TENDENCIAS
Internacional

Jorge Dezcallar

«El control del estrecho de Ormuz está poniendo de rodillas al mundo entero»

¿QUIERES COLABORAR CON ETHIC?

Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 4 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).

COLABORA
23
abril
2026

Cualquier excusa es buena para sentarse a hablar sobre geopolítica con Jorge Dezcallar (Palma de Mallorca, 1945). El que fuera director del CNI y uno de nuestros más destacados diplomáticos es, desde hace ya algunos años, escritor a tiempo completo. Su última novela, ‘Pez negro (La esfera de los libros, 2026), arranca con el atentado de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023 y la trama llega hasta Jordania, Líbano o Irán. Pura actualidad que nos lleva a repasar los temas más candentes del tablero internacional.


¿Qué te ha empujado a situar la novela en ese preciso momento geopolítico?

Primero, que es una zona que conozco muy bien, porque he sido director general para Oriente y Medio en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Pero, sobre todo, porque me impactó mucho la brutalidad del 7 de octubre; el odio que se destilaba en las barbaridades que aquellos [Hamás] cometieron. Puros actos de terrorismo; matar a mujeres embarazadas, a chicos y chicas que estaban bailando en una fiesta en pleno desierto, a familias en los kibutz. Me impresionó tanto, que pensé que sería bonito intentar hacer una historia de amor entre un palestino [que vive en Jerusalén] y una israelí.

Se antoja algo complicado, dada la situación actual.

En este momento, yo creo que es muy difícil. Aunque la gente joven es idealista; ¿por qué no puede suceder?

¿Cómo intuyes que acabará este episodio entre israelíes y palestinos, parte de un conflicto que dura ya siete décadas?

Se cerrará mal, como se han cerrado todos desde 1949 [cuando concluye el primer conflicto árabe-israelí e Israel se anexiona más territorio del acordado en su creación en 1948]. Porque hay un problema de fondo: son incapaces de compartir la tierra e Israel se niega a que haya un estado palestino. Israel va a seguir imponiendo su fuerza y teniéndoles sometidos. Yo he estado en campamentos de refugiados —Jenín y los sitios donde ocurre la novela—; he andado por ahí y visto cómo viven; he hablado con los refugiados y percibido la mansedumbre con la que la gente mayor acepta su destino, les han quitado sus tierras. Pero la gente joven no; los más jóvenes sienten odio; un odio terrible que siempre me ha impresionado. Es gente que vive entre casas sin terminar, llenas de polvo; donde no pueden viajar ni estudiar y no tienen trabajo ni esperanza de futuro; donde se consideran maltratados, en bantustanes [enclaves palestinos en Gaza y Cisjordania rodeados de puestos militares y asentamientos israelíes]. Ese odio es la raíz de lo que está pasando. El 7 de octubre fue un estallido de violencia brutal. Como dijo el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres: «No es justificable, pero se explica en 56 años de ocupación implacable». Los palestinos tienen un problema que lleva ya muchos años enquistado.

«Israel quiere aprovechar esta situación de debilidad para reconfigurar geopolíticamente Oriente Medio según sus intereses de seguridad»

Cuando dices que Israel no parará, ¿debemos interpretar que Netanyahu no cesará hasta acabar con el Estado palestino?

Es lo que está intentando. Y quiere aprovechar esta situación actual de debilidad, sobre todo de Irán, para reconfigurar geopolíticamente Oriente Medio de acuerdo con los intereses de seguridad de Israel. Aquí hay tres posibilidades: la primera, crear un Estado en el que vivan juntos israelíes y palestinos con igualdad de derechos. La segunda, vivir en un país donde los judíos e israelíes tienen todos los derechos y los palestinos viven en bantustanes con muchos menos derechos e infraestructura. Si tú vas por ahí, te das cuenta de que son ciudadanos de segunda. La tercera, como dicen ellos, expulsarles. Pero, ¿a dónde? Algunos apuntan a Jordania; ahí ya estuvieron. Además, Jordania no es un país palestino, sino beduino. Por difícil que sea, la alternativa acaba siendo el Estado palestino, algo muy complicado, porque hay una expansión constante de Israel hacia los territorios sobre los que se podría constituir. Los palestinos se equivocaron en el año 49, cuando Naciones Unidas quiso hacer dos Estados, uno israelí y otro palestino. No lo aceptaron, porque Naciones Unidas daba al 30% de la población, que eran los judíos, el 70% del territorio y al 70% de la población palestina, el 30%. Consideraron que ese reparto era injusto, hicieron una guerra, la perdieron y, a partir de entonces, han perdido todas. Desde ese momento, Israel no ha hecho más que extenderse y los colonos están arrebatando cada vez más tierras a los palestinos, apoyados en este momento por un gobierno y un ejército claramente nacionalista y expansionista.

Has mencionado Irán, uno de los verdaderos objetivos de Israel. ¿Por qué representa tal amenaza?

