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Por qué los incendios reactivan la ecoansiedad

Las imágenes de los incendios forestales generan preocupación, impotencia e incertidumbre incluso cuando ocurren a miles de kilómetros. En un contexto de crisis climática, esa respuesta emocional puede convertirse en ecoansiedad. Comprender por qué aparece y cómo gestionarla resulta fundamental para evitar que el miedo bloquee la capacidad de actuar.

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30
julio
2026

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Cada verano, las imágenes de grandes incendios forestales vuelven a ocupar el espacio informativo y las redes sociales, despertando en gran parte de la población una sensación de angustia –incluso cuando están ocurriendo lejos de nuestros hogares–. Las olas de calor y el aumento de los incendios evidencian los efectos de la crisis climática, pero también alteran la forma en que muchas personas perciben el futuro. La incertidumbre o el sentimiento de impotencia que generan estos episodios pueden intensificar la ecoansiedad, una respuesta emocional vinculada a los desafíos ambientales. Entender por qué ocurre y cómo gestionarla es clave para evitar que el miedo no termine eclipsando la capacidad de actuar.

El fuego irrumpe de forma abrupta y transforma el paisaje en cuestión de horas. Para David Sojo, psicólogo sanitario y psicoterapeuta especializado en Terapia Estratégica, la rapidez y el carácter imprevisible de los incendios alimentan una sensación de vulnerabilidad: «El mecanismo principal es el de la indefensión. Ves que la situación te desborda absolutamente, que no tienes ningún control sobre lo que pueda pasar». Se da un sentimiento de impotencia y la percepción de que estos acontecimientos escapan al control individual puede amplificar el malestar.

Sin embargo, experimentar ansiedad climática no implica necesariamente padecer un trastorno psicológico. Tal y como explica Silvia Collado, catedrática de Psicología Ambiental de la Universidad de Zaragoza, se trata de una respuesta emocional esperable ante una situación real: «Sentir cierta preocupación o ansiedad es normal y además la ansiedad es una emoción que nos ayuda a movilizarnos».

La complicación aparece cuando la persona llega a un punto en el que no puede disfrutar de su vida cotidiana porque está continuamente pensando en el cambio climático. En estos casos, la ansiedad es tan intensa que puede generar problemas para dormir, socializar o incluso en tareas como ir a la compra. También puede provocar una búsqueda obsesiva de información, una consecuencia que, lejos de aportar tranquilidad, aumenta la incertidumbre.

Cómo evitar la parálisis

Ahí es donde, según Sojo, muchas personas entran en un bucle intentando asegurarse de que los efectos de la crisis climática no les van a afectar directamente, una expectativa imposible de satisfacer: «Entra la paradoja de la seguridad: cuanto más buscas la certeza en algo que no existe, más inseguro te sientes. Por lo tanto, lo principal es asumir lo que está fuera de nuestro alcance». Aceptar que hay una parte del cambio climático que escapa al control individual, añade Sojo, es el primer paso para reducir la angustia.

Poner el foco en la solución y no tanto en la amenaza ayuda a reducir los niveles de ansiedad

Frente a estrategias como la desconexión o el escepticismo, que pueden aliviar el miedo de forma momentánea pero que no eliminan el problema, Collado propone orientar la emoción hacia la acción: «Lo que se sugiere es que nos juntemos con personas, con asociaciones que estén llevando a cabo acciones para frenar la crisis climática. Esto nos hará, por un lado, sentirnos comprendidos y por otro, ver que si nos agrupamos sí que podemos llevar a cabo pequeñas acciones que nos vayan ayudando a ver que poco a poco se puede ir revirtiendo o aportando a esta situación». La psicóloga señala que este planteamiento contribuye a que el foco se ponga sobre la solución y no tanto sobre la amenaza, reduciendo así los niveles de ansiedad.

Prevención, gestión y adaptación

Más allá de la perspectiva psicológica, disponer de información útil, veraz y continuada sobre los incendios forestales también puede ayudar a disminuir la sensación de incertidumbre. Para Virginia Carracedo, geógrafa y profesora titular en el Departamento de Geografía, Urbanismo y Ordenación del Territorio de la Universidad de Cantabria, el debate público sigue demasiado centrado en los momentos de emergencia: «Necesitamos hablar más de prevención, gestión territorial y adaptación al riesgo, y menos de incendios únicamente cuando ya se han convertido en una emergencia. Los medios de comunicación y las redes sociales tienen un papel fundamental para mantener este debate vivo durante todo el año y ayudar a construir una ciudadanía más informada, preparada y consciente de los desafíos que plantea la convivencia con el fuego».

Carracedo defiende la importancia de mantener una conversación constante porque desconocer las características del territorio, los riesgos de incendio o las medidas de autoprotección aumentan la vulnerabilidad de la población. A su juicio, el conocimiento sobre los incendios forestales permite comprender mejor el fenómeno y reduce el temor que muchas personas padecen cada verano.

Asumir que el fuego va a seguir formando parte de un contexto climático cada vez más complejo, aprender a gestionar la ansiedad climática y centrar la atención en iniciativas en las que sí se puede actuar permite transformar el malestar en colaboración. La preocupación por sí sola no reduce el riesgo; la preparación, el conocimiento y la acción sí contribuyen a afrontarlo con mayor confianza.

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