Desigualdad

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Reciclar para cambiar vidas: una historia de segundas oportunidades

Reciclar Para Cambiar Vidas es la historia de un proyecto de inclusión social con un reto muy claro: insertar laboralmente a personas que han pasado por situaciones difíciles a través del empleo verde.

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02
Oct
2020

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Casi 10 millones de personas en edad laboral se encuentran en riesgo de exclusión social en nuestro país. Una cifra alarmante, si tenemos en cuenta que es la tercera parte de la población de entre 16 y los 64 años, según alertaba en un estudio la Fundación Adecco. Un estudio prepandémico. Aún no hay cifras detalladas de la situación actual, porque el látigo de la covid sigue restallando con fuerza en nuestra sociedad. Pero imaginen que no hablamos de personas en riesgo de exclusión social, sino de personas que ya llevan tiempo excluidas de lo que conocemos como un día a día normal. En muchos casos resulta absurdo hablar de su situación laboral porque, directamente, no existe. Ahora, imaginen su escenario en medio de toda esta crisis.

El Estado no tiene, por el momento, herramientas suficientes para erradicar este problema de desigualdad, por eso son más necesarias que nunca iniciativas paralelas que ayuden a mitigarla, como es el caso del programa Reciclar para cambiar vidas de Ecoembes, que lleva en marcha desde 2014. «Creemos que todas las personas que están pasando por una situación difícil en su vida merecen una segunda oportunidad laboral, y en este sentido, el sector del reciclaje tiene multitud de puertas abiertas», explican desde la entidad que coordina el reciclaje de envases.

Esta iniciativa tiene un doble impacto: por un lado, el de inclusión, puesto que proporciona un empleo y, por ende, un medio de vida a personas vulnerables. Por otro, el de la concienciación medioambiental: muchos de quienes trabajan en el reciclaje gracias a este proyecto nunca antes se habían percatado de su importancia, y ahora son sus mayores impulsores. Con este punto de partida ha arrancado el diálogo Reciclar para cambiar vidas: una historia de segundas oportunidades, promovido por la revista Ethic y Ecoembes, donde han intervenido profesionales que tocan todos los flancos de esta iniciativa.

«Surgió de una manera natural, cuando nos propusimos llevar el reciclaje a los centros penitenciarios», explica sobre su origen Begoña de Benito, directora de Relaciones Externas y RSC de Ecoembes. «La idea era darles a los internos un curso de tratamiento de residuos para que realizaran una recogida selectiva en los centros, y al mismo formarles para que tuvieran una oportunidad cuando salieran, o darles puestos de trabajo en los propios centros».

Begoña de Benito: «Se trata de un movimiento social y empresarial donde no se compite, se colabora»

Luego extendieron el programa a otros colectivos en riesgo de exclusión e incorporaron a otras entidades y fundaciones de carácter social, y Reciclar para cambiar vidas se convirtió rápidamente en un trampolín para el empleo que daba formación a personas vulnerables y les proporcionaba una red de empresas para hacer prácticas. «En 2017 llegó el colofón, el broche de oro», prosigue De Benito, «la Fundación ‘la Caixa’ puso a disposición a más de mil técnicos de inserción social para conectar esa cantera de reciclaje con el empleo». El resultado: Un total de 866 personas en riesgo de exclusión social han logrado un empleo en el sector del reciclaje en los últimos tres. De ellas, 230 encontraron un trabajo en el sector del reciclaje durante 2020, un año en el que la gestión de residuos ha crecido en importancia a consecuencia de la pandemia del coronavirus. «Lo que no ha cambiado desde 2014 es que se trata de un movimiento social y empresarial donde no se compite, se colabora», aclara De Benito, y zanja: «Que el reciclaje, además de verde, sea también inclusivo». En total, desde que Reciclar para cambiar vidas iniciara su andadura, 4.149 personas han sido formadas en gestión y tratamiento de residuos, sumando más de 56.780 horas lectivas de formación.

En esta línea, el subdirector general de Fundación ‘la Caixa’, Marc Simón,  matiza: «Empezamos hace años con esa actividad, que no es de inserción laboral, sino inserción sociolaboral. Que la gente no solo tenga ingresos, sino inserción real en una vida normal. Y de la mano de la colaboración, es como logramos una sociedad mejor, más justa e igualitaria, e igualdad de oportunidades, que es lo que hace que las sociedades progresen». Simón añade: «Esa red de un montón de entidades sociales colaborando por todo el territorio, es lo que consigue esto. Somos muchísimo más productivos entre todos, por eso hemos añadido todo lo que hacía Ecoembes en formación, y nuestro programa Incorpora ayuda a esa labor de intermediación entre el mundo laboral y el social. Y si es con empleo verde, es un impacto mucho mayor».

Los dos son conscientes de que su iniciativa encuentra muchas trabas en esta crisis sanitaria, pero también de que es más necesaria que nunca. «Reciclar para cambiar vidas tiene claro que esta pandemia no puede paralizar el proyecto», dice De Benito, y apunta dos retos: «La transformación digital. Hay que dar prioridad a la salud, pero tenemos que seguir formando. Hemos hecho dos proyectos piloto en este sentido, en los que hemos logrado mantener el nivel de conocimiento y hemos aprovechado para añadir otras competencias digitales».

