El mundo después del coronavirus: una visión sanitaria

Jesús Aguilar, presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, y Mario Alonso Puig, médico y experto en inteligencia emocional, conversan sobre el mundo que vendrá tras la crisis sanitaria del coronavirus.

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La pandemia del coronavirus ha mostrado la debilidad y vulnerabilidad del ser humano. De paso, también ha puesto de manifiesto la importancia de la sanidad y el sector de los cuidados y la imperiosa necesidad de apostar por la colaboración público-privada para resolver los problemas más acuciantes de la sociedad. Jesús Aguilar, presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, y Mario Alonso Puig, médico y experto en inteligencia emocional, dialogan –a distancia– sobre cómo afrontar el mundo pospandemia en clave sanitaria.


En unos cuantos meses, el coronavirus ha transformado todos los ámbitos de nuestra vida: relaciones personales, familiares, salud, economía, trabajo… ¿Qué aprendizaje habéis extraído de estos meses?

Jesús Aguilar: Para los farmacéuticos fueron unos días de muchísimo trabajo y tensión constante, de actuar, de intentar que ningún ciudadano tuviera el más mínimo problema y de gestionar sus miedos e inquietudes. Hay que tener en cuenta que solo en el primer mes de esta pandemia acudieron a la farmacia 30 millones de españoles, ciudadanos con sus necesidades de medicaciones pero también esperando, en muchísimos casos, consejo. Además, hemos tenido que estar ofreciendo formación e información a los farmacéuticos y a los colegios, porque no había posiciones claras por parte de las administraciones. Por eso, otra de las cosas que hicimos desde el primer día, desde el 13 de marzo, fue ponernos a su disposición y hacerles una serie de propuestas importantes para poder ser capaces de atender mejor las necesidades de los ciudadanos. Asimismo, hubo mucho miedo por parte del farmacéutico. Al Gobierno solo le pedimos que nos protegiese y no lo hemos conseguido: hemos tenido que hacerlo nosotros de la manera que hemos podido, cada uno en su farmacia. Dicho esto, hemos tendido la mano al Gobierno en todos los campos en los que nosotros podemos aportar y muchas de esas cosas han salido adelante, como es el caso de la atención domiciliaria, la dispensación de los medicamentos hospitalarios desde las farmacias o las adaptaciones de las recetas electrónicas.

Mario Alonso: Yo he recorrido todas las etapas del duelo que describe la gran psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross. Primero, el shock –¿cómo es posible que algo que aparentemente estaba en un sitio tan alejado y que parecía que estaba razonablemente contenido allí empiece de pronto a paralizar países enteros?–; en segundo lugar, la negación, el pensar que esto no puede estar pasando; en tercer lugar, el enfado; y después, lógicamente, la tristeza. He perdido un amigo muy querido, una persona joven… y amigos míos han perdido padres y madres. Más tarde, el siguiente paso ha sido el miedo, ya que esto tiene repercusiones económicas de primer nivel. Al final llega la aceptación, el asumir que hay una nueva realidad y a partir de ahí vamos a crecer juntos.

J.A.: Esta pandemia ha azotado a toda la humanidad y nos ha demostrado nuestra fragilidad como mundo y como sociedad. En el campo de la farmacia y de los sanitarios se han puesto de manifiesto esas necesidades que llevábamos tanto tiempo diciendo: la necesidad de reforzar la salud pública, de apostar por la verdadera atención primaria y sociosanitaria… Esas son las lecciones que tenemos que sacar de esta crisis. Aunque todo ha cambiado, cada vez que pongo la televisión, no sé si estamos sacando algún tipo de aprendizaje. Desde las esferas públicas parece que tenemos dos mensajes y son absolutamente contradictorios: decimos que todos juntos salimos de esta y luego, cuando tenemos que hacerlo, parece que todos vamos separados.

