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Sanidad e IA, ¿peligro u oportunidad?

Dentro de unos años, la IA estará totalmente integrada en la práctica sanitaria y el diagnóstico será mucho más eficaz gracias a ella. Es probable que así ocurra, pero hay riesgos que no podemos desdeñar.

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02
junio
2026

La IA ha entrado también en la medicina y la sanidad. En EE. UU., la FDA ya ha dado el visto bueno a cerca de un millar de dispositivos y algoritmos que forman parte del día a día médico. En Europa, más precavidos, solo son más de 200. Estos avances, hasta ahora, se concentran en tres grandes bloques: el análisis de imágenes médicas, la predicción de riesgos y el descubrimiento de nuevos fármacos.

En los diagnósticos, ya hemos visto casos exitosos. El más significativo es el publicado en The Lancet en 2003 sobre el uso de la IA en 80.000 mamografías. Gracias a la inteligencia artificial, se redujo a la mitad el tiempo de diagnóstico sin perder eficacia en la detección de tumores. El estudio concluye que los equipos clínicos pudieron contar con más tiempo para enfocarse en los casos más complejos. En las pruebas para detectar la retinopatía diabética, los sistemas automatizados aprobados por la FDA rozan el 90% de detección incluso fuera de entornos hospitalarios con equipamientos especializados. Las colonoscopias cuentan desde hace años con asistentes de IA que ayudan a identificar pólipos en fase temprana que pasarían desapercibidos para el ojo humano. Las radiografías de tórax también han contado con la ayuda de la IA para detectar microfisuras y priorizar los casos más graves.

Los equipos clínicos que usan IA pudieron contar con más tiempo para enfocarse en los casos más complejos

Podríamos pensar que esto es solo el principio y que dentro de unos años, la IA estará totalmente integrada en la práctica sanitaria y el diagnóstico será mucho más eficaz gracias a ella. Es probable que así ocurra, pero hay riesgos que no podemos desdeñar.

El informe ECRI del año 2025 ya consideró que la IA era el mayor riesgo tecnológico a nivel sanitario. Y el peligro estriba en la alimentación de datos que se le proporcione al algoritmo en su proceso de entrenamiento. El FMI ya ha advertido de esta amenaza. Los muestreos sesgados vuelven a convertirse en protagonistas otra vez en la historia médica. No es solo que no se tenga en cuenta a un sector de la población. Es que además hay que incluir suficiente variabilidad genética y esa no se ve a simple vista como el sexo, el color de piel o el grupo sanguíneo.

Cualquiera que haya hecho una consulta compleja a una IA sabe que su respuesta siempre busca agradar. Las IA no sufren síndrome de la impostora y con gran desparpajo se inventan las respuestas que consideren oportunas antes que reconocer que no tienen respuesta. Estas alucinaciones son también uno de los grandes riesgos que conlleva el uso de la IA si no tiene una adecuada supervisión.

Tampoco podemos ignorar el gran riesgo que suponen todas las tareas de automatización. Llega un momento en que se aprende el proceso abreviado y se ignora el corpus original sobre el que reposa el conocimiento. En el caso de la medicina, estamos hablando de la pérdida o degradación de habilidades clínicas que suponen la diferencia entre un buen y mal diagnóstico y tratamiento.

Existe, además, el gran peligro con la IA en el plano de la gestión sanitaria, no solo la práctica clínica. Recientemente, El Salvador ha cerrado un contrato con Google para la su IA médica sea la gestora principal de la salud de su población. Sin entrar a valorar las ventajas e inconvenientes que ya hemos analizado, surge la gran duda de si estamos ante la privatización encubierta del sistema sanitario de todo un país que no ha tenido ningún pudor en cederle todos los datos médicos a la empresa que más partido le ha sacado a la recopilación de datos a gran escala. También hay quien recuerda que los primeros ensayos con píldoras anticonceptivas se realizaron con mujeres puertorriqueñas y no con norteamericanas por temor a posibles efectos secundarios y se pregunta si no estamos volviendo a vivir un episodio similar. La falta de transparencia en el acuerdo lo hace todo mucho más cuestionable.

Lo que a estas alturas de diagnóstico podemos pronosticar es que la IA estará presente en nuestras vidas tanto en la salud como en la enfermedad. La única duda es si será peor el remedio que la enfermedad y los efectos secundarios del tratamiento serán perjudiciales. Solo nos queda confiar en la inteligencia (y prudencia) natural.

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