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La mirada filosófica de Cervantes

Miguel de Cervantes presentó en sus obras más conocidas, como ‘Don Quijote de la Mancha’ y las ‘Novelas ejemplares’, un humanismo teocéntrico, en el que el ser humano es la medida de todas las cosas.

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05
marzo
2026

Los temas filosóficos en la obra de Miguel de Cervantes (1547 – 1616) se despliegan como una tensión entre la fantasía y la realidad del ser humano. Es la representación literaria del humanismo, en el que se toma a cada persona y sus actos como medida de todas las cosas, y explora compleja y hondamente la realidad que lo atraviesa, así como su moral.

Cervantes, el máximo representante del Siglo de Oro, vivió la transición entre el Renacimiento y el Barroco. Por ello, y dadas sus creencias personales, su humanismo es teocéntrico, pues la aspiración de Cervantes en su literatura era armonizar el cristianismo con los estudios humanísticos, así como con la moral socrática y estoica. Esta mirada filosófica se enfrenta entre el humanismo clásico y la realidad política y social de la época, ya que, según el filósofo Schelling, Cervantes «representa la lucha simbólica entre lo ideal y lo real». La propia condición humana, en la época de Cervantes, se ve afectada por las crisis de subsistencia de las clases populares y por una falta de libertad que abogaban los nacionalismos religiosos.

La aspiración de Cervantes en su literatura era armonizar el cristianismo con los estudios humanísticos

En este humanismo no idealiza al ser humano, aunque tampoco presenta una condena frente a sus actos, sino que los comprende. Los personajes cervantinos se equivocan, engañan a otros y se dejan llevar por pasiones, ardores y arrebatos, pero no los mueve un motivo verdaderamente perverso. Por tanto, las ideas y las propuestas de Cervantes que presentaba en sus obras corresponden al humanismo clásico y a las reformas religiosas y sociales de la época. El valor que le daba a la libertad en sus obras supuso una revolución moral y política respecto al medievalismo.

‘Don Quijote de la Mancha’

Quijote, Sancho. Sancho, Quijote. Con esta representación de la dualidad humana se vertebra la mirada humanista de Cervantes en todo Don Quijote de la Mancha: Quijote, como idealista, se ve impulsado por los ideales y las pasiones, y su realidad habita en el mundo de la fantasía y las fantasmagorías; está afectada por la realidad que lo rodea y lo hace virar hacia una libertad enloquecida. Por otro lado, Sancho representa lo terrenal y nacional, la realidad sofocante que intenta mantener a Don Quijote fuera de una liberación que él mismo crea.

Quijote representa el idealismo y las pasiones; Sancho, lo terrenal y nacional

En Don Quijote de la Mancha se refleja una vertiente filosófica cercana al humanismo, que es el realismo existencial. El realismo existencial es la propuesta antropológica que comprende que la vida tal cual es no es suficiente, puesto que necesita la ficcionalidad para que sea real. Don Quijote vive una ficción que no es mentira, pero tampoco es verdad, porque la vida misma no parece tampoco una realidad. Esto a su vez permite la reflexión filosófica tanto sobre la libertad, que es una clave fundamental en la obra cervantina, como de la importancia de tener ideas para hacer que el mundo que habitamos sea mejor.

La representación de Don Quijote de la Mancha anticipa algunos aspectos esenciales de los objetivos políticos, ideológicos, progresistas y demócratas que fueron los cimientos de la Ilustración: la libertad más profunda, la independencia, la defensa y la lucha por la paz, la igualdad, la fraternidad y la justicia.

‘Novelas ejemplares’

Las Novelas ejemplares de Cervantes son una colección de doce novelas cortas. ¿Por qué son «ejemplares»? El autor lo explica en el prólogo: «Heles dado el nombre de ejemplares, y si bien lo miras, no hay ninguna de quien no se pueda sacar algún ejemplo provechoso; y si no fuera por no alargar este sujeto, quizá te mostrara el sabroso y honesto fruto que se podría sacar, así de todas juntas como de cada una de por sí».

En estas novelas, el humanismo cervantino presenta todo su esplendor: en ellas, el autor muestra juicios morales ambiguos y situaciones en las que la verdad no es evidente. En las novelas cortas como Rinconcete y Cortadillo se presenta la realidad más absoluta, donde lo marginal (personajes como pícaros, prostitutas y ladrones) es el centro de la acción, pero en otras como El amante liberal pone énfasis en la imaginación y la vida según unos ideales avanzados de libertad y amplitud de creencias tras una conquista religiosa.

El antropocentrismo de estas obras y la presentación de la condición humana en todos sus sentidos, además de un sentimiento católico que vertebra el humanismo teocéntrico de Cervantes, reflejan la moralidad y la crítica social de la mirada filosófica de nuestro autor más universal.

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