El coste de los incendios forestales
Cada verano, el monte arde. Los incendios se han vuelto más extremos, lo que también ha disparado su factura, tanto económica como medioambiental.
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Uno de los problemas medioambientales más graves de los veranos son los incendios forestales. Aunque en los últimos años el problema se ha desestacionalizado, el periodo estival sigue siendo el más sensible. Las altas temperaturas y los episodios de seca crean un contexto más propicio para el fuego. Pero ¿qué factura pasan los incendios? Los costes ambientales son los más evidentes. Con cada hectárea que se pierde, desaparece también biodiversidad. A las zonas afectadas por los fuegos descontrolados, les cuesta recuperarse; algunas estimaciones apuntan a una media de 4 años en el caso de los montes.
Esta pérdida de biodiversidad es a primera vista y para el público general un tanto invisible, pero tiene efectos que perviven. La Universidad de Córdoba intentó traducirlo de forma tangible en un estudio de 2019. «A la hora de calcular las pérdidas económicas de un incendio nunca se tiene en cuenta el coste del impacto sobre las especies que viven allí», señalaba entonces el investigador Ricardo Zamora, uno de los responsables del estudio. «Se necesita ponerle valor a la biodiversidad y para ello es importante poner cifras», aseguraba. En este caso, habían tomado como referente el incendio forestal que afectó a Doñana en 2017 y determinaron que el fuego había supuesto un impacto negativo para el parque de casi 300.000 euros en pérdida de biodiversidad.
Los incendios forestales tienen también costes sociales y económicos. Para las comarcas más afectadas, como cuenta en Los rescoldos de la Culebra (Libros del K.O.) Juan Navarro, pueden acelerar problemas previos, como la despoblación o la pérdida de oportunidades económicas. El fuego no solo tiene un impacto inmediato, con lo perdido ante las llamas, sino también uno que va a medio y largo plazo, con la desaparición de actividad económica o hasta de la cultura inmaterial de la zona. Además, el fuego tiene un efecto dominó, que incide en áreas no afectadas directamente por los incendios. Ahí está el caso del chapapote de monte, las cenizas que los ríos llevan hasta las rías gallegas y aumentan la mortalidad del marisco.
Entonces, en líneas generales, ¿cuánto cuestan los incendios? Establecer una factura completa del fuego es complicado, pero algunos estudios han intentado hacerlo. El más reciente es uno internacional liderado por la Universidad de East Anglia, que ha calculado los efectos de la temporada de incendios de 2025 a nivel global. Sus descubrimientos apuntalan una paradoja: aunque el fuego arrasó en extensión un área más reducida (la superficie quemada, unos 335 millones de hectáreas, es la segunda más baja en el histórico desde 2002) y las emisiones de carbono más bajas (las terceras más desde 2002), los incendios fueron más extremos, más desastrosos y con un impacto económico más elevado. Esto ocurre porque, como explican los expertos responsables del informe, el perfil del incendio ha cambiado. Los incendios en zonas de sabana se están reduciendo, pero suben los que ocurren en zonas de climas templados y de alta actitud. Son áreas ricas en bosques, lo que da fuel al fuego y lleva su intensidad a datos récord.
Esto conecta con algo de lo que han estado alertando también otras investigaciones a lo largo de los años: cada vez son más habituales los incendios de sexta generación, o megaincendios, que consiguen modificar las condiciones meteorológicas de su zona y que resultan muy difíciles de apagar. En El tiempo del fuego (Capitán Swing), John Vaillant cuenta la historia de uno de estos superincendios, el que afectó a Fort McMurray (Canadá) en la primavera de 2016. Aunque la zona afectada es subártica (el suelo es hielo durante meses), se tardaron meses en extinguirlo por completo.
Cada vez son más habituales los incendios de sexta generación, que consiguen modificar las condiciones meteorológicas de su zona
Volviendo a los datos del informe británico, los investigadores destacan otras dos cuestiones clave que hacen que estos incendios sean especialmente peligrosos: llevan a los recursos antiincendios al extremo (porque deben enfrentarse en simultáneo a varios focos) y los aumentos de población en zonas fronterizas urbanas/bosque ha subido también los riesgos para la ciudadanía. De hecho, en la temporada pasada, se tuvo que evacuar a más de 300.000 personas en Canadá, Estados Unidos, Europa y Corea del Sur y fallecieron 90 personas.
El estudio recuerda que, de todo lo que las firmas de seguros tuvieron que pagar por desastres naturales, el 38% fue por incendios forestales. Solo en el incendio de Los Ángeles tuvieron que pagar 40.000 millones de dólares (las pérdidas económicas que generó ese incendio ascendieron, aun así, a los 140.000 millones de dólares).
¿Y qué ocurre en España? El país registró su máximo desde 2002 de tierra quemada. Solo en agosto de 2025 ardieron 350.000 hectáreas, recuerda este estudio. En paralelo, España está en mínimos en inversión en prevención. Lo alertaba durante la campaña de 2025 la Asociación Nacional de Empresas Forestales (ASEMFO). La suma de lo que gastan comunidades autónomas y el Estado no ha igualado todavía los datos previos a la crisis financiera de la década pasada.
En 2010 se destinó a prevención 350 millones de euros, mientras en 2022 la cifra se quedó en solo 175,8 millones. Sin embargo, prevenir es más eficaz que reaccionar. Es lo que apunta un estudio de Greenpeace. Según la ONG, con una inversión de 1.000 millones de euros al año, se ahorrarían 99.000 millones de euros anuales en extinción. Los 1.000 millones de euros darían para «gestionar y salvar» 9,9 millones de hectáreas. Es el equivalente al total de la superficie de Portugal o una quinta parte de la de España.
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