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Cómo luchar contra la emergencia climática en tiempos de pandemia

¿Qué estamos destruyendo con la pérdida de biodiversidad? ¿Qué cambios debemos implementar para revertirla? ¿Qué podemos aprender de la crisis del coronavirus? Ecovidrio, con la colaboración de Ethic, reúne en el encuentro online ´Vidrios y barras´ a un grupo de expertos para debatir y dar respuesta a estas preguntas.

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Valeria Cafagna
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Valeria Cafagna

Decía Enrique Morente aquello de que tendrá que haber un camino. Un camino «que me lleve a dónde pueda estar». Eso puede aplicarse a cientos de circunstancias distintas en la vida pero, en el actual contexto de crisis sanitaria, el significado adquiere más relevancia que nunca. La comunidad científica nos advierte de una gran interconexión entre el cambio climático y el coronavirus que ha conseguido encerrarnos en nuestras casas, un cruce entre medio ambiente, biodiversidad y salud que necesitamos contemplar con una nueva mirada: la de la transición a un sistema verde y justo. Con el objetivo de dibujar un mapa que nos permita caminar con un sentido y con paso firme volvió, esta vez en formato online, una nueva edición de Vidrios y Barras, un encuentro impulsado por Ecovidrio con la colaboración de Ethic. Bajo el título Cómo luchar contra la emergencia climática en cambios de pandemia, expertos como el biólogo Fernando Valladares, la directora de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Elena Pita, y la meteoróloga Mercedes Martín abordaron desde todos los flancos cómo hemos llegado a este punto y de qué forma podemos actuar a partir de ahora para evitar futuras epidemias.

El análisis parte de que la crisis sanitaria provocada por el coronavirus ha sido el resultado de una zoonosis, ya que la transmisión del virus se ha dado de forma directa desde los animales hacia los seres humanos. No es la primera vez que ocurre, ni tampoco será la última. Los brotes infecciosos, como explica Fernando Valladares, han estado presentes desde el Neolítico, cuando empezamos a compartir patógenos con los animales domesticados. Posteriormente, ya en este siglo, la gripe aviar y la gripe porcina sirvieron de aviso: antes de que hubiera señal de alguna pandemia ya existían algunos programas, como el One Health de las Naciones Unidas, que advertían a través de un enfoque multisectorial sobre la estrecha relación entre la conservación de la naturaleza y los brotes de zoonosis.  «En el último siglo hemos visto cómo las zoonosis han pasado de latitudes templadas, donde ya se estaba perdiendo diversidad, hacia el trópico, donde nuestra avidez por los recursos naturales ha afectado a los hábitats», indica Valladares. Las enfermedades infecciosas nos persiguen allí donde vamos y, especialmente, «cuando nuestra actitud con el medio ambiente no es muy respetuosa».

Fernando Valladares: «El coronavirus nos ha hecho ver lo vulnerables que somos»

Comprender la relación entre coronavirus, biodiversidad y cambio climático es un reto. Durante todos estos meses el foco se ha puesto sobre los efectos directos de la pandemia en la sociedad y ha dejado de lado el cambio climático, algo que lleva tiempo existiendo y para lo que numerosas organizaciones llevan décadas pidiendo unas medidas tan urgentes como para el coronavirus. A pesar de que son aspectos diferentes, están íntimamente relacionados, por lo que hace falta hablar de ambos al trazar el futuro. Es aquí donde la biodiversidad debe adquirir ese papel que había perdido, como plantea Valladares. «La hemos considerado como una consecuencia de nuestros problemas, pero la pérdida de biodiversidad es en realidad la causa. Si le damos la vuelta a la tortilla entonces ambas estarán a la misma altura y podremos entender que son el origen de los problemas», explica.

La dificultad de ver el cambio climático en la sociedad

Una buena salud de los ecosistemas supone una barrera natural contra los patógenos que afectan a los seres humanos. El índice Planeta Vivo alertó a mediados de año de una disminución de poblaciones de vertebrados de más del 60% entre 1970 y 2014, fruto de la destrucción continua de hábitats, la contaminación, la sobreexplotación y la emergencia climática. El papel de la ciencia es fundamental para ayudar a la sociedad a comprender ese lazo invisible entre el avance del coronavirus y la pérdida de ecosistemas. Como apunta Elena Pita, directora de la Fundación Biodiversidad, «los ecosistemas nos proporcionan bienes fundamentales para la vida». Algunos son materiales –alimentos, materias primas, principios activos para medicinas– y otros son más procedimentales, como la polinización de las plantas o la regulación del clima. Igual que en un dominó, si cae la ficha del ecosistema, cae la de la economía y el bienestar social. Por eso, subraya Pita, hay que situar a la naturaleza en el centro de nuestras vidas. Para ello, remarca por su parte la meteoróloga Mercedes Martín, «hay que preguntarnos dónde estamos y qué sabemos. Estamos consumiendo por encima de la capacidad de renovación del planeta y el 20% de nosotros utilizamos el 80% de recursos de toda la población. El cambio depende exclusivamente de nosotros».

A la cuestión de cómo hacerlo, Pita indica que «las soluciones son forzosamente complejas y necesitan contener distintas medidas porque ninguna es suficiente en sí misma. Es necesaria una articulación que trabaje, en primer lugar, tanto en la conservación de especies como en la lucha contra el cambio climático, la sobreexplotación, la contaminación y las especies exóticas invasoras permitiendo, además, diseñar medios de producción sostenibles mientras se trabaja por parte del consumidor para adoptar modelos de consumo más eficaces». Un ejemplo de estas medidas articuladas es el trabajo que la Fundación Biodiversidad realiza en el entorno marino, coordinando la designación de áreas marinas protegidas junto con el trabajo sobre el sector pesquero y la comunicación y divulgación al público.

