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La importancia de cerrar el círculo

Hasta hace tan solo unos años, el progreso se entendía como sinónimo de un sistema productivo y de consumo desenfrenados. Pero los efectos climáticos sin precedentes impulsados por este modelo económico lineal han revelado que estábamos equivocados: el futuro solo se materializará a través de una economía circular que incluya a toda la sociedad.

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economía circular

Nuestro hogar está ardiendo: vivimos en un planeta donde la temperatura media global no para de crecer y donde, según la Organización Meteorológica Mundial, «el número de desastres naturales se ha quintuplicado» en los últimos 50 años. La responsabilidad de todo ello, según el último informe del IPCC, recae principalmente sobre la acción humana. Con este escenario, una parte de la sociedad, concienciada a nivel ecológico, demanda un cambio trascendental: dejar atrás el modelo económico tradicional (es decir, lineal) de «obtener-crear-desechar»; esta parte de la sociedad, cada vez más grande, pide olvidar esa carrera constante de consumo, fomentando una apuesta por un modelo respetuoso con el medio ambiente que no vea los residuos como desechos, sino como recursos. Al fin y al cabo, para que el futuro sea verde, este debe articularse a través de la economía circular.

El modelo circular es sencillo: se trata de aprovechar al máximo los recursos naturales y utilizarlos para fabricar productos duraderos que, tras agotar su vida útil, se degraden de forma ecológica en el medio ambiente, sirviendo al mismo tiempo de materia prima para otros productos nuevos. Es un modelo dirigido a «cerrar bucles»; es decir, a regenerar y reabastecer al mismo tiempo. La base de este ciclo es la fluidez y la actuación conjunta de todos los agentes durante el proceso. Por ejemplo, una empresa puede fabricar piezas con plásticos biobasados –de origen renovable– y biodegradables, al mismo tiempo que trabaja con transportistas que utilicen vehículos alimentados con electricidad o hidrógeno verde. Estas piezas pueden abastecer a una empresa local, que por su parte entregará sus propios residuos orgánicos a compañías energéticas para que los utilicen como fuente renovable y, así, fabricar productos nuevos. Como se aprecia, la economía circular es un modelo en el que todos los eslabones de la cadena de valor están estrechamente interconectados alrededor de la sostenibilidad, dependiendo unos de otros para que el sistema funcione.

Economía circular: un camino común y transversal

En un momento en el que las consecuencias del cambio climático parecen cada vez más evidentes y la economía debe reconstruirse tras la crisis pandémica, el sector empresarial se encuentra en un punto de inflexión para dejar atrás los modelos tradicionales y contaminantes. Pero este cambio, que llegaría a través de modelos como el circular, solo podrá llevarse a cabo si se generan alianzas y se apuesta por la «solidaridad mundial» a la que alude el ODS número 17. Pero, además de una unión como esta, ¿con qué acciones y en qué ámbitos se puede construir el sendero común de la economía circular?

La iniciativa Hormiga Verde permite a personas con discapacidad trabajar en el rural reciclando residuos electrónicos

Esta cuestión ronda hoy las mentes y actuaciones de grandes, medianas y pequeñas empresas. Una pregunta de difícil respuesta que algunas de las organizaciones galardonadas recientemente en los III Premios BASF a la mejor práctica de Economía Circular en España han intentado resolver. BASF, la empresa química organizadora, es ya uno de los grandes catalizadores de esta transición gracias a su extenso trabajo en áreas como el reciclaje químico, que permite convertir objetos difícilmente reciclables como neumáticos o colchones viejos en materia prima. La compañía ha querido premiar el exitoso trabajo de organismos de todos los sectores y niveles para incidir en importancia de que este nuevo paradigma recoja a todos los actores del sistema.

Empezando por las grandes empresas, motores esenciales de esta transición, el grupo Clavo destacó gracias a su ambicioso proyecto Residuo Cero, una iniciativa para luchar contra la acumulación de residuos mediante su incorporación como materias primas. En el proyecto se comprometen a que el 95% de sus envases sean reciclables y que el 85% de los materiales usados sean de origen reciclado. Una iniciativa ejemplar sobre cómo, pese a las grandes dimensiones de una empresa, se puede liderar un cambio sostenible.

Sin embargo, estas exitosas adaptaciones no podrían construir un modelo económico circular sin la disrupción que traen PYMEs como Too Good To Go. La innovadora empresa ha sido galardonada por su acción en la Península Ibérica contra uno de los mayores problemas ambientales del sistema actual: el desperdicio alimentario. Su propuesta se basa en la puesta en común de hosteleros y supermercados a los que les sobra comida en buen estado con consumidores que busquen ahorrar a la hora de hacer la compra. Esto significa una fuerte apuesta por la circularidad de los alimentos y un apoyo claro al comercio de cercanía.

Navarro: «Hay que convertirse en militante activo de la circularidad»

Es justamente en este ámbito donde la economía circular pretende lograr un impacto especialmente transformador. Una aspiración que la iniciativa Hormiga Verde, también premiada en la categoría PYME, ha llevado a los hechos. Se trata de un Centro Especial de Empleo que combina dos elementos: economía circular y economía social, todo ello en el desfavorecido ámbito rural. Este proyecto ofrece trabajo a personas con discapacidad dentro de la gestión de residuos electrónicos, lo que permite recuperar más del 95% de estos materiales. Así, la circularidad se ensancha alcanzando la equidad social y territorial, permitiendo recuperar materiales tan valorados en el presente como los que componen esta clase de aparatos.

Este nuevo modelo, basado en cerrar bucles, es un sendero común, pero también transversal. Se trata de un cambio de sistema en el que la ciudadanía y las empresas tienen un gran peso, pero donde también son especialmente relevantes el mundo académico y la comunicación. Dos pilares, estos, que suman la responsabilidad de revelar de forma equitativa y accesible la importancia que tiene este modelo. Fiel a estas premisas, el podcast Diseño Circular, galardonado en la categoría de Divulgación, es un claro ejemplo de innovación para la concienciación, siendo el primer podcast en español que habla sobre economía circular.

Sin embargo, pese a estas claras muestras de esperanza, hay múltiples aspectos de la realidad que todavía urge corregir. Con un planeta que sufre unos daños climáticos cada vez más evidentes, es crucial hacer un cambio de mentalidad global con respecto a los hábitos de consumo y producción. Para Carles Navarro, director general del grupo BASF, la fórmula es clara, y es que «hay que convertirse en militante activo de la circularidad». La clave está, por tanto, en seguir una filosofía de cerrar bucles, utilizando, tal como impulsa la compañía, productos reciclables y biobasados. De esta forma, con un ADN al servicio de la transición ecológica, BASF apuesta por la circularidad en todas las operaciones, estableciendo metas como «utilizar hasta 250 mil toneladas de materias de origen renovable o reciclada de cara a 2025» y duplicar sus ventas circulares de cara a 2030.

La economía circular no es solamente una alternativa: es el mejor impulso para hacer de este planeta un lugar más sostenible. Un camino común e integrador en el que, según el periodista José Luis Gallego, «hay que desencriptar el concepto de economía circular». La divulgación ambiental, por tanto, debe ser abierta y accesible. Todos deben estar implicados: el mundo académico, la comunicación, los organismos públicos y las empresas. Y todos están embarcados en la misma misión con el foco de la transición ecológica: asegurar la interconexión de todo el sistema y actuar para cerrar el círculo.

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