Internacional

Un presidente (o presidenta) para Europa

Las sucesivas encuestas realizadas en varios países europeos demuestran que la ciudadanía desea un mayor protagonismo de Europa tanto a nivel continental como a escala internacional. Estamos en la situación idónea para acometer profundas reformas que lleven a la elección de un máximo mandatario -aunque, siempre, desde el control parlamentario-.

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27
Oct
2021

La estructura representativa de los países que constituyen la Unión Europea complica y ralentiza las tomas de decisiones en un entorno internacional cambiante. Como indican las sucesivas encuestas realizadas en varios países, así como por los propios organismos europeos, apuntan hacia una clamorosa petición por parte de los ciudadanos de más protagonismo de Europa tanto en el continente como en la escena internacional. En la consulta Cómo cambiar Europa llevada a cabo, antes del inicio de la pandemia, por la Fundación Inov-Culture con la colaboración de Esade, entre el 60% y el 80% de las respuestas abogaba por una mayor presencia, acción y coordinación de Europa en ciudadanía, educación, fiscalidad, justicia e inmigración.

Desde hace años, en diferentes foros, se han planteado unas reformas para simplificar y agilizar el Gobierno europeo. Actualmente, estamos en una situación idónea para acometer profundas reformas que tienen que llevar hasta la elección de un máximo mandatario, un presidente o una presidenta con poderes ampliados, pero siempre bajo control parlamentario.

En primer lugar, la retirada de Ángela Merkel de canciller alemana la libera, a sus 67 años, de las responsabilidades ejecutivas en su país de origen que ha ejercido durante los últimos 16. En segundo lugar, la proximidad de las elecciones presidenciales en Francia después del quinquenio de Emmanuel Macron (43 años) —que defiende una «refundación histórica» de Europa— lo habilita para participar a esta refundación. Italia, el otro grande de Europa, metido en sus problemas internos, será seguramente favorable a una propuesta de refundación. Es de prever que los países del sur de Europa (con España a la cabeza) se muestren favorables y activos en esta tarea de reforma. Los países del norte, por otro lado, serán más reticentes y necesitarán una buena dosis de persuasión para convencerse. Sin embargo, los del centro europeo mostrarán posturas diversas. En el plano internacional, Estados Unidos, declarará su apoyo pero no verá con buen ojo una Europa más unida y fuerte que juegue un papel más relevante en el mundo. En cuanto a China, todo lo que puede erosionar el poder estadounidense lo verá bien.

Tanto Angela Merkel como Emmanuel Macron tienen el prestigio y la capacidad para acometer esta tarea. De hecho, pasarían a la historia como los reformadores y dinamizadores de Europa. Para Angela Merkel, la vía es libre para poder dedicarse a esta gran reforma de Europa. Pero para Emmanuel Macron es diferente, pues sopesa la posibilidad de brindar un segundo mandato a la presidencia de la República Francesa. En este caso se abren tres vías.

La primera: si se presenta y es nuevamente elegido, su margen de maniobra para ser (con o sin Angela Merkel) el reformador de Europa se estrecha; si no es reelegido, supondría un fracaso capaz de lastrar su popularidad en Europa y mermar su capacidad de proponer está anunciada refundación. La segunda vía, por otro lado, sería que no optara a este segundo mandato después de un primero marcado por claros y oscuros como ocurre siempre. Así podría apadrinar un candidato que podría ser Édouard Philippe, que acaba de fundar un nuevo partido político con el nombre de Horizons (Horizontes), ex primer ministro en el gobierno de Emmanuel Macron que volvió a la alcaldía de Le Havre. A pesar de las crisis que tuvo que afrontar, como los chalecos amarillos y la covid-19, su popularidad se ha mantenido en niveles altos.

Como última vía, veríamos a Emmanuel Macron presentarse y ser relegido —a pesar de la subida de la extrema derecha— pero renunciando sin esperar los cinco años del mandato para dedicarse a Europa y apoyando la candidatura de Édouard Philippe que tan solo podría mantener su nivel de popularidad durante un par de años. Sin duda, todas estas dificultades motivarán aún más tanto a Angela Merkel como a Emmanuel Macron, sobre todo, porque podrán contar con el apoyo más importante: el de la ciudadanía.


José María Álvarez de Lara es profesor de Industrias Culturales y Creativas en ESADE.

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