La psicología del ‘journaling’
Llevar un diario funciona tanto como una herramienta de organización personal como de autoexploración y bienestar emocional.
Artículo
Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 4 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).
COLABORA2026
Artículo
El journaling ha experimentado un notable auge en los últimos años. En una era donde todo parece digital, esta práctica resurge para crear hábitos o rituales fuera de las pantallas. Es como volver a los diarios infantiles. Puede adoptar diferentes formas. Por un lado, tiene una dimensión práctica que incluye hacer listas, registrar acontecimientos del día, hacer planes futuros, enumerar libros que se desean leer, viajes o películas pendientes; por el otro, una dimensión más emocional y reflexiva orientada a explorar la experiencia interna (ideas, pensamientos, emociones, estados corporales…). Funciona, por lo tanto, como una herramienta de organización personal como de autoexploración y bienestar emocional.
Los profesionales de la salud mental aseguran que el valor terapéutico del journaling se relaciona con el valor terapéutico de la escritura. Esta idea comenzó a explorarse en la década de 1960, cuando el psicoterapeuta Ira Progoff desarrolló el método del diario intensivo que mostraba cómo poner en palabras la experiencia facilitaba una comprensión más profunda de uno mismo y del sentido vital. Uno de los beneficios psicológicos que los expertos describen del journaling es su impacto en la reducción del estrés y en la regulación emocional.
La escritura personal permite acceder a dimensiones internas que no siempre están disponibles para el pensamiento racional o el lenguaje. No solo las reflexiones profundas ayudan en este proceso; incluso notas breves pueden convertirse en un recurso sencillo para escuchar las propias emociones, comprenderlas y regularlas, favoreciendo una mayor capacidad de respuesta ante ellas. En este sentido, la psicóloga experta en trauma Lidia Luna destaca que escribir desde la escucha corporal facilita reconocer las emociones que emergen en el momento y acceder a información que, a menudo, queda sepultada por el ruido mental. Esto desacelera la mente y abre un espacio donde el cuerpo puede ser escuchado.
La pausa que introduce el journaling crea un territorio seguro donde lo emocional se vuelve más manejable. Esto favorece también el autoconocimiento, ya que las emociones contienen información valiosa sobre lo que se necesita y facilitan tomar decisiones más alineadas con los propios valores. Escuchar la propia experiencia también mejora la forma de vincularse con los demás, ya que ayuda a comunicar mejor, poner límites o comprender conflictos.
A nivel cognitivo, se ha demostrado que sobre el papel se identifican mejor los patrones repetitivos o los bucles de pensamiento, lo que contribuye a la clarificación de creencias confusas. Es importante señalar que escribir no sustituye la atención profesional en casos de trauma grave o trastornos complejos. En estas experiencias de sufrimiento intenso, puede ser necesario un acompañamiento profesional para evitar que la escritura reactive el dolor sin contención.
Poner en palabras la experiencia facilita una comprensión más profunda de uno mismo y del sentido vital
Por otro lado, el journaling también fomenta bienestar. La escritura pone en contacto al ser humano con sus recursos internos, valores personales, capacidades y fortalezas. Ejercicios sencillos, como registrar los momentos significativos del día o llevar un diario de gratitud ayudan a organizar ideas y prioridades, mientras entrenan la atención hacia lo cotidiano. Como señala Lidia Luna, la resiliencia no siempre nace de grandes revelaciones, sino del hábito de reconocer lo pequeño como valioso, la alineación entre acciones y el propósito vital. También tiene cabida la dimensión creativa que genera disfrute, ya que escribir puede entenderse como un recurso expresivo y liberador cercano a la arteterapia.
El impacto del journaling no se limita a la regulación emocional, sino que alcanza también a la identidad narrativa o la historia que cada persona se cuenta sobre sí misma. Permite abrirse a la posibilidad de escribir otros relatos más extensos y más respetuosos con el yo. Desde la psicoterapia narrativa se sostiene que los relatos que construimos influyen directamente en cómo interpretamos nuestra vida. La psicóloga clínica María Alonso explica que muchas personas llegan a consulta atrapadas en relatos saturados de dolor o historias rígidas centradas exclusivamente en el problema. La escritura en psicoterapia posibilita rescatar aspectos olvidados de la historia personal que uno se cuenta, como momentos de resistencia, decisiones valiosas, capacidades internas o vínculos significativos. Esto devuelve a la persona un lugar central en su propia historia.
Además, el journaling puede tener un valor especial entre las profesiones con una alta carga emocional, como la sanidad o la educación, ya que sirve de puerta de entrada al mundo de la medicina narrativa. Rita Charon subraya que la escritura funciona como recurso para procesar la angustia moral, explorar dilemas éticos y prevenir el burnout. En estos profesionales, escribir permite sostener experiencias que no siempre encuentran espacio en las estructuras institucionales, favoreciendo la empatía, una mayor integridad personal y una relación más humana con el propio trabajo.
Iniciarse en el journaling no requiere habilidades especiales ni una disciplina estricta. Dedicar entre cinco y quince minutos al día suele ser suficiente, aunque no es obligatorio hacerlo a diario. La práctica puede adoptar múltiples formas: narrar el día, registrar tareas explorar emociones, escribir libremente, señalar los momentos de gratitud, planear o clarificar metas. Su efectividad aumenta cuando se entiende como un espacio de autoexploración y cuidado, desde la honestidad y no desde la autoexigencia ni la obligación.
También cobra relevancia el vínculo con lo material. Existe una auténtica fascinación en muchas personas por las libretas, bolígrafos, cuadernos para escribir o dibujar que no son solo accesorios superficiales, sino soportes simbólicos que ayudan a sostener la práctica. En definitiva, el journaling funciona como un recurso terapéutico y preventivo, pero también como una práctica ética, ya que ayuda a habitar la propia existencia con mayor atención, presencia y responsabilidad. No se trata de controlar la vida, sino de relacionarse con ella con mayor conciencia.
COMENTARIOS