ENTREVISTAS

«La Primavera Árabe es una lucha por la dignidad»

Ethic entrevista al diplomático Shlomo Ben Ami, ex ministro de Exteriores de Israel y vicepresidente del Centro Nacional de Toledo para la Paz (CitPax).

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13
Ene
2012
Íñigo Keller | Fotos: Sandra Gallego Salvá

El diplomático Shlomo Ben Ami, ex ministro de Exteriores de Israel y vicepresidente del Centro Nacional de Toledo para la Paz (CitPax), defiende en esta entrevista el papel de Occidente en torno a la Primavera Árabe, y nos ofrece su diagnóstico sobre uno de los grandes acontecimientos que marcarán el rumbo del siglo XXI.

¿Qué diagnóstico hace de la Primavera Árabe?

Llegó tarde pero llegó y, por tanto, hay que verla con buenos ojos y con grandes esperanzas. Ha quebrado los moldes que teníamos sobre cómo se producirían los cambios en el mundo árabe. La gente de Al Qaeda defendía la violencia y el terror para llevar a cabo los cambios y los occidentales pensaban que era mejor que no cambiase nada porque el resultado iba a ser un régimen islámico. Ése era el paradigma desde el golpe de Estado del año 91 en Argelia cuando el Frente Islámico de Salvación (FIS) ganó las elecciones; el Ejército tomó el poder y Europa aplaudió, es decir, Europa estaba aterrada ante lo que podía significar una democracia árabe. La Primavera Árabe empezó en una generación distinta, no necesariamente a través de los islamistas. Es la generación de Twitter y Facebook. Y aquí cabe hacer una reflexión, y es que la estructura de las revoluciones históricamente tienen un denominador común: nunca quienes las iniciaron fueron los que después gobernaron. La Revolución Francesa empezó con la caída del rey Luis XVI y acabó con otro rey, con Napoleón. Los que ejecutaron al rey no fueron los que gobernaron después. En el caso de Rusia, empezó con Kérenski, que era una especie de democracia liberal, y acabó con la dictadura de Lenin. Es la ironía de la historia: los agentes del cambio al final son sobrepasados por otros, que son lo que toman el poder. El análisis europeo sobre los cambios en el mundo árabe en realidad no estaba mal encaminado porque es verdad que la única alternativa a la dictadura laica será una democracia islámica. Y eso es lo que estamos viendo. Pero ahora Occidente lo asume porque es ya un islam que aprendió las lecciones del yihadismo y se separa del yihadismo, aboga por la participación política, suaviza su mensaje y nunca es realmente mayoritario por lo que tiene que gobernar con otras formaciones.

 

Es políticamente incorrecto hacer esta pregunta pero lo cierto es que existen ciertas voces que cuestionan la viabilidad de la democracia en el mundo islámico

Yo creo que decir que alguien no está preparado para ejercer la libertad es muy duro. Esa idea viene de nuestro apego a la sociología política occidental tradicional, que dice que antes de llegar a la democracia necesitas una economía burguesa y una clase media, y sobre esa base aparecen las elecciones y la ampliación de voto y el sufragio universal. Es el modelo británico clásico. Yo creo que no tiene por qué ser así. Marx se equivocó al pensar que Gran Bretaña era el lugar para desarrollar la revolución de clases y, aunque da más confianza que exista un colchón sociológico para una democracia de estilo burgués, existen muchos casos en los que la democracia se ha consolidado sin responder a este patrón. En mi opinión es todavía un momento prematuro para hacer un análisis y juicio de todo el fenómeno de la Revolución Francesa. La Primavera Árabe va a ser el gran torneo del siglo XXI y no es algo que vaya a acabar pronto. De momento, hemos tenido Egipto, Túnez, Argelia –donde se equivocan si piensan que ya tuvieron su transición-, Marruecos –que es un país distinto porque siempre ha existido un proceso de cambio, aunque sea desesperadamente paulatino-, Siria –donde intentan convencer al mundo que se trata de una Guerra Civil y no de un matanza de sus propios conciudadanos, pero intuyo que este hombre [Bashar al-Assad] tiene sus días contados-… En el Golfo Pérsico no pasa nada; los monarquías del Golfo siguen donde estaban. Tampoco nadie nos asegura que donde se han producido cambios, éstos no vayan a continuar. Las transiciones son frágiles todavía, ahí está el ejemplo de Egipto, donde el Ejército tiene muchos intereses y mucha influencia y trata de establecer claramente un modelo basado en el pretorianismo.

El diplomático Shlomo Ben Ami, ex ministro de Exteriores de Israel, atiende una llamada de telefono tras la enrevista con Ethic.

 

Estas revoluciones han llevado también a cuestionar el papel de Occidente, es decir, sus relaciones con regímenes cleptócratas y dictadores sátrapas que tiranizan a sus países.

