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Unas islas medioambientalmente afortunadas

Un informe realizado por Monitor Deloitte y Endesa estima que adelantar una década la inversión para descarbonizar los archipiélagos canario y balear reduciría un 72% el gasto energético en hogares y generaría hasta 90.000 empleos en 2040.

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Si el cambio climático afecta a todos los habitantes del planeta, no lo hace de igual forma… y tampoco estamos todos en las mismas condiciones para combatirlo. Las particularidades geográficas, climáticas y económicas de Islas Canarias, Islas Baleares, Ceuta y Melilla convierten a estos territorios no peninsulares en idóneos para convertirse en punta de lanza y banco de pruebas para ensayar un plan de descarbonización a gran escala para todo el territorio nacional en 2050. Es la principal conclusión de un estudio realizado por Monitor Deloitte y Endesa en el que se exploran las posibilidades y la viabilidad del modelo insular como trampolín para la transición ecológica española que ya está en marcha. El informe también propone una serie de medidas para materializar ese potencial en una realidad energéticamente sostenible y eficiente en estas islas y ciudades autónomas diez años antes que en el resto del país.

Pero ¿por qué los territorios no peninsulares? Para Alberto Amores, socio responsable de la práctica de Energía y Recursos Naturales de Monitor Deloitte, descarbonizar estas zonas en 2040 no solo es viable y económicamente rentable, sino que «permitiría adquirir una experiencia que podría ser aprovechada en el despliegue de nuevas tecnologías en el resto de España».

Entre el 60% y el 80% del consumo de energía final en las islas está destinado al transporte

Un caso paradigmático es el de Canarias. Según Eduardo Martín del Toro, especialista en arquitectura bioclimática, estas islas reúnen todas las características para ser lugar de referencia en cuanto a sostenibilidad y autoconsumo no solo en España, sino en toda Europa. «Por un lado, las limitaciones del archipiélago y su situación geográfica, muy alejada de la España continental. Además, su fragmentación –al estar formado por ocho islas–, y su abrupta orografía dificultan y encarecen enormemente el empleo de energías tradicionales provenientes de los combustibles fósiles. Por otro, lado, las condiciones climáticas, geográficas y geológicas nos permiten contar con los mayores niveles de radiación solar de toda Europa», señala el arquitecto canario.

Otros factores de origen humano pueden actuar como facilitadores de esta transición acelerada de las islas. En el plano normativo, la Comunidad Autónoma Balear aprobó en febrero de 2019 una Ley de Cambio Climático y Transición Energética que se marca el objetivo de reducir un 90% las emisiones para el año 2050. Por su parte, el plan de Transición Energética de Canarias (PTECan), actualmente en fase de desarrollo, va más allá en cuanto a la ambición de sus objetivos, y habla de descarbonizar la economía de las islas antes del año 2035.

También el especial régimen fiscal de Canarias, Ceuta y Melilla dota a estos territorios de mayor flexibilidad para diseñar e implantar medidas adaptadas a las necesidades de la transición energética. Por otra parte, el menor tamaño de algunos de estos territorios facilita el desarrollo y despliegue de tecnologías limpias como el vehículo eléctrico.

El transporte como objetivo prioritario de la energía

Ambos archipiélagos tienen en el transporte y la dependencia del petróleo su gran desafío medioambiental. Según el estudio de Monitor Deloitte para Endesa, entre el 60% y el 80% del consumo de energía final en Canarias y Baleares está destinado a esta partida, además de ser responsable de casi el 50% del total de emisiones de efecto invernadero en estos territorios. El transporte de pasajeros por carretera en sus propios vehículos particulares es, con diferencia, el factor que más consumos provoca con un 80-85% del total.

Atajar este problema no es sencillo, ya que implica un cambio profundo hacia modelos de transporte más limpios y sostenibles. La sustitución paulatina de la flota automovilística por vehículos eléctricos es una vía prometedora: a sus evidentes ventajas en término de emisiones –un 75% menos que los coches convencionales– hay que añadir otras como sus menores costes de mantenimiento o una imagen cada vez más atractiva entre sus potenciales usuarios. Como contrapartida, la escasez de infraestructuras de recarga y el alto precio de adquisición siguen siendo dos barreras a sortear a corto plazo.