En este contexto, ha salido a colación la nueva estrategia sobre biodiversidad de la Unión Europea como una herramienta de cambio en la gestión de un nuevo modelo climático de la que Elena Pita ha destacado cuatro ejes de acción: la conservación de la naturaleza, su recuperación a través de la integración de la biodiversidad en los sectores económicos –agricultura, pesca, urbanismo, empresas–, la implicación del sector privado como parte de la solución y la cooperación internacional. «Los problemas globales requieren soluciones globales y suele ocurrir que las regiones que más contribuyen al daño son las que menos sufren los impactos», añade la experta.

«La sociedad ahora está escuchando. Esta crisis nos ha servido para ver este vínculo tan estrecho entre la salud de los ecosistemas y la nuestra de una forma muy dramática, evidenciando cómo los servicios ecosistémicos son fundamentales para nuestras vidas. Además, hay que resaltar que hay todo un marco legislativo bastante optimista conformado por el Pacto Verde, el Plan de Recuperación Verde, la Ley de Cambio Climático y la Estrategia de infraestructura verde, entre otros», subraya Pita. El mensaje queda grabado a fuego: no es factible seguir desacoplando la prosperidad económica de la naturaleza, pues los cambios estructurales y los modelos culturales tienen que avanzar de la mano de la sostenibilidad si queremos un futuro verde.

Empoderarse como consumidor es clave

«¿Queremos seguir disfrutando de nuestros bosques y nuestros mares? ¿Nos gustaría seguir compartiendo un vino con nuestros familiares y amigos? Hay que cambiar. La estabilidad está en el cambio. No hay otra solución», concluye tajantemente la meteoróloga Mercedes Martín, mientras pone el foco en lo que está en nuestra mano. «Tomamos cientos de decisiones a diario: el tipo de café que queremos, el pan, el coche que vamos a comprar. Cada decisión que tomemos va a influir en nuestra capacidad de cambio», añade. A esta reflexión se suman igualmente Fernando Valladares y Elena Pita, que insisten en que el empoderamiento del consumidor es fundamental para poder pasar a la acción. «El coronavirus nos ha puesto en nuestro sitio. Nos ha bloqueado, nos ha tenido confinados y han sido los animales los que nos han visto encerrados dentro de casa en esa escena distópica en la que paseaban por la ciudad. Nos ha asustado porque nos ha hecho ver lo vulnerables que somos», indica Valladares.

Apoyar la economía circular, consumir productos de empresas que integren la sostenibilidad en sus agendas, reducir el consumo y dejar de lado la cultura del ‘usar y tirar’ son pasos fundamentales a la hora de tomar un papel activo en la protección de la biodiversidad y la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, indican los expertos, esta transición debe ser justa e incluir a los países en vías de desarrollo para reducir los daños colaterales que pueda causar a la sociedad. El ejemplo más cercano: los disturbios de los chalecos amarillos en Francia surgieron a raíz de la ‘tasa del carbono’, una medida diseñada para potenciar alternativas al consumo de combustibles fósiles que incrementó considerablemente el precio del diésel. Tanto el expresidente Donald Trump como el polaco Andrzej Duda defendieron la protesta aludiendo que la lucha contra el cambio climático «no pueden implantarse contra la voluntad de la sociedad».

Elena Pita: «Estamos a tiempo de revertir procesos y hacer las cosas de manera diferente»

Para evitar conflictos sociales, son esenciales las políticas de acompañamiento y medidas de formación. «Hay que ayudar a los que no pueden adaptarse a ese cambio. Ahí está metido el sector agrario, los pescadores, las pymes, las familias que no llegan a fin de mes y tienen que cambiar la climatización de la casa… Necesitamos financiación verde y que nos ayuden y nos empujen para que nos podamos sumar todos a ese cambio y no se quede nadie atrás. Es un cambio global», apunta la meteoróloga. En ese cambio, la empleabilidad es otro aspecto que fomentará el cambio. «La oportunidad que se presenta con la transición ecológica es que se crearán nuevos nichos de empleo y hay que hacer una difusión importante de cómo se generan, la economía circular ofrecerá nuevas opciones en un plazo más corto que largo», insiste la directora de la Fundación Biodiversidad.

Con el quinto aniversario del Acuerdo de París en el horizonte y la reciente elección de Joe Biden como presidente de los Estados Unidos, los expertos se muestran optimistas en cuanto al futuro legislativo de la transición ecológica. «El mensaje clave es elevar la ambición. Los esfuerzos son importantes y siguen siendo el objetivo de las negociaciones para no superar la barrera peligrosa del cambio climático. Dar el reconocimiento que merece el cambio climático fue uno de los principales logros del Acuerdo de París», concluye Pita. «Ahora la pregunta está en el cómo porque necesitamos ese manual de planes estratégicos entre países, que parece que es lo que no terminamos de configurar del todo», coincide Martín.

Fernando Valladares subraya que sale tres veces más cara atajar una pandemia que frenar su aparición. En concreto, cuesta varios trillones de euros más. Por eso, la biodiversidad tiene que continuar siendo el eje en el diálogo político y social. ¿Estamos a tiempo de recuperar los ecosistemas dañados para prevenir futuras epidemias globales? Para los tres expertos, aún estamos a tiempo, pero tenemos que actuar ya para curar el daño hecho y prevenir el que puede producirse en los próximos años. «Queda biodiversidad, el planeta tiene gran capacidad de adaptación», concluye el biólogo.

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