«En estos momentos de crisis sanitaria y económica es cuando se aprecia a la gente que es líder de la que no lo es»

M.A.: Creo que hemos visto un sistema sanitario donde la medicina pública y privada han estado a la una, juntas. Muchas veces se habla solo de la medicina pública y se olvida de lo que han hecho los hospitales privados, que lo han dado todo, llegando en algunos casos incluso al borde de la quiebra. También hay que hablar, efectivamente, de la calidad de los profesionales que hay en España en todo el sector sanitario y de todas esas personas que han estado garantizando que no faltara nada. A todos ellos hay que valorarles plenamente y dotarles de las estructuras que necesitan para que puedan desempeñar su labor. Por otra parte, las situaciones de alta presión revelan la realidad, muestran la grandeza y la mezquindad en el mismo escenario, pero no con los mismos protagonistas. Hemos visto a algunas personas que han estado dispuestas a hacer todo lo posible para reconvertir sus fábricas para producir material sanitario; y, del otro lado, a otras que siguen aferradas a sus agendas particulares, a sus intereses personales sin mostrar interés en el bien común. En estos momentos es cuando se distingue a la gente líder de la que no lo es: el líder de verdad es quien une mentes y corazones en un propósito común.

La pandemia ha puesto de manifiesto la importancia de los cuidados y de los trabajadores esenciales como médicos, enfermeros, farmacéuticos, cajeros de supermercados, operarios de residuos, cuidadores… De esta crisis, ¿saldremos más humanos y más resilientes como sociedad? 

J.A.: En las farmacias que tenemos establecidas en España entran todos los días 2.300.000 personas. Estamos en contacto directo con los ciudadanos y hablamos con ellos no solamente de sus problemas médicos, sino de otro tipo de situaciones. Para nosotros eso es lo habitual. Espero que salgamos más humanos y más resilientes, pero lo que aprendamos hay que llevarlo a la práctica. Eso tiene que ser un pacto de todos y tiene que empezar por las administraciones y por los gobernantes. 

M.A.: ¿Vamos a aprender o no? Esa es la pregunta. Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que cuando se dice que volveremos a la normalidad no entendemos bien qué es, porque la normalidad a la que vamos a volver es otra realidad. Partíamos de un mundo bastante deshumanizado, no de un mundo ideal: antes de la pandemia, el ser humano había dejado de ser un fin y se había convertido en un medio. Nuestra sociedad necesita humanizarse porque, si no lo hacemos, esto nos volverá a pasar y será peor. La lección que tenemos que aprender es una lección de humanidad. Soy de los que pienso que, al final, no será el mundo que nos encontremos, sino el mundo que imaginemos que podemos crear. Sin negar las desavenencias o los intereses particulares de cada uno –las partes feas que todo ser humano tiene y que a veces se expresan de una manera notoria–, creo que nos tenemos que posicionar para crear algo que valga realmente la pena. Después del sufrimiento que han tenido montones de familias que han perdido seres queridos, de la tensión que han vivido la sociedad y las empresas, no podemos permitirnos el lujo de no salir mejor. Esto no puede ser solo una un panfleto publicitario: tiene que ser una voluntad radical de ser más generosos, más humildes, más valientes, más compasivos y más cooperadores, de apartar el ego con su hambre de poder y de control. De las cenizas tiene que surgir el ave fénix, pero eso es una decisión personal de cada uno para que realmente lo que ofrezcamos a esta nueva realidad no sea nuestra peor versión.

Esta crisis va a golpear con más fuerza a los más vulnerables. ¿Cómo se puede amortiguar el golpe de la desigualdad? 

J.A.: Tenemos que trabajar y no perder ese horizonte de que todos tenemos que salir de la crisis, –y cuando digo todos, es todos–. A  nivel del sector farmacéutico, nuestro sistema es un ejemplo de equidad e igualdad: el coste de un medicamento es el mismo en cualquier lugar del país, y llegamos donde no hay nadie. Desde el punto de vista social, es importante señalar que durante los meses de confinamiento pusimos en marcha un programa llamado Mascarilla 19 para mujeres con problemas de violencia de género. La farmacia española es un sensor social muy importante que ayuda a la sociedad y que va a continuar haciéndolo.

