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La gran oportunidad para la transición ecológica y la digitalización

El paquete de ayudas de la Unión Europea supone una enorme oportunidad para reconstruir los pilares económicos del país priorizando el bienestar del planeta y la transformación digital. ¿Cuáles son las claves para aprovechar las ayudas del Plan Europeo de Recuperación y garantizar un crecimiento sostenible?

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Valeria Cafagna
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Aunque en los primeros momentos de la pandemia algunas voces se preguntaban dónde estaba la Unión Europea, tras el shock inicial por lo inesperado de uno de los grandes colapsos de la historia reciente, su maquinaria se puso en marcha con rapidez. Si en la crisis de 2008 se criticó la lentitud administrativa de Bruselas a la hora de gestionar los fondos de rescate para unas economías que caían en picado dejando a millones de personas en la cuneta, el sistema mostraba ahora mucha más agilidad: en el mes de julio, apenas medio año después de que el coronavirus saltase al Viejo Continente, se anunciaba que España recibiría 70.000 millones en fondos y ayudas directas para capear la crisis pandémica. Poco meses después, se confirmaba que el montante podría ascender hasta los 140.000 millones.

Tanto por el tiempo y forma de articularlo como por su cuantía, el programa Next Generation EU o Plan de Recuperación para Europa es un acuerdo histórico que será clave para mitigar el impacto económico y social que ha traído consigo el coronavirus e impulsar una recuperación marcada por la sostenibilidad y la digitalización. Aunque ese camino verde no se inicia con la pandemia: a finales de 2019, la Unión Europea presentaba su Green Deal, el colosal proyecto para descarbonizar la economía antes de 2050. «Vivimos un momento especial. Un momento Churchill: lo que está aconteciendo en Europa en los últimos tiempos puede suponer para el desarrollo sostenible lo mismo que lo que aquella decisión de Churchill supuso para el petróleo, cuando hace algo más de cien años decidió que los buques de la armada británica debían alimentarse con petróleo en lugar de con carbón», reflexiona Ramón Pueyo, socio responsable de Sostenibilidad y Buen Gobierno de KPMG en España.

Ramón Pueyo: «Estamos más que preparados para sacar el máximo partido de los fondos europeos y construir una sociedad más sostenible»

En ese momento crucial, España se encuentra en una posición estratégica: es uno de los países que estará más afectado por el cambio climático, y también es uno de los que puede liderar la lucha contra él. Si ya en 2019 el borrador Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) cosechaba el aprobado en Bruselas –aunque subrayaban aún tareas pendientes–, ahora los fondos europeos pueden ser un nuevo impulso de cara a un liderazgo verde. «Estamos más que preparados para sacar el máximo partido de los fondos europeos y construir una sociedad más sostenible, más digital y más resiliente. Aunque solemos ser muy críticos con nosotros mismos –y la mayor parte de las veces con razón– creo que nuestro país está en una posición privilegiada para liderar la transformación sostenible y hacer realidad lo que se establece en el Pacto Verde Europeo», apunta el experto.

Un gran reto y cuestionables antecedentes

La buena gestión de los fondos europeos de recuperación es clave para el futuro que estamos escribiendo ahora y supone un enorme reto para la economía española, que debe aprender de los errores recientes en esa materia. Nuestro país cerró el ejercicio de 2019 a la cola de la Unión Europea en la ejecución de este tipo de recursos: de los 56.367 millones planificados en su programa operativo para el periodo 2014-2020, España inició el último año con un 31% de los proyectos sin comprometer y un 67% de la financiación sin gastar.

El asesoramiento para el sector público y privado será crucial a la hora de sacar el máximo partido a las ayudas que lleguen de Bruselas, también para saber qué proyectos son merecedores de ellas y cuáles son los cauces para obtenerlas. «Hay que aplicar una visión de más largo plazo que no siempre estoy viendo en las compañías. Esa visión nos la da el Pacto Verde Europeo, que dibuja el aspecto que tendrán los sectores económicos y las empresas en las próximas décadas, y ofrece a las compañías algo de lo que en muy pocas ocasiones pueden disfrutar; una bola de cristal que les permite anticipar el futuro», apunta Pueyo. Y añade: «Las compañías deberían hacer una reflexión más estratégica acerca del impacto que la transformación sostenible impulsada desde Europa, representada en el pacto verde, va a tener sobre sus modelos de negocio. La recompensa para aquellas que sepan anticipar el cambio sostenible va a ser significativa».

Tanto el mencionado Pacto Verde Europeo como el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia marcan un camino legislativo que pasa por el PNIEC y por una Ley de Cambio Climático que, después de un largo recorrido no exento de baches, parece que verá la luz el próximo mes de marzo. Las últimas paradas de una senda que se inició hace ya décadas, pero que hoy parece que nadie ya cuestiona: la lucha contra las consecuencias del calentamiento global se juega en las decisiones cotidianas, en los parlamentos y en las plantas nobles de los edificios corporativos. Y todos estos aspectos tienen el denominador común de una conciencia ambiental que se ha incrementado notablemente en los últimos años y que no parece que vaya a remitir. Al contrario. «No me imagino que ningún ciudadano informado ni ninguna empresa inteligente de la España de 2021 crea que la preocupación por la sostenibilidad es algo cosmético o una moda pasajera y que los estándares ambientales se relajarán en el futuro. Si alguna empresa queda hoy en esa onda le auguro un futuro poco prometedor. No por lo que pueda decir el BOE, sino porque lo que dice el BOE es resultado de la aspiración ciudadana de un desarrollo sostenible. Y esas aspiraciones las trasladan a la hora de decidir a que empresas compran o en qué compañías les gustaría trabajar», concluye Pueyo.

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