Medio Ambiente

Cómo usar los fondos de la UE para acelerar la transición ecológica

Los 70.000 millones de euros que Europa destinará a España en los próximos dos años son una oportunidad para que nuestro país ocupe un lugar de referencia en el Green Deal y reduzca su dependencia del turismo y el ladrillo.

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Carla Lucena
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18
Ene
2021
finanzas sostenibles fondos europeos

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Carla Lucena

Cuando el pasado mes de julio, la Unión Europea anunció el compromiso de inyectar 70.000 millones de euros a España en fondos y ayudas directas para capear la crisis pandémica, el país respiró. Tras unos meses de absoluta incertidumbre, durante los cuales se desandaba inexorablemente todo lo conseguido en los último diez años –crecimiento del PIB, reducción del desempleo, de la deuda pública y el déficit comercial–, la economía española, a la que los expertos comparaban con una locomotora por su constante crecimiento, se había convertido en un tren a punto de descarrilar.

De entrada, todo apuntaba a que esa inyección sanadora iba a tener poco que ver con el rescate anterior tras el crack de 2008, que conllevó medidas de austeridad que empobrecieron al país y redujeron inevitablemente el nivel de vida del ciudadano medio. La Unión Europea no imponía el pasado julio duras condiciones, sino el objetivo de «gastar el dinero en luchar por todos los medios contra la pandemia y sus consecuencias», una afirmación tan poco concreta que casi parecía una mera declaración de buenas intenciones.

La euforia inicial se ha tornado en prudencia porque la Unión Europea empieza a mostrar ahora cartas que, cuando aprobó las ayudas, no había puesto sobre el tapete –aunque no por ello eran menos esperables–. España tendrá que hacer profundas reformas en lo relativo a pensiones, el sistema laboral y el ajuste de las cuentas públicas: esto último se quedó congelado por las consecuencias de la  pandemia, pero en breve volverá la exigencia comunitaria de taponar el déficit público, y previsiblemente en 2022 tanto nuestro país como el resto del continente tendrán que aplicar de nuevo medidas de austeridad.

España tendrá que hacer profundas reformas en lo relativo a pensiones, sistema laboral y cuentas públicas

De modo que el periodo de aquí a 2023, en el que se inyectarán los 70.000 millones de euros que le corresponden a España, no será un apacible paseo: la Comisión Europea realizará en ese tiempo exámenes sobre el desarrollo de las inversiones y las reformas, y en un extremo, podría para el suministro de fondos, retirarlo definitivamente e incluso exigir su devolución.

En cualquier caso, este es el escenario más sombrío de todos, que no tiene por qué llegar a darse nunca. Más bien al contrario: los expertos de la prestigiosa escuela de negocios Esade ven este momento histórico como una oportunidad para que España reciba el empujón necesario y salga de su cómoda y arraigada posición dependiente del turismo, el ladrillo y el motor, hacia las reformas pactadas en el Green Deal, e incluso pueda llegar a ocupar una posición de liderazgo.

En su reciente informe Cómo usar los fondos europeos para acelerar la transición ecológica los expertos de esta institución académica detectan oportunidades de inversión y propuestas normativas «que podrían contribuir a compatibilizar la creación de empleo y recuperación económica inmediata tras la COVID-19, con un impacto a largo plazo sobre la economía española, además de su descarbonización». Para ello, las reformas deben pasar necesariamente por la instalación de energías renovables, la rehabilitación de edificios, la descarbonización del transporte y la industria, la regeneración de espacios naturales y otras medidas de adaptación al cambio climático.

Los responsables del informe advierten, sin embargo, de que a largo plazo ninguna de estas acciones tendrá un efecto duradero sobre la economía si no se acompañan de dos aspectos clave. «Por un lado, la formación de profesionales cualificados para abordar la transición y, por otro, un decidido impulso a la innovación en materia medioambiental, que permita la reorientación de la industria hacia los nuevos sectores y tecnologías emergentes. La transformación de la industria es precisamente una las principales oportunidades a largo plazo que podrían financiarse con fondos europeos», explican.

En definitiva, el cambio de un modelo que en España ya se ha revelado extremadamente frágil cuando vienen mal dadas: desde la consultora Oxford Economics, en un estudio sobre por qué nuestro país puede ser uno de los más afectados de Europa por la crisis actual, se detienen en «un sector turístico sobredimensionado», que representa más de 13% de nuestro PIB, al tiempo que es responsable, en parte, de que seamos uno de los países de la Unión Europea con mayor tasa de temporalidad laboral.

La construcción ha aportado al PIB español el 8,9% entre 1995 y 2019, muy por encima del 5,6% de la media europea

El sector de la construcción, por otro lado, ha aportado al PIB español el 8,9% entre 1995 y 2019, muy por encima del 5,6% de la media europea, según Eurostat. Y a pesar de la burbuja de hace apenas una década, causante en gran parte de la agudización de la crisis en España, hasta antes de la pandemia –entre 2014 y 2018, según los últimos daros del INE–, el ladrillo fue el componente del PIB que más creció, un 34%, más del doble que la industria, que lleva estancada en un 20% desde hace 60 años.

Apostar de nuevo decididamente por la industria, pero seguida del adjetivo «verde», es el reto y la oportunidad, al mismo tiempo, que localizan desde Esade: «Bien aprovechadas, estas inversiones podrían por tanto suponer una importante oportunidad para nuestro país, haciéndolo más sostenible, reduciendo nuestra dependencia energética mediante el aprovechamiento del potencial solar y eólico, o permitiendo la reindustrialización de España en torno a los sectores verdes emergentes. Hacer un buen uso de las mismas será, por tanto, clave para el futuro de nuestro país».

En resumen, destinar los fondos europeos a una transición marcada por la descarbonización y la I+D medioambiental y que resulte inevitablemente en la creación de empleo, en línea con lo que afirmó el economista Jeffrey Sachs en una reciente entrevista para Ethic: «La salida de la crisis mundial solo puede ser de una manera: verde y tecnológica».

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