Sociedad

Radar Seres: viaje a la empresa del futuro

La Fundación Seres celebra sus diez años de vida con la creación de ‘Radar Seres’, un foro para hacer frente a los retos del mañana mediante la alianza entre empresas y sociedad civil. ¿Cómo puede la sostenibilidad contribuir a la formación de un mundo más justo?

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09
Oct
2019
sostenibilidad empresa

Todos somos protagonistas del cambio. Todos somos una pieza clave en el puzzle de la transición ecológica para garantizar la sostenibilidad de nuestro futuro. Para lograrlo, para prosperar y sobreponernos a los retos que se nos presentan por delante –la creciente desigualdad, la emergencia climática o los ataques digitales contra la privacidad y la seguridad– es imprescindible que nuestros objetivos sean los mismo o, al menos, muy similares: las empresas y el sector privado no pueden quedarse fuera de las reglas del juego: «Nos hemos dado cuenta de que el único camino que genera seguridad para operar en el mundo empresarial es la incorporación de la dimensión social (y el compromiso con la misma) dentro de la estrategia de la empresa». Así daba comienzo Ana Sainz, directora general de la Fundación Seres, al primer Radar Seres, un encuentro que ha reunido en el Teatro Real de Madrid a directivos y expertos en impacto social para reflexionar y profundizar en la agenda del mañana. Con motivo del décimo aniversario de la fundación, este foro se presenta, en palabra de Sainz, como «un espacio para afrontar los retos del presente y del futuro».

Para que las empresas se adapten a las nuevas circunstancias del mundo que habitan, más allá de que asuman las responsabilidades que tienen con sus accionistas, estas «deben abordar los retos que se nos presentan hoy tanto en el frente medioambiental como en el social», aseguró Carlos Torres Vila, presidente del BBVA, durante el encuentro. Si la cuenta de resultados sigue siendo el único objetivo de una empresa, «entonces dejamos de ser sostenibles», añadía. Para el CEO de Repsol, Josu Jon Imaz San Miguel, que las personas se sitúen en el corazón de la empresa no es nuevo: «Desde el inicio del capitalismo moderno, el humanismo siempre ha reivindicado que la empresa ha de estar enfocada en las personas y en la sociedad. No tiene sentido que esta sea ajena a las necesidades sociales».

En las escuelas de negocio se suele enseñar a los futuros líderes económicos una máxima que cobra cada vez más relevancia: es posible hacerlo bien –económicamente– y, a su vez, hacer el bien –social–. Por tanto, «la sostenibilidad tiene que servir para ganar dinero, todo lo demás no es rentable». De esta manera, Imaz recalcaba durante su ponencia cómo sostenibilidad y empresa forman parte de un binomio indisoluble: el clásico dilema de beneficio frente a impacto social se convierte en un problema del pasado, inexistente en toda empresa que quiera mantenerse a largo plazo. O, al menos, según los participantes en el encuentro, así debería ser. En caso contrario, su sino será desaparecer. «La empresa no pertenece solo a sus accionistas, sus empleados y las comunidades en las que opera son también sus dueños», lo simplificaba el CEO de Repsol.

Josu Jon Imaz San Miguel: «La sostenibilidad tiene que servir para ganar dinero, todo lo demás no es rentable»

Más allá del cambio de foco filosófico de las compañías, las nuevas tecnologías se presentaron en este foro como las dos caras de la moneda que nos llevarán a un cambio sustancial que precipitará la transición ecológica: una bendición y, a la vez, una fuente de retos que superar para que las empresas encuentren el equilibrio entre beneficio e impacto social positivo. «La tecnología está detrás de la sostenibilidad y del futuro de la empresa, pero nuestra conversación no trata de tecnología sino de humanidad: nuestro objetivo es hacer un mundo más humano usando la tecnología para ello y conectando a las personas», reconocía Emilio Gayo, CEO de Telefónica España, mientras hablaba de nuevos modelos de negocio. Ni siquiera una crisis económica es capaz, según el presidente ejecutivo de la empresa de telecomunicaciones, de frenar la revolución tecnológica y el compromiso de una compañía con la sociedad y con sus accionistas.

