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La vejez llega cada vez más tarde

Hoy la sociedad retrasa cada vez más la frontera de la vejez, demostrando que ser «viejo» es menos una cuestión biológica que una construcción social en constante cambio.

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19
febrero
2026

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De cuando en cuando circula por redes sociales algún vídeo que muestra a jóvenes de los años 80 o principios de los 90. Pueden ser franceses bailando en una boîte de aires sofisticados o españoles que responden a preguntas ante la cámara de una televisión. Lo que todos esos vídeos tienen en común es una avalancha de comentarios señalando lo increíblemente «viejos» que se ven esos jóvenes de 20 o 30 años del pasado. Pero ¿qué es exactamente ser viejo? Esta es una pregunta que conecta desde las crisis existenciales (como la famosa «crisis de los 40») hasta problemas serios como el edadismo. Más allá de las cuestiones físicas y de salud, la vejez —o lo que sentimos como tal— tiene mucho de constructo social. Uno en el que, en los últimos años, hemos ido empujando para que empiece cada vez más tarde.

En cierto modo, es un tanto paradójico. Si la sociedad está haciendo la infancia más corta (un 84% de los padres y madres actuales cree que su descendencia crece más rápido de lo que ocurría antes) y se acelera la entrada en la juventud (o primera edad adulta), no ocurre lo mismo con las siguientes etapas. La precariedad y las crisis económicas condenan a una suerte de adolescencia eterna y no se siente que se deja de ser joven hasta más o menos los 40 años. Luego, quedan muchos años por delante antes de entrar en la llamada tercera edad. La edad de jubilación se está retrasando en prácticamente toda Europa, pero al mismo tiempo la propia percepción de la vejez empuja esa etapa de vida más lejos.

Las estadísticas lo confirman. El reciente estudio de Ipsos Attitudes to Ageing 2025 concluye que, a nivel global, se está cambiando la idea de lo que supone la vejez y su importancia. De entrada, el informe ha descubierto ya un hecho sorprendente. Cierto es que la subida de la esperanza de vida y el envejecimiento de la población mundial han hecho que el número de personas de más edad haya aumentado ahora frente a la comparativa histórica. Sin embargo, la ciudadanía sobreestima la cantidad de personas mayores de 65 años que viven en sus países. Así, si se le pregunta a una persona cualquiera en España cuánta gente cree que tiene más de 65 años dirá que 3 de cada 10, cuando en realidad son unas 2 de cada 10.

Pero no es casualidad que en los últimos años se hayan repetido como un mantra en titulares, análisis, eslóganes de productos y promesas en redes sociales que los 60 son los nuevos 50 o los 40 son los nuevos 30. Se podría decir que la gente se siente juvenil.

Tanto que, volviendo al estudio de Ipsos, la edad que marca la frontera psicológica colectiva entre quién es viejo y quién no se ha ido retrasando. España es, tras Italia, el país de Europa que pone la cifra más elevada. Son los 73 años (eran los 74 en 2018, según el estudio previo de Ipsos, pero sus analistas no consideran que este retroceso de un punto sea significativo).

La frontera psicológica entre quién es viejo y quién no se ha ido retrasando

Este retraso tiene mucho que ver, primero, con que la edad tiene muchas facetas. Existe la edad biológica (la de nuestro propio cuerpo), la psicológica (la de nuestra madurez mental) y la social (la que el consenso social ha marcado). Esta última es justo la que se ha ido retrasando, a medida que los hitos vitales también lo han hecho o han ido cambiando. Pero incluso se podría decir que la primera, la biológica, también se ha alterado, porque se ha producido una espectacular mejora de la calidad de vida en la segunda mitad del siglo XX gracias al estado del bienestar, los avances en salud o la mejora de la alimentación colectiva. Si una persona de 55 o 60 años en 1910 podía sentir que estaba en la recta final de su vida, hoy en día tiene todavía por delante muchos años.

«Hay una tendencia histórica sorprendentemente sólida hacia un aplazamiento o un comienzo subjetivo más tardío de la vejez», le explica Markus Wettstein, psicólogo en la Universidad de Humboldt, a El País. «Y aún no entendemos totalmente el motivo». El investigador es responsable de un estudio sobre este cambio en la percepción que confirma, como lo hacen los datos de Attitudes to Ageing 2025, que se pone más tarde que antes el inicio de la vejez.

Otro dato curioso es que las mujeres perciben que la vejez arranca más tarde de lo que lo sienten los hombres. El estudio universitario habla de que para ellas empieza 2,4 años más tarde y el de Ipsos 3 años después (ellos sienten que se es viejo ya a los 71, ellas a los 74). Por supuesto, la percepción de cuándo empieza o no esta fase de la vida varía a lo largo de los años: cuánto más se acerca ese momento, más lejos lo ponemos. El informe de Ipsos apunta que los menores de 35 años ven a alguien de 69 años como una persona «ya vieja», mientras que los mayores de 50 ponen la frontera en los 76.

Además, el cambio de percepción sobre la vejez no solo impacta en cuándo arranca sino también sobre cómo la vemos. Vale que la mayoría de la población querría ser joven eternamente, pero el 43% de la población española confiesa que tiene ganas de llegar a esa etapa de vida. Es, nuevamente, el país europeo (solo superado por Italia) en el que se ve con mejores ojos la llegada de esa edad madura.

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