M.A.: Creo que va a haber que reforzar el aspecto psicológico. Habrá muchas personas que necesitarán una asistencia psicológica de primer orden y tiene que hacerse lo suficientemente accesible como para que no sientan que están metidos en un pozo sin salida. Por otro lado, he visto a lo largo de estos meses espectaculares iniciativas de la sociedad civil para ayudar a personas que pasaban hambre, empresas que estaban fabricando material sanitario sin buscar publicidad, sin poner sus logos, y por supuesto, también compromiso del sector público. Necesitamos ejemplos de esto, porque son los que nos inspiran. 

«Si trabajamos juntos, seremos capaces de conseguir nuestras metas mucho más rápido»

Ahora que ya estamos avanzando en las fases de desescalada, ¿cuál es la clave para conjugar la vuelta la nueva normalidad con la sensación de cierta inseguridad, ya que aún no tenemos vacuna contra el virus?

J.A.: Hay factores que son clave, como el distanciamiento social y las mascarillas. Esto lo tenemos que asumir desde el principio hasta que no tengamos vacuna, aunque nos cueste por nuestra manera de ser. Además, todos debemos comportarnos de forma prudente y responsable.

M.A.: Debemos tener muy presente dos elementos. El primero sería el miedo que, aunque muchas personas lo consideran como un enemigo del ser humano, depende de la dosis: cuando no hay miedo en una situación peligrosa, mejor deberíamos hablar de insensatez. El segundo es la prudencia: debemos mantener la distancia de seguridad, llevar mascarilla, lavarnos las manos… Eso sí, hay que tener muchísimo cuidado porque la dosis de miedo –en sí ya dañina– y puede serlo más que el propio virus si nos lleva al pánico. Estamos viendo que hay niños que no quieren salir de sus casas porque temen al virus, y eso no puede ser: una cosa es ser prudente y otra vivir con miedo.

La pandemia ha mostrado cómo nuestra salud está ligada a la lucha contra el cambio climático y al cuidado de la biodiversidad. ¿Creéis que la sociedad saldrá ahora más concienciada de la importancia de proteger nuestro entorno? 

J.A.: De esta crisis deberían salir reforzados dos temas fundamentales: el cuidado del planeta y la salud pública. En ambos temas ya no vale decir que hay que actuar, sino hacerlo. Para eso tenemos que aplicarnos todos nosotros, desde el punto de vista de ciudadano y también desde las administraciones. Todo ello tiene que formar parte de nuestro nuestro carácter.

M.A.: Recuerdo una frase de Albert Einstein que me impactó mucho: «el problema del ser humano no está en la bomba atómica, está en su corazón». Todo dependerá de si, en esta situación, nuestro corazón se ha renovado o no, porque será el que determinará que amemos a la naturaleza o que pretendamos someterla. Tenemos a favor que hemos tocado un nivel de fragilidad que, como sociedad, muchos de nosotros jamás habíamos conocido. La humildad suele ser un buen camino, porque deja de presentarnos como expertos y nos convierte en aprendices. 

Con todo lo que sabemos ahora, ¿qué conductas o medidas son necesarias para estar preparados ante un segundo rebrote?

M.A.: Hay que escuchar fundamentalmente a los profesionales, que son quienes de verdad saben y quienes están en contacto con la realidad. Tenemos que hacerlo con mente abierta, con deseo de verdad de colaborar con ellos.

J.A.: Debemos trabajar juntos y escuchar. Todas las personas que pueden aportar porque tienen el conocimiento, tanto en el sector público como el sector privado, tienen que cooperar. Si algún día hacemos ese ejercicio de trabajar juntos, estoy convencido de que seremos capaces de conseguir nuestras metas mucho más rápido. 

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