A los expertos y directivos más visionarios –esos que tienen la sostenibilidad en el centro de su discurso y de sus acciones– les preocupa la emergencia climática, la pérdida de biodiversidad, la contaminación de recursos naturales, las problemáticas derivadas de la seguridad y la privacidad en un mundo hiperconectado, pero también la desigualdad. Para el presidente de BBVA, abordar estos retos y «preparar el futuro» depende de las acciones que tomemos todos hoy y la capacidad de las empresas para movilizarse junto a la sociedad. Torres Villa lo dejó claro: «El futuro de la banca es financiar el futuro o no seremos sostenibles y no tendremos negocio a largo plazo». Para ello, los bancos, al igual que el resto del sector privado, necesitan alinearse con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo del París. De lo contrario, la máxima de minimizar los impactos negativos maximizando los positivos será imposible de seguir.

A pesar de los esfuerzos de organizaciones como la Fundación Seres, «tan solo el 21% de los directivos del mundo pensamos que el objetivo de los empresarios es alinearse con los ODS», aseguró Juan Pedro Moreno, presidente de Accenture en España, Portugal e Israel, haciendo referencia a los datos del estudio The Decade to Deliver: A Call to Business Action. La labor de los que sí apuestan por la Agenda 2030 es «ir de la mano de los gobiernos» para ondear juntos la bandera de la sostenibilidad de manera justa, sin dejar a nadie atrás. «Los empleos se van a transformar en la era digital y algunos desaparecerán», recordaba Moreno. Así pues, los retos más apremiantes en un futuro cercano serán el empleo –muy relacionado con esa tecnología que avanza a pasos agigantados–, pero también la educación. Leslee Udwin, fundadora de Think Equal, explicaba que el problema con esta última es que los modelos educativos imperantes en todo el planeta «se crearon en la Revolución Industrial, cuando lo que se necesitaban eran profesionales formados que pudiesen trabajar en fábricas. Esa idea está obsoleta, ahora necesitamos a personas, a humanos que empaticen, que se comuniquen, que entiendan su trabajo desde una dimensión mucho más emocional». Moreno coincidía con ella: «En breves veremos emerger el humanismo, la comunicación y las letras, todas esas disciplinas que hemos relegado por la emergencia que suponía desarrollar y crear tecnología».

Carlos Torres Vila: «El futuro de la banca es financiar el futuro»

Si, como abordaba Emilio Ontiveros, presidente de Analistas Financieros Internacionales (AFI), durante la jornada, «más de la mitad de las tareas que conforman los puestos de trabajo es susceptible de ser automatizadas con tecnologías hoy disponibles», la necesidad de una formación en habilidades diferentes a las aprendidas hasta ahora se antoja apremiante. Los profesionales de todas las edades tienen que someterse a una actualización continua de su talento y sus conocimientos, aunque «eso no sirve de nada si los empresarios no son conscientes de que los procesos de selección y los perfiles que llegan a estos no son los mismos que hace unos años», explicaba Mona Mourshed, CEO de Generation. Su organización, encargada de formar a adultos desempleados que quieren incorporarse al sector de las nuevas tecnologías, se encuentra una y otra vez con el denominado índice de desesperación. «Cuando estás desesperado por encontrar un talento que, de primeras, parece escasear, tienes que estar abierto a probar perfiles nuevos y darle un voto de confianza a la gente porque, por nuestra experiencia, las personas que se forman en algo nuevo después de haber tenido dificultades para encontrar trabajo suelen ser mucho más eficientes y comprometidas», aseguraba Mourshed.

Uniendo la sostenibilidad a la empresa y esta a la formación y a la educación, podremos luchar contra la desigualdad social y potenciar la inclusión y la diversidad. «Todos somos diferentes, no hay dos personas iguales, y no importa si estamos hablando del aula o del lugar de trabajo: tenemos que darle la bienvenida con los brazos abiertos a nuestras diferencias», añadió Udwin. Helena Herrero, presidenta de HP para España y Portugal cerró las intervenciones de especialistas con un mensaje que, aunque obvio, muchos suelen olvidar: «Es básico crear un impacto positivo y duradero para el planeta, las personas y cada comunidad en la que operamos». La responsabilidad de las empresas radicará en crear un mundo más justo y más sostenible si quieren mantenerse en ese rol de promotoras de cambio –económico y social– que las historia les ha asignado.

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