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La alimentación sostenible ante los retos globales y las tensiones geopolíticas

La alimentación se ha convertido en uno de los espacios donde con mayor claridad se expresan las tensiones del mundo contemporáneo. Lejos de limitarse a la producción agrícola o a los hábitos de consumo, el acceso a alimentos saludables y sostenibles depende cada vez más de factores como la estabilidad de los mercados internacionales, la seguridad energética, las cadenas logísticas o los conflictos geopolíticos.

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09
julio
2026

La alimentación se ha convertido en uno de los espacios donde con mayor claridad se expresan las tensiones del mundo contemporáneo. Lejos de limitarse a la producción agrícola o a los hábitos de consumo, el acceso a alimentos saludables y sostenibles depende cada vez más de factores como la estabilidad de los mercados internacionales, la seguridad energética, las cadenas logísticas o los conflictos geopolíticos.

En este contexto, desde la Fundación Daniel y Nina Carasso impulsamos espacios de reflexión como el próximo encuentro de unoconcinco, que busca abordar los retos presentes y futuros del sistema alimentario. Porque si algo han puesto de manifiesto las crisis recientes es hasta qué punto este sistema, aparentemente robusto, descansa sobre equilibrios frágiles que afectan de forma desigual a territorios y grupos sociales.

La pandemia de la covid-19 marcó un primer punto de inflexión, evidenciando la elevada interdependencia entre países y regiones. Posteriormente, la guerra en Ucrania profundizó estas tensiones al afectar a uno de los principales polos exportadores de cereales del mundo. Y, más recientemente, las tensiones en torno al estrecho de Ormuz han vuelto a poner de relieve la vulnerabilidad de las infraestructuras y rutas estratégicas de las que depende el sistema alimentario global. En conjunto, estos episodios han desencadenado fuertes incrementos en los precios de los alimentos y de los insumos agrícolas, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria de millones de personas.

La cuestión alimentaria ha dejado así de ser únicamente una preocupación social o ambiental para convertirse en un asunto estratégico. El acceso a una alimentación adecuada depende cada vez más de variables que escapan al control de consumidores y productores locales: la volatilidad de los mercados internacionales, la dependencia de fertilizantes importados, la concentración de determinadas materias primas en pocos países o la creciente competencia por recursos críticos.

Según datos recientes de la Federación de Consumidores y Usuarios (CECU), los precios de los alimentos acumulan una subida cercana al 30% desde 2021

Sin embargo, el impacto de estas dinámicas no es homogéneo. El aumento del coste de los alimentos golpea con mayor intensidad a los hogares con menores ingresos, que destinan una mayor proporción de su presupuesto a la alimentación. En España, esta realidad tiene una dimensión estructural: más de seis millones de personas —en torno al 13,3% de la población— experimentan dificultades para acceder de forma regular a alimentos suficientes y de calidad. Reconocer esta situación resulta fundamental para diseñar políticas y acciones que garanticen el derecho a la alimentación sostenible (Moragues-Faus, Ana (2023), Análisis crítico sobre el derecho a una alimentación sostenible en el Estado español: retos y posibilidades. Revista Documentación Social).

A esta vulnerabilidad se suma una presión inflacionaria persistente. Según datos recientes de la Federación de Consumidores y Usuarios (CECU), los precios de los alimentos acumulan una subida cercana al 30% desde 2021, muy por encima del índice general de precios. Este encarecimiento sostenido, especialmente intenso en productos básicos, está dificultando cada vez más el acceso a dietas saludables y profundizando las desigualdades sociales.

Al mismo tiempo, muchas explotaciones agrarias ven comprometida su viabilidad ante el aumento de los costes energéticos, logísticos y productivos. Esta doble presión —sobre consumidores y productores— evidencia los límites de un sistema altamente globalizado y dependiente de factores externos.

A ello se suma la fragilidad de unas cadenas logísticas internacionales concebidas durante décadas únicamente bajo criterios de eficiencia económica: deslocalización, especialización territorial y abastecimiento global. Las crisis recientes han mostrado que esta lógica es también vulnerable. Bloqueos comerciales, conflictos o fenómenos climáticos extremos pueden alterar de forma inmediata el suministro de alimentos y materias primas esenciales.

En este contexto, la seguridad alimentaria ya no puede entenderse únicamente como la disponibilidad de alimentos. Resulta imprescindible incorporar dimensiones como la estabilidad del suministro, la calidad de la dieta o la capacidad de adaptación de los territorios. En esta línea, el estudio de Alimentta Hacia la transformación del sistema alimentario en España: situación actual, impactos y escenarios futuros, sobre el sistema alimentario en España señala que existe margen para avanzar hacia modelos más territorializados, capaces de reforzar el abastecimiento local en determinados escenarios y reducir la exposición a perturbaciones externas.

El problema adquiere una dimensión especialmente crítica en aquellos países altamente dependientes de las importaciones alimentarias o energéticas

El problema adquiere una dimensión especialmente crítica en aquellos países altamente dependientes de las importaciones alimentarias o energéticas, donde las subidas abruptas de precios pueden actuar como detonante de inestabilidad social y política. Europa tampoco es ajena a estas dinámicas. La dependencia de insumos externos —como fertilizantes, combustibles o piensos— expone al sistema agroalimentario a tensiones significativas, mientras que el encarecimiento de los alimentos intensifica las desigualdades en el acceso a dietas saludables.

Todo ello plantea una cuestión de fondo: hasta qué punto puede considerarse garantizado el derecho a la alimentación en un contexto de creciente incertidumbre. Como subraya Ana Moragues en Análisis crítico sobre el derecho a una alimentación sostenible en el Estado Español: Retos y posibilidades, este derecho no puede quedar reducido a su reconocimiento formal, sino que exige políticas y mecanismos capaces de abordar las desigualdades estructurales que limitan su ejercicio efectivo.

Avanzar hacia sistemas alimentarios más resilientes exige, por tanto, repensar el modelo desde una perspectiva integral: fortalecer la producción local y de proximidad, diversificar las fuentes de abastecimiento, reducir dependencias externas y reforzar la coherencia entre políticas agrícolas, energéticas, rurales, comerciales y sociales. Pero también implica asumir que la alimentación no es únicamente una mercancía, sino un elemento esencial para la cohesión social y la estabilidad democrática.

En este escenario, cobran relevancia propuestas orientadas a reforzar las garantías de acceso a la alimentación. Iniciativas como la Seguridad Social de la Alimentación apuntan precisamente en esa dirección, planteando mecanismos inspirados en otros sistemas de protección social para asegurar el acceso universal a dietas saludables y sostenibles, al tiempo que fortalecen modelos productivos más justos y territoriales.

En un mundo atravesado por tensiones geopolíticas y crisis encadenadas, la alimentación se sitúa en el cruce entre vulnerabilidad y oportunidad. Repensar su organización desde criterios de democracia, equidad y sostenibilidad no es solo una opción, sino una condición cada vez más necesaria para garantizar sociedades más prósperas económicamente, justas y cohesionadas.


Adrián Gallero Moreiras es responsable de Programas de Alimentación Sostenible en España de la Fundación Daniel y Nina Carasso

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