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El hambre no espera a la geopolítica: cuando el Estrecho de Ormuz vacía los platos en el Sahel

En el Sahel, el tiempo no se mide por meses, sino por lo que queda en el granero. Existe un periodo, entre junio y septiembre, conocido como la Estación del Hambre. Es ese intervalo cruel en el que las reservas de la cosecha anterior se han agotado y la nueva aún no ha germinado.

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10
julio
2026

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En el Sahel, el tiempo no se mide por meses, sino por lo que queda en el granero. Existe un periodo, entre junio y septiembre, conocido como la Estación del Hambre. Es ese intervalo cruel en el que las reservas de la cosecha anterior se han agotado y la nueva aún no ha germinado. En un año «normal», la Estación del Hambre es una prueba dura de resistencia que afecta a más de 50 millones de personas; este año, puede convertirse en una sentencia para 10 millones más.

Cada año, los equipos de Acción contra el Hambre en el terreno ven cómo la Estación del Hambre despoja a las familias de su frágil red de seguridad. El conflicto se ha consolidado como uno de los factores más determinantes: la guerra destruye mercados y tierras de cultivo, y en lugares como Mali, el combustible ya se utiliza como una táctica de guerra que bloquea rutas comerciales. Nuestros compañeros nos cuentan, año tras año, cómo las madres se ven obligadas a vender su última vaca —perdiendo la leche esencial para sus hijos— y terminan recolectando hierbas y plantas destinadas a burros y vacas para intentar engañar al estómago.

Pero este año, se espera que la Estación del Hambre sea más cruda que nunca. Lo que ocurre a miles de kilómetros, en rutas comerciales de nombres lejanos como el Estrecho de Ormuz, puede terminar vaciando los platos de las comunidades más vulnerables. Podría parecer que las tensiones en el Estrecho son un eco lejano para una familia en una aldea de Mali o Níger, pero la realidad es una matemática dolorosa que se siente, sobre todo, en el estómago. Por esta arteria vital circula el 25% del petróleo y el 30% de los fertilizantes mundiales; cuando la tensión aumenta, se desata un «tsunami económico» que encarece masivamente el transporte de comida hacia el corazón del Sahel.

Para una madre que ya ha agotado sus reservas de grano, el aumento del precio del combustible significa que el mercado se vuelve inalcanzable

Para una madre que ya ha agotado sus reservas de grano, el aumento del precio del combustible significa, sencillamente, que el mercado se vuelve inalcanzable. Esta inestabilidad no es solo una cifra en un boletín de noticias; es una amenaza real que podría provocar que 10 millones de personas adicionales sean vulnerables durante esta Estación del Hambre. Esto se traduce en más familias que no sabrán cuando podrán volver a alimentarse. Más madres que dejarán de comer para poder alimentar a sus hijos. Más hambre y más desnutrición evitable.

Ante esta situación crítica, Acción contra el Hambre continúa respondiendo. Nuestra labor no es solo técnica; es una lucha por la dignidad. Estamos en los epicentros del hambre, combinando la asistencia de emergencia con el fortalecimiento de la resiliencia para romper el ciclo de vulnerabilidad. Operamos con clínicas móviles y ayuda en efectivo en Mali, tratamos la desnutrición y mejoramos el acceso al agua en Sudán, y promovemos cultivos locales como la moringa en Níger para diversificar la dieta de las familias.

Sin embargo, el esfuerzo se topa con un muro invisible: el de la financiación. Es inconcebible que, en Sudán, el único país en el que han convivido dos hambrunas simultáneas, tan solo se haya asegurado el 22% de la ayuda humanitaria necesaria. Es desolador que, mientras las necesidades se cuadruplican con la llegada de la Estación del Hambre, la respuesta apenas cuente con el 13% de los fondos necesarios en países como Níger o el 16% en Mali.

Ante esto, no nos quedamos callados. El hambre no es una fatalidad inevitable, sino el resultado de fallos estructurales y falta de voluntad política. Si las tensiones en rutas lejanas tienen el poder de agravar una crisis, nuestras decisiones humanas deben tener el poder de frenarla. Invertir en resiliencia y actuar a tiempo no es una opción, es una obligación urgente. Porque mientras Ormuz siga siendo un punto de tensión en los titulares, la Estación del Hambre será, todavía más, una cuestión de vida o muerte en los hogares del Sahel.


Paloma Martín es responsable de operaciones de Acción contra el Hambre en África

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