Una transformación de los hábitos de la población de los territorios no peninsulares que prime el uso del transporte público sería una vía alternativa y más rápida hacia la reducción de las emisiones. Para ello, el estudio señala que será necesario mejorar la calidad del servicio, así como incrementar el número de autobuses eléctricos o de hidrógeno dentro de la flota de vehículos públicos.

Un sistema económico singular

El modelo económico de estos territorios configura un mapa energético repleto de singularidades con respecto al resto del país. Las particularidades climáticas de las islas hacen que el consumo energético residencial sea sensiblemente menor que en la península debido a que se reducen las necesidades de agua caliente o calefacción. Aun así, el estudio estima que una apuesta decidida por la bomba de calor contribuiría a descarbonizar por completo el consumo energético de los hogares.

Sin embargo, la contrapartida a esos relativamente bajos niveles de consumo doméstico está en el sector servicios. Con una fuerte dependencia del turismo, restauración, alojamientos turísticos, comercio y oficinas son responsables de entre el 2 y el 4% de las emisiones de gases de efecto invernadero en las islas –de ellos, el 70% se destina a climatización de hoteles–. Como solución a este desfase, el estudio propone la sustitución de equipos térmicos de gas natural o eléctricos por soluciones de bomba de calor, al igual que en las viviendas de particulares.

El informe advierte asimismo de que la descarbonización también acarreará un incremento de la demanda de electricidad. Una circunstancia que obligará no solo a contar con mayor volumen de energía renovable instalada, sino también con una capacidad de almacenamiento superior. Utilizar baterías con mayor capacidad y autonomía, apostar por la energía solar –más estable que la eólica a la hora de ser almacenada– o impulsar la demanda y dirigirla hacia las horas de mayor producción de renovables son algunas de las medidas sugeridas por Endesa y Deloitte para avanzar en este sentido.

La experiencia de Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla podría para una transición energética a gran escala

Inversiones y recomendaciones para un futuro más verde

Los investigadores calculan que la completa descarbonización de Canarias y Baleares requeriría unas inversiones de alrededor de 30.000 millones de euros en los próximos veinte años, que en el caso de Ceuta y Melilla podrían alcanzar los trescientos millones de euros. Instalar sistemas de respaldo que garanticen el suministro en caso de fallos, desarrollar la generación de energía renovable y su almacenamiento, y actuaciones encaminadas a la gestión de la demanda se llevarían bue- na parte de estos desembolsos.

Los beneficios asociados a estas inversiones, sin embargo, compensan a largo plazo el esfuerzo que supone realizarlas. Según el informe, estas actuaciones lograrían reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 32% en Canarias y en un 40% en Baleares en 2030 mientras que la descarbonización, por otra parte, permitiría a estas regiones transformar su gasto energético en inversión productiva. El coste medio de generación de electricidad en las zonas no peninsulares se reduciría en un 30-40% en 2030 y en un 40-60% en 2040. Además, el consumo de energía final –la que llega al usuario– bajaría un 35% o, o que es lo mismo, supondría una disminución del gasto energético de las familias de alrededor del 70% para el año 2040. «Creemos que este proceso de descarbonización es una oportunidad para España no solo para la recuperación económica, sino también para avanzar en la lucha contra el cambio climático», subraya José Bogas, CEO de Endesa.

Las recomendaciones de los expertos para que este ambicioso proyecto pueda convertirse en realidad pasan por medidas como desarrollar un Plan de Transición Energética específico para cada uno de estos territorios, aprobar –o, en el caso de Baleares, adaptar la ya existente– una Ley de Cambio Climático y Transición Energética a nivel autonómico, definir una planificación del transporte orientada a impulsar la movilidad eléctrica, fomentar el transporte público y la bomba de calor en los hogares o medidas fiscales específicas.

El autoconsumo energético es otra de las vías a desarrollar. En este sentido, Eduardo Martín del Toro cree que es imprescindible «la creación de una red distribuida que acerque el consumidor al productor, reduciendo costes y pérdidas energéticas en distribución».

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