Derechos Humanos

Ellos son nosotros

El doctor de Médicos Sin Fronteras Simon Bryant escribe este artículo a bordo del buque de salvamento MY Phoenix. La organización ha rescatado a más de 5.800 personas en el Mediterráneo en los dos últimos meses.

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10
Ago
2015

Era la mañana del 6 de junio y apenas quedaban dos semanas para que se conmemorara el Día Mundial del Refugiado. El MY Phoenix afrontaba a un horizonte en el que destacaban cinco embarcaciones de madera en las que más de dos mil huían… de algo.

¿Cómo habíamos llegado hasta esta situación? El equipo de rescate de MOAS había comenzado hacía horas una operación de salvamento entregando chalecos salvavidas a un primer bote cuando, de repente, avistamos cuatro embarcaciones más. Una de ellas estaba  alarmantemente baja; hasta un niño podía percibir que se estaba hundiendo.

De inmediato, enviamos un segundo bote de rescate apoyado por el despliegue de lanchas semi rígidas para intervenir en el caso de que la frágil embarcación se hundiera repentinamente o volcara. Todos los esfuerzos se dirigieron a conseguir evacuar a quienes se hacinaban en esa barcaza y a que sus más de 500 ocupantes tuvieran chalecos salvavidas rápidamente.

Cuando ya habíamos trasladado a unas 200 personas al MY Phoenix, la proa de la barca aparentaba estar menos hundida y el bote recuperaba estabilidad. El riesgo de naufragio se reducía para una embarcación que, apenas unos minutos antes, parecía estar dando cabezadas y quedándose dormida a merced de las olas.

Navíos de guerra alemanes, irlandeses e italianos y un barco de la Guardia costera italiana llegaron para asistir a quienes viajaban en los otros botes. Fue gratificante ver cómo estos enormes buques concebidos para la batalla se dedicaban al rescate de embarcaciones de madera llenas de personas muy vulnerables y las llevaban a un lugar seguro.

¿Pero por qué cientos de personas afrontaban un riesgo de tal calibre? ¿Qué les llevaba a tratar de cruzar el Mediterráneo en estas condiciones? Desde luego, su situación tiene que ver con los acontecimientos y el caos que se vive en Libia, con lo que supone tener que huir a Europa como única salida en busca de un futuro tras abandonar una Siria devastada, o con el horror que muchos padecen en Eritrea como constata Naciones Unidas en una investigación sobre los derechos humanos en el país.

Ese 6 de junio dimos la bienvenida a bordo del MY Phoenix a 372 personas. La mayoría procedían de Eritrea y entre ellas había tres mujeres embarazadas y 25 niños menores de cinco años. Sus aspiraciones y los motivos por los que se embarcaron en este viaje incierto estaban claros: no esperaban conseguir mejores trabajos en Europa ni vivir de restos de los estados de bienestar de los países de acogida; sólo buscaban sobrevivir y no ser tratados como esclavos, no tener que vivir aterrorizados o en una zona de guerra.

¿Cuáles son las raíces de esta crisis? Quizás la clave se encuentre en el libro que estoy leyendo en el tiempo que me dejan los rescates, la atención a los pacientes a bordo y las tareas de reabastecimiento cuando regresamos a puerto. En Tribus Morales, Joshua Greene presenta la convincente teoría de que «nuestros cerebros morales evolucionaron para la cooperación dentro de los grupos y, quizás, en el contexto de las relaciones personales. Pero no evolucionaron para la cooperación entre los grupos». Hay, aparentemente, numerosas y sólidas evidencias de esto, que van desde escáneres cerebrales durante la resolución de problemas morales a ejemplos históricos razonados.

Por fortuna, Joshua Greene considera que, con un poco de comprensión y esfuerzo, podemos superar nuestros prejuicios personales y de grupo y cooperar a mayor escala en beneficio de todos.

Lo que nos lleva de vuelta al año 2015 y a las millones de personas desplazadas de Eritrea, Somalia, Sudán, Libia, Siria y otros países que huyen buscando la posibilidad de tener una vida decente, donde sea. Buscan asilo mientras escapan de la persecución, la guerra y la pobreza. En algunos casos, sólo tratan de mejorar su suerte en la vida al igual que haríamos usted o yo, sin lugar a dudas, de encontrarnos en su situación.

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Los momentos de tranquilidad a bordo del MY Phoenix nos permiten reflexionar y hacernos preguntas que no tienen respuestas sencillas. Así, algunos sostienen que las operaciones de rescate en el mar solo alientan a que más personas intenten cruzar; es lo que se ha venido a denominar como “efecto llamada”.

Frente a ese argumento se ha señalado que, a pesar de que los recursos de salvamento disponibles antes del inicio del verano eran dramáticamente menores que los que existían en 2014, el número de personas que tratan de llegar a las costas de Europa se ha incrementado.

Desde mi punto de vista, creo que ese efecto llamada no es relevante para el problema fundamental: que estas personas tienen que salir de sus países de origen y arriesgarlo todo sólo para poder respirar libremente y dar una oportunidad a sus hijos.

Localizarlas y rescatarlas en el mar no es la solución definitiva, pero debemos hacerlo hasta que se aborden las raíces fundamentales que provocan estos desplazamientos y se creen rutas nuevas y seguras para que puedan llegar a un lugar a salvo.

No se trata de una discusión que se deba basar en traficantes, efectos llamada o cuotas migratorias. En mi opinión, se trata de abordar el asunto desde un ángulo basado en la confianza necesaria para ver y actuar más allá del status quo de “nosotros” y “ellos”.

Simon Bryant -Canadá, 1959- es uno de los dos doctores de Médicos Sin Fronteras que forman parte del equipo a bordo del buque MY Phoenix, el barco de búsqueda y rescate puesto en marcha por la organización en colaboración con la Estación de Ayuda al Migrante por Mar (MOAS, en sus siglas en inglés) para dar respuesta a la crisis humanitaria de las personas que tratan de alcanzar Europa por mar.

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Este post forma parte del Concurso de Post Solidarios que la Fundación Mutua Madrileña ha puesto en marcha con motivo de los III Premios al Voluntariado Universitario www.premiosvoluntariado.com

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