Yo no soy muy crítico ante esta relación. Entiendo que el ciudadano árabe que hoy se rebela lo sea. En los últimos árabes ha habido un clima muy antioccidental en las masas árabes precisamente porque los líderes de estos países eran prooccidentales. Existía esa idea de que se estaba apoyando a líderes que tiranizaban a sus ciudadanos. Pero Occidente, ¿qué podía hacer? Son los países los que tienen que liberarse y en el momento en que dado señales claras y evidentes de que quieren sacar del poder al dictador, Occidente ha respondido. Cuando Bush hijo atacó Irak mintió porque para la ONU era totalmente inadmisible la verdad, ya que el sistema westfaliano internacional significa que cada uno es soberano en su territorio. Se habló mucho del derecho de injerencia, el derecho de intervenir por razones humanitarias…Pero en Naciones Unidas tienen claro que un país no puede intervenir en los asuntos internos de otro. Por eso la mentira de las armas de destrucción masiva era lo único que les abría la posibilidad de tener cierta legitimidad… El tema de la culpa de Occidente es complejo. Es comprensible que se hagan estas preguntas: ¿por qué Occidente no trató de pararles antes o por qué les apoyo? Les apoyó porque hay razones de real politik totalmente legítimas como la Guerra Fría en su momento, el sistema de relaciones internacionales… Hay algo muy curioso en el discurso internacional: lo únicos que siempre salen ilesos son Rusia, China… Ellos no tienen la culpa de nada.

Pero  es cierto que ellos, con todas sus sombras, tampoco se arrogan ciertos principios democráticos…

De acuerdo, ¿pero dónde está la ayuda internacional que Rusia ha dado a alguien sin exceptuamos a los países que estaban bajo el yugo de la Unión Soviética? Klipping lo denominaba la carga del hombre blanco. Esta obsesión con la culpa de Occidente es comprensible. Yo siempre he criticado, por ejemplo, que los americanos ocuparan Afganistán y se quedaran allí tantos años. India, China o Rusia tienen allí muchos intereses pero a nadie se le ocurre mandar un Ejército. Decía que es cierto que hay una actitud criticable y que tiene muchos fallos pero tampoco tenemos que caer en el discurso de que Estados Unidos tiene que resolver todos los problemas del mundo y democratizar todos los países…

Mi pregunta no iba a Estados Unidos, iba más dirigido a la relación de Occidente con dictadores sanguinarios como Gadafi.

Sí, pero lo cierto es existe un odio hacia Estados Unidos.

Quizá sea porque Estados Unidos ha mostrado en el último siglo un macho mayor afán imperialista…

Bueno, la palabra imperialista está un poco usada y abusada. Se trata de un puzzle algo más complejo. Si hay algún problema en algún lugar del mundo, la misma gente que saldrá a criticar el imperialismo americano, saldrá a censurar que no intervenga Estados Unidos si no hace nada. Será la misma gente. Al fin y al cabo, la labor de liberarse es de cada pueblo y la culpa la tendrá quienes no se movilicen para ayudar a quienes lo piden y salen a la calle.

 

¿Qué relación hay entre la Primavera Árabe y el conflicto árabe-israelí?

En  los últimos ochenta años el mundo árabe ha tenido dos despertares. Uno fue en los años 30 del siglo pasado yotro es el que estamos viviendo ahora. ¿Cuál es la diferencia? El primero iba dirigido hacia fuera, iba contra el colonialismo, contra Gran Bretaña, contra las fuerzas oscuras del imperialismo occidental y contra el sionismo que empezaba esos año ha poner raíces en la zona. El actual despertar no tiene que ver ni con Estados Unidos, ni con Europa ni con Israel. El actual despertar es hacia adentro, una lucha interna por la dignidad, contra la corrupción, contra la incompetencia de los líderes. En principio, en su génesis, Israel no tiene nada que ver con la Primavera Árabe, pero después, claro, sí surgen consecuencas. Yo ahora mismo veo a Israel metido en una trampa estratégica que se agudiza por la Primavera Árabe. Con el régimen de Mubarak y con los dictadores había cierta complicidad. No se puede imaginar hoy, por ejemplo, con los Hermanos Musulmanes en Egipto como una fuerza política legítima, que continúe la complicidad entre Israel y Egipto en el bloqueo de Gaza. De repente aparece una política exterior nutrida por el pueblo. Ya no puedo decidirse entre el dictador y sus más directos colaboradores. Hay una presión popular y una política exterior democrática siempre da más credibilidad. La Primavera Árabe le transmite un mensaje esencial a Israel: la única manera de tener una relación civilizada con sus vecinos pasa por la solución del problema palestino. El conservadurismo y la parálisis en un tiempo de cambios es algo inadmisible y creo que Israel tiene que comprender que este es el tiempo de tomar iniciativas políticas.

El papel de Obama ante el conflicto árabe-israelí generó unas expectativas que han ido evaporando con el tiempo. ¿Usted qué opina?

Sí, se esperaba mucho más de Obama y al final fue absorbido por la crisis económica y por los obstáculos tradicionales de la política doméstica. Hay que esperar que si gana las elecciones y tiene un segundo mandato lleve a cabo aportaciones más relevantes. Creo que Obama también se equivocó en su planteamiento: el énfasis que el puso en el tema de los asentamientos, aunque comprensible desde un punto de vista legal, no fue muy inteligente desde un punto de vista político. Sorprende que cuando se van a cumplir 20 años de la Conferencia de Paz de Madrid, Washington parezca no sepan el abecé de este proceso.

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