Esto es lo que dice la psicología sobre las fantasías sexuales
La mayor parte de la población ha tenido fantasías sexuales. La psicología explica que son una manera de conocerse mejor y de descubrir qué gusta (y qué no).
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El 63% de las personas asegura que tiene (o ha tenido) alguna fantasía sexual. Son datos extraídos sobre una muestra europea de la plataforma Gleeden. De ese porcentaje, un 67% ha cumplido alguna de sus fantasías y un 9% las ha cumplido todas. Solo un 13% de la población apunta que no ha fantaseado nunca con estos temas. Pero ¿qué implican las fantasías sexuales y qué significan a un nivel psicológico?
«La sexualidad significa mucho más que el acto sexual en sí», asegura en el prefacio del estudio Tendencias en Sexualidad para 2026 de Lovehoney Group Elisabeth Neumann, sexóloga titulada y responsable de Investigación de Usuario de esa compañía. «Está profundamente entrelazada con la cultura y la identidad y fuertemente influida por el mundo que nos rodea», señala.
Por eso, contexto, percepciones y hasta fantasías se retroalimentan. «Los cambios sociales, económicos y culturales influyen en cómo pensamos sobre el sexo y, a su vez, nuestras actitudes hacia la sexualidad pueden moldear esos mismos cambios», señala Neumann. En 2026, por ejemplo, las tendencias vienen marcadas por una Generación Z que tiene menos sexo (porque prioriza límites), por el fin del sexo borracho, por la visión holística de la sexualidad o por echar cada vez más mano de la IA para preguntar dudas sobre estos temas.
En todo ese terreno también entran las fantasías. Por ejemplo, el revival de la visión ultraconservadora de la mujer también impacta ya en cómo se perciben las relaciones de pareja y el sexo. Un estudio reciente se hizo viral por desvelar que 1 de cada 3 hombres de la Generación Z cree que una esposa debe obedecer al marido y que el 21% considera que una mujer «de verdad» no iniciaría el sexo.
El 21% de los hombres de la Generación Z considera que una mujer «de verdad» no iniciaría el sexo
«Existen industrias que se benefician de las inseguridades masculinas y que presentan cualquier forma de autonomía femenina —sexual, económica o social— como una amenaza: como si cuando las mujeres ganan libertad, los hombres perdieran algo», explica Ana Lombardía, sexóloga y experta en relaciones de la marca de bienestar sexual Womanizer. «Las redes sociales también pueden reforzar guiones de género muy rígidos que presentan la masculinidad como dominación y la feminidad como algo pasivo. Pero estos discursos dicen más sobre lo que genera engagement en internet que sobre lo que realmente funciona en una relación», señala, ya que en consulta lo que está viendo es, justamente, que los hombres «quieren sentirse deseados».
Más allá de cómo el contexto impacta en las fantasías y en las percepciones sobre el sexo, las fantasías tienen otra dimensión, la que las conecta con la exploración del yo, de las relaciones con los demás o con la propia sexualidad.
«La sexualidad es algo mental, por eso hay que hacer trabajar la mente para estimular el deseo: es como ir alimentándolo constantemente», asegura Lydia Parrilla, psicóloga y sexóloga de Gleeden al hilo de la estadística mencionada al inicio. Las fantasías son lo que alimenta el deseo sexual, indica. Por eso, no deben verse como algo que deba cumplirse siempre, sino como algo que está ahí y puede explorarse. La experta recuerda que incluso no todas las fantasías son necesariamente idílicas. Es completamente normal tener fantasías que no tienen nada que ver con lo que se aceptaría en la vida real (por ejemplo, falta de consentimiento) y que nunca se van a realizar. «Uno puede ser excitado sexualmente sin querer que el objeto de esa excitación sea una realidad», escribe el psicólogo David W. Wahl.
En España, por ejemplo, es habitual fantasear con tríos, intercambios de parejas, voyeurismo o dominación
Las fantasías son un espacio seguro para explorar y descubrir qué gusta y qué no, aseguran estas fuentes. Además, y según explican desde Adamia Psicología, facilitan la excitación o incrementan el deseo sexual, mejoran la autoestima, impulsan la creatividad y ayudan a conocerse mejor. Igualmente, pueden tener un impacto positivo en el estrés y la ansiedad, porque ayudan a romper con ese ciclo.
Por todo ello, las fantasías sexuales son algo personal, aunque el contexto cultural impacta en qué temas suelen ser recurrentes. En España, por ejemplo, es habitual fantasear con tríos, intercambios de parejas, voyeurismo o dominación/sumisión, según datos de Gleeden. Va en línea con lo que suele protagonizar las fantasías globales: según Lovehoney, fantasear con tríos es «una fantasía recurrente en todo el mundo».
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