencia. Hemos pasado un momento de vivir sin darnos cuenta, y quizás el movimiento es exactamente de replantearnos. En ese sentido, escribir, leer, leer y leer, ayuda muchísimo. Me hace gracia entre tanta gente que comenta que todo el mundo tiene una historia. Muchos quieren escribir y no leen. Pues es imposible, no puedes no hacerlo.

Qué da más miedo: no tener nada que contar o que lo que se cuenta no interese a nadie.

Yo creo que no tener nada que contar. Insisto: no escribes para que a alguien le interese, eso ya vendrá, o no. Escribes para descubrirte. Entonces, cuando no tienes nada que contar, yo creo que te puede dar miedo. Pero algo te saldrá. Si tú piensas en publicar un libro para que haya grandes lectores, pierde sentido la escritura.

«Si piensas en publicar un libro para que haya grandes lectores, pierde sentido la escritura»

Hay una frase de Thomas Mann que dice: «Escritor es alguien para quien escribir es más difícil que para otra gente». ¿Se trata de una cuestión de expectativas, de perfeccionismo, miedo a la crítica, orgullo…?

Está muy bien para Thomas Mann, pero no generalizaría. Mann tenía eso de las horas sagradas, una forma de escribir y de vivir muy germánica, muy controlada; no digo kantiana, pero casi. Entonces, escribir se vuelve un sufrimiento. No es tanto porque tú sufras porque no sabes qué escribir, sino por el momento en que te interiorizas. La gran tragedia del mundo actual es que vivimos en un escapismo total. Leer te exige un esfuerzo, una introspección. Y escribir es un paso más: es enfrentarte a tus miedos y a tu propia soledad.

Los mitos, precisamente, como son universales –arquetipos de 3.000 años que pueden aplicarse a tantos contextos–, ¿serían una forma de conectar también?

Por eso yo comienzo el libro de forma simbólica, con la noche de San Juan, esa idea de que tú estás solo en casa y la fiesta siempre está afuera. Al final, es la noche de San Lorenzo, esa explosión de las estrellas, las Perseidas. Te enfrentas al laberinto hasta llegar a las Perseidas. Perseo vence a la Medusa. Y se enfrenta a sí mismo también. Es la idea del doble y del espejo: la escritura es un espejo. Eres tú quien se refleja en ese espejo, te enfrentas a tus propios miedos. La escritura, como la filosofía, puede ayudar a replantearnos cosas. Siempre acompañados, porque, insisto, leer a toda esta gente que te ha contado historias, ayuda a que al final puedas escribir una historia también. Esa es la idea.

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