El segundo reto es crecer, aun en tiempos tan adversos: «Tenemos que seguir siendo ambiciosos y buscar un mayor impacto social, ahora que ya hemos comprobado que el proyecto funciona», explica De Benito. «El valor de esto está en las historias desgarradoras que hay detrás de cada persona, con hijos que mantener, expulsadas del mercado laboral, desarraigadas, sin familias a las que recurrir… Nos llena de orgullo haber sido capaces de seguir trabajando en un contexto tan difícil y crear estos empleos».

«Hay que ser conscientes, en estos tiempos de cambio, de que la vulnerabilidad es aún mayor», añade Simón. «Hablamos de personas en una situación económica difícil sin un colchón que les ayude en estos tiempos de pandemia. Que muchas veces tienen unas carencias de formación importantes. Por tanto, ayudar a que desde la innovación social estas personas se vayan incorporando a estos nichos de empleo fruto del cambio del mercado de trabajo, es algo fundamental».

Un trabajo con impacto en la sociedad y en el planeta

Todos y todas tienen cabida en esta iniciativa, siempre que partan de una situación de vulnerabilidad. «El perfil de personas es muy heterogéneo, pero tienen en común su gran dificultad para entrar en el mundo laboral», explica la docente Sophie Pasleau. «Hay personas jóvenes que buscan una nueva formación, las hay más maduras, migrantes, con discapacidad, con enfermedad mental, privadas de libertad… Las hay desde con titulación superior hasta las que no tienen titulación alguna, pero todas con la misma dificultad estructural, para incorporarse». Pasleau reconoce: «El factor humano y la empatía asociada a esta docencia no tiene nada que ver para mí con una contraprestación económica: es un salario emocional».

La prueba de que Reciclar para cambiar vidas da sus frutos son dos de quienes han participado en esta iniciativa, que intervinieron en el diálogo. Ramiro Navarro trabaja actualmente en el triaje de una planta de tratamiento. «Antes, mi mujer y yo solo encontrábamos trabajos temporales precarios, y tenemos cuatro hijos. No sabíamos si íbamos a llegar a pasar el mes», cuenta, y añade respecto a su nueva situación laboral: «No nos ha aportado solo en lo económico. Antes no teníamos tan asumido lo de reciclar, pero cuando empecé el curso, y a ver la cantidad de empresas que colaboran con esa causa, me sentí orgulloso de participar. Ahora hasta mi chiquilla de cuatro años nos llama la atención si echamos la pajita de plástico donde no debemos».

Isabel Vela, participante del programa Reciclar Para Cambiar Vidas

A este respecto, Isabel Vela, otra participante que trabaja en selección de residuos, reconoce: «Antes nunca me fijaba en si alguien dejaba un envase en el contenedor amarillo. Ahora me llena de alegría y de orgullo, porque me siento parte de algo importante. La naturaleza hay que cuidarla, y hay que entenderla. Estoy encantada de vivir por ella».

El futuro del empleo

En un diálogo en el que entran en juego la justicia social y los retos medioambientales, era inevitable que salieran a relucir los Objetivos de Desarrollo Sostenible, una agenda con una fecha marcada a fuego: 2030. «Una de las cosas que nos ha mostrado esta pandemia es la necesidad de renovar el contrato social, de replantear nuestra relación con el planeta», opina Cristina Monge, politóloga y asesora ejecutiva de Ecodes. «Más que nunca, nos ha dejado claro que somos ecodependientes e interdependientes, y de eso debe tratar el Green Deal». Y añade: «También la necesidad de aumentar nuestro conocimiento, precisamente en la ‘era del conocimiento’. Ha quedado claro que vamos rezagados, porque todos nos hemos quedado en estado de shock por un virus».

«Una de las cosas que nos ha mostrado esta pandemia es la necesidad de replantear nuestra relación con el planeta»

En este sentido, Joaquín Nieto, director de la Oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para España, apunta: «Ya antes de la pandemia existían 1.400 millones de puestos de trabajo vulnerables por la transformación digital. Pero también la transición ecológica y energética, y la digital, va a afectar a millones de empleos». Y añade un dato: «No debemos olvidar que hay 1.200 millones de empleos que ya antes de la pandemia estaban amenazados por el deterioro de los ecosistemas: la agricultura, la pesca… cada año se pierden 80 millones de puestos de trabajo por este motivo».

La transición ecológica no tienen por qué ser solo un esfuerzo: también puede ser rentable. Así lo afirma Juan Manuel Gonzalez Serna, presidente de Cerealto Siro Foods. «¿Posibilidades de crecimiento y desarrollo? Infinitas. A 31 de diciembre, nuestras 12 plantas en España y Portugal arrojaban cero residuos a vertedero, dos años antes de la meta que nos habíamos marcado». Y prosigue: «Con los alimentos defectuosos generamos alimentos para animales y biogás, y también fertilizantes para alimentar las tierras de los agricultores con los que trabajamos, sustituyendo en más de un 50% los químicos. Y eso se convierte de nuevo en macarrón o galleta: eso es economía circular».

El empresario añade: «Estamos orgullosos, pero además es rentable: hemos reducido nuestra huella de carbono un 50%, pero también la factura energética en un 20%, y hemos creado más de 40 empleos». Y zanja: «El objetivo de una empresa debe ser que la sociedad la necesite, igual que la empresa necesita a la sociedad. Y partiendo de eso, no cabe duda: la sostenibilidad es rentable». Cristina Monge concluye: «Esta era la década de la acción, que tiene que actualizarse por la situación de pandemia. Pero no debemos olvidarnos de una cosa: invertir en sostenibilidad, en ética, en salud, es caro. Pero imaginad lo caro que puede salirnos no hacerlo.

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