Cuatro ideas dañadas por la pandemia

No solo han caído estatuas, también se han desmantelado ideas. Así ha desprestigiado la pandemia algunas de las concepciones más arraigadas sobre la economía y la política global.

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15
Jul
2021
pandemia

Las trágicas estadísticas del coronavirus no solo han acabado con la vida de millones de personas, también han matado numerosas ideas, antes aceptadas socialmente, que ahora han dejado de serlo. El concepto de las oficinas, los hospitales y las universidades han sido víctimas de las grandes transformaciones motivadas por la pandemia, pero hay otras ideas que han cambiado y que conviene conocer.

Primera idea dañada: Estados Unidos es una fuente de estabilidad para el mundo

Esta idea es falsa. En realidad, Washington se ha convertido en un importante epicentro de inestabilidad geopolítica. Las reacciones del Gobierno de George W. Bush a los ataques terroristas del 11 de septiembre provocaron la guerra más larga en la historia de Estados Unidos. Y en 2008, el gigante norteamericano exportó al mundo una grave crisis financiera. Pero ninguna guerra o crisis económica le hizo perder tanta influencia mundial a este país como Donald Trump. «Dicen que tengo los seguidores más leales, que me podría parar en medio de la Quinta Avenida, disparar a alguien y no perder votantes», aseguraba el expresidente en uno de sus discursos.

Desde su elección en 2016 hasta el fin de su legislatura, el presidente Trump empleó una retórica incendiaria y se retiró de importantes acuerdos internacionales, como el Acuerdo de París sobre el cambio climático y el acuerdo nuclear con Irán. Durante los meses más duros de la pandemia, sus reacciones ante el coronavirus confirmaron que la Casa Blanca era un aliado volátil, torpe y poco confiable. «Creo que llevar una mascarilla puesta mientras saludo a presidentes, primeros ministros, dictadores, reyes y reinas no es para mí», zanjaba en otro de sus discursos.

Segunda idea dañada: la cooperación internacional

Siria está sumida en una trágica guerra civil desde hace casi una década. Los rohingya, un grupo étnico musulmán de Birmania, han sido víctimas de genocidio desde 2016. Y la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela ha desatado una terrible crisis en el país y una ola migratoria sin precedentes. Sin embargo, pese a múltiples intentos de negociaciones, acuerdos y sanciones, la comunidad internacional no ha podido enfrentarse a estas y otras amenazas. Mientras tanto, naciones como Rusia, China e Irán continúan actuando como entes desestabilizadores. Y sus líderes se encargan de imposibilitar cualquier prospecto de cambio.

«El presidente debe, sin condición alguna, conservar el derecho de establecer las tareas y prioridades del gobierno y el derecho de destituir al primer ministro, sus diputados y ministros federales», argumentaba Vladimir Putin, presidente de Rusia, el 15 de enero de 2020. La pandemia, por su parte, se encargó de reconfirmar que esa comunidad internacional que trabaja coordinadamente no existe. «Amigos, no se equivoquen, la mayor amenaza que afrontamos en este momento no es el coronavirus, es la falta de liderazgo y solidaridad a nivel global y nacional», resolvía el pasado verano Tedros Adhanom, por entonces director de la Organización Mundial de la Salud.

Esta emergencia sanitaria debería haber fortalecido a la Organización Mundial de la Salud, y sin embargo, la sumergió en una serie de disputas con Taiwán, China y Estados Unidos. Algunos países como Reino Unido, Alemania y Francia se comprometieron a fortalecer esta institución, como pudo conocerse de las palabras del presidente francés, Emmanuel Macron, en una de las asambleas organizadas por la Organización Mundial de la Salud en 2020: «Necesitamos una Organización Mundial de la Salud fuerte para enfrentar la covid-19. Los estados miembros formamos esta organización. Por lo tanto, depende de nosotros permitir que esta pueda desempeñar su papel en la respuesta internacional a las pandemias». Pero Estados Unidos, durante el mandato de Donald Trump, en lugar de liderar esa coalición internacional para mejorar la OMS, decidió poner sus rivalidades con China por delante y retirarse de la organización. Tras la victoria electoral de Joe Biden, el país volvió a formar parte de ella.

Tercera idea dañada: la austeridad fiscal

Durante décadas, la modalidad estándar para afrontar las crisis financieras consistía en reducir lo más posible los gastos y las deudas públicas. Pero esta idea, que antes era el remedio obligatorio para las crisis económicas, ahora es tóxica. La moda de hoy es que los gobiernos gasten y se endeuden cada vez más. Así, casi todos los países aumentaron durante la pandemia su gasto público de tal manera que la economía mundial acabó acumulando un endeudamiento récord, como indicaba Kristalina Georgieva, exdirectora del Banco Mundial: «La deuda pública en las economías avanzadas está en niveles que no se ven desde la Segunda Guerra Mundial. La deuda pública de los mercados emergentes ha alcanzado los niveles registrados durante la crisis de deuda de los años 80. Y la carga de la deuda de los países de bajos ingresos ha aumentado considerablemente en los últimos cinco años».

En los próximos años, decidir cuándo, cómo y quién pagará estas deudas detonará un importante debate global.

Cuarta idea dañada: la globalización

Este es otro concepto que antes era idealizado y ahora es demonizado. Y no se trata únicamente del flujo de productos y dinero entre países, ni de la inmigración. La globalización es mucho más complicada: también incluye actividades de terroristas, traficantes, criminales, científicos, filántropos, deportistas e instituciones religiosas. Y, por supuesto, a las enfermedades que ahora se mueven a gran velocidad entre continentes. Los gobiernos pueden obstaculizar algunas de sus manifestaciones, o estimular otras; pero lo que nadie puede hacer es detener por completo las formas en las que se entrelazan los países. Debido a la pandemia, habrá más proteccionismo, pero las ventajas y atractivos de la globalización no desaparecerán.


Este contenido fue emitido en formato audiovisual por el programa de televisión ‘Efecto Naím’ , una producción de Naím Media y NTN24. Forma parte de un acuerdo de colaboración de este programa con la revista Ethic.

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