Biodiversidad

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«La naturaleza trabaja gratis para nosotros, las 24 horas del día: gracias a eso seguimos vivos»

La bióloga Anne Sverdrup-Thygeson habla sobre los riesgos de continuar deshilachando el frágil equilibrio natural entre los seres humanos y el resto de especies del planeta.

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29
Dic
2020
Anne Sverdrup-Thygesonnaturaleza

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Jeff Benefit/Telos

Imagine la vida en la Tierra como si fuera una hamaca. Que cada una de las más de diez millones de especies que existen en el planeta es uno de los hilos que componen su tejido. Piense, además, que el ser humano descansa sobre esa hamaca. El peso que representamos tensa el material del que está hecha, pero logra sostenernos. Dependemos de ella.  ¿Qué sucede en este símil cuando, a través de sus acciones, el ser humano hace que se extinga una especie? Poco a poco vamos quitando un hilo. Y otro. Y otro. Actualmente vemos algún agujero por aquí, algún desgarrón por allá, algunas de las fibras deshilachadas… Si seguimos tirando y deshaciéndonos de hilos o si los agujeros se hacen demasiado grandes, toda la hamaca se vendrá abajo. Y con ello, nuestro bienestar y nuestra vida. Esta es la imagen que proponía la bióloga Anne Sverdrup-Thygeson, catedrática de la Universidad Noruega de Ciencias de la Vida, en un encuentro telemático con motivo del II Foro Telos 2020.

La experta habla de gestión de la naturaleza, la diversidad forestal y su verdadera pasión, los insectos. El mensaje de Sverdrup-Thygeson: la necesidad imperante de que el ser humano sea consciente de todos los beneficios que le aporta su entorno y que, así, actúe en consecuencia. Trabajar de forma conjunta nos permitirá evitar degradar y destruir la naturaleza.

Un ecosistema reparable

Volviendo a la metáfora que nos ocupa, una hamaca como representación de la vida en la Tierra, que su tela esté desgastada no quiere decir que no sea posible «reparar» de alguna manera el ecosistema. La capacidad de evolución y la diversidad en el planeta son lo suficientemente sólidas como para proporcionarnos esta posibilidad. Por el momento, la naturaleza seguirá adaptándose a los cambios que ocasionemos, pero hay límites hasta donde no podemos seguir presionando. Límites a los que nos estamos acercando a pasos agigantados.

De hecho, en los últimos 200 años hemos cambiado la naturaleza más de lo que lo hemos hecho en toda la historia. Tendemos a imaginarla como un almacén enorme de donde podemos recoger todo lo que necesitamos, sin pensar en que esto se va a acabar en algún momento.

Repetimos: hay posibilidades, y el ser humano debe aprovecharlas lo antes posible. Al fin y al cabo, a mayor degradación de la vida tal y como la conocemos, mayor dificultad para su recuperación.

«Según el Panel Internacional del Medio Ambiente, 3.200 millones de personas sufren a diario las consecuencias de la degradación de la naturaleza. Estamos perdiendo un 10% de la economía del mundo cada año debido a la degradación de la naturaleza y los ecosistemas. Todavía podemos hacer algo y realmente tenemos que empezar el cambio rápidamente, porque cuanto más degrademos la naturaleza más difícil será recuperarla. Porque la naturaleza hace tantas cosas por nosotros… Las 24 horas del día la naturaleza trabaja para nosotros gratis: poliniza nuestros cultivos, recicla nutrientes… Y esto nos permite seguir viviendo. Realmente tenemos que recordar esta situación y cambiar nuestra forma de vivir», explica Sverdrup-Thygeson.

Retomamos la hamaca: si analizamos su tejido, comprobaremos que gran parte de las fibras que la componen, si aplicamos nuestra metáfora a la vida real, son los insectos. No son solo la población más numerosa dentro de la biodiversidad del planeta, sino que representan más de la mitad de todas las especies.

«Lo que me da más miedo es que hayamos degradado realmente el planeta»

Los insectos son criaturas muy exitosas. Llevan mucho tiempo sobre la Tierra, no necesitan mucho espacio para vivir… y hay algunos muy avanzados. Piense, por ejemplo, en las larvas que se convierten en crisálidas y acaban por transformarse en una bella mariposa adulta. «Todo esto es tan fascinante… Hay tantas sorpresas esperándonos allí, en el reino de los insectos… Tenemos todavía tantas cosas por las que sorprendernos y por dejarnos maravillar…», asegura Sverdrup-Thygeson.

Insectos al rescate de los humanos

Además, los insectos pueden ayudar al ser humano de diversas maneras. No hay más que observar y ser conscientes de algunos de sus comportamientos y relaciones con el medio: desde las sustancias químicas que el organismo de las hormigas crea para protegerse a sí mismas y a sus hermanas, a modo de antibióticos, hasta los sistemas de refrigeración natural de los que disponen los nidos de las termitas, que han servido al ser humano de inspiración, por ejemplo, para la construcción de edificios con una mejor regulación energética.

Uno de los argumentos en los que confía Sverdrup-Thygeson para convencer al ser humano de que es necesario revertir los cambios que estamos originando en la naturaleza es la estrecha conexión que existe entre ambos. Al ser conscientes de ella y de los servicios que nos proporciona, la gente puede empezar a comprenderlo.

Sin ir más lejos, pensemos en los medicamentos. ¿Qué sucedería si hubiéramos hecho que las especies que nos sirven para elaborar determinados fármacos se hubieran extinguido? Que nunca habríamos tenido acceso a ellos.

A raíz del contexto que estamos viviendo, la pandemia por covid-19, hemos visto que los líderes mundiales pueden cambiar su forma de gestionar la economía; que las personas han cambiado su comportamiento y mantienen un distanciamiento físico, usan mascarillas… Los investigadores, por su parte, han compartido datos en tiempo real, dándonos la oportunidad de tener una vacuna dentro de poco. Esto nos demuestra que, si hay algo que es realmente importante, podemos cambiar nuestra conducta: precisamente lo que tenemos que hacer en lo que se refiere a la forma en que tratamos la naturaleza.

¿Y cómo se imagina Sverdrup-Thygeson la realidad del planeta dentro de 100 años? «Supongo que lo que me da más miedo es que hayamos degradado realmente el planeta, de forma que resulte difícil tener una cantidad de comida y de recursos suficientes para todos. Pero, desde luego, tengo esperanza. No hay otra alternativa. No podemos cambiar lo que hemos hecho, pero podemos restaurar la naturaleza. Ahí está el primer reto al que nos enfrentamos. Somos muchos y hemos usado muchos recursos. Tenemos que ajustar nuestra economía de forma que sea más circular, para que utilicemos los recursos de forma sostenible. Esa sería mi esperanza, eso es lo que deseo para la tierra en 100 años».


Este artículo fue publicado originalmente en la Revista Telos y en The Conversation. Lea el original.
The Conversation

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