El problema de Irán está relacionado con el problema palestino. Desde que en 1979 nace la República Islámica con Jomeini, una de sus señas de identidad es negar la existencia del Estado de Israel —al que se refieren como la entidad sionista—, porque Israel se ha constituido sobre lo que consideran tierra palestina y no hay un Estado palestino. Recuerdo en la entrada del hotel Azadi, en Teherán, un recortado de madera, un soldado israelí con unas narices muy grandes, un escudo de David en el casco y un letrero que decía Israel must be destroyed. Esa es la relación que hay. Israel considera a Irán una amenaza por tres razones: primero, porque niega la existencia del Estado de Israel y lo quiere destruir. Segundo, porque si se convierte en potencia nuclear será una amenaza existencial. Y tercero, porque si llegara a serlo no solo sería una amenaza existencial, sino también estratégica, pues acabaría con la ventaja que tiene en este momento Israel sobre los demás países de la zona —es la única potencia nuclear—. Efraín Halevy, que fue director del Mossad, solía decirme: «Vosotros pensáis que estamos ocupados con el problema palestino. A mí el problema palestino me ocupa el 10% de mi tiempo, el 90% lo dedico a Irán». Irán es la gran amenaza para Israel, al que acosaba tirando la piedra y escondiendo la mano, utilizando a sus amigos en la zona: a Hamas en Gaza, a Hezbollah en Líbano, el régimen de al-Asad en Siria, a las milicias iraquíes. Ahora Israel está aprovechando para distribuir todo eso y afirmarse como la potencia hegemónica en la región. Y, en este caso, Israel ha conseguido el apoyo americano para acabar con Irán. Hay un refrán inglés que resume la situación: the tail wagging the dog; el rabo (Israel) mueve al perro (Estados Unidos). Netanyahu ha metido a Trump en un problema del que no sabe cómo salir, asegurándole que esto sería una operación limpia como Venezuela. Irán no es Venezuela; es un viejo imperio que ha sido potencia hegemónica y que no está dispuesto a rendirse, entre otras cosas, porque tiene la idea del martirio metido en el alma.

«Irán es la gran amenaza para Israel»

Entonces, ¿cuál ha sido el verdadero objetivo de Estados Unidos atacando a Irán?

No lo sabemos. Ha dicho una cosa y luego la otra. Primero dijo que quería acabar con la potencia nuclear de Irán; después, que quería evitar que los misiles iraníes sigan siendo una amenaza en toda la región; luego, que quería apoyar a la gente que está sufriendo y protestando en las calles y promover un cambio de régimen para acabar con la dictadura clerical de los ayatolás. [Trump] se ha metido ahí alegando que hay una amenaza a los intereses de Estados Unidos, que nadie encuentra por ningún lado, sin tener en cuenta que Irán tenía un arma poderosísima: el control del Estrecho de Ormuz, que está poniendo de rodillas al mundo entero.

Ese posicionamiento radical de Irán está haciendo que parezca más fuerte, frente a unos Estados Unidos que parecen perder su posicionamiento hegemónico. ¿Cómo va a salir Estados Unidos de esta?

Aquí hay una ironía: el país que está débil y bombardeado es al que no le importa que permanezca la guerra, y el país victorioso y bombardeador está deseando que acabe. [Estados Unidos] se ha dado cuenta de que lo creía que iba a ser una operación rápida y limpia se ha convertido en una guerra muy larga. Y no sabe cómo salir de ella. En noviembre tienen las midterm elections y la gente en Estados Unidos vota con el bolsillo; la gasolina ha subido más que en Europa y Trump está en su momento de mayoría impopularidad. Llegó a la Casa Blanca diciendo que iba a acabar con las guerras —dijo que acabaría con la de Ucrania en 24 horas— y que no iba a meterse en ninguna, y no lo está cumpliendo. Eso está dividiendo al movimiento Maga [Make America Great Again] que le llevó al poder. Trump tiene que encontrar una excusa que le permita salir; un éxito, algo. Pero ese algo los iraníes no están dispuestos a dárselo en este momento.

Así que, ese «algo», podría ser el estrecho de Ormuz, pieza clave en este conflicto. ¿Hasta cuándo puede Irán controlar ese enclave tan estratégico?

Irán tiene miles de kilómetros de costa en el estrecho de Ormuz. Le basta un bazuca para disparar a un barco y los demás no van a pasar, porque los capitanes de las tripulaciones van a decir que no arriesgan la vida de su gente. Y los aseguradores de Londres están retirando las primas o subiéndolas, por eso hay 700 barcos parados. Si mañana se reabre el estrecho de Ormuz, tampoco va a ser automático. Esos barcos van a tener que renegociar sus seguros y eso va a llevar también un tiempo para volver a pasar. Es decir, a Irán le basta con la amenaza para controlarlo. Tampoco hay que olvidar que los barcos que vienen de puertos iraníes llevan petróleo, el 90% del cual va a China. ¿Va a permitir China que le hundan los barcos cuando lleguen al Océano Índico?

«Estados Unidos va a tener que elegir entre los intereses de seguridad de Israel o la estabilidad de los mercados mundiales»

¿Qué repercusiones tiene esto para China, para Oriente Próximo, para Europa?

Europa depende poco del petróleo del Golfo, pues a Europa viene en un porcentaje muy pequeño, pero sí del aumento de los precios del barril. El petróleo del Golfo va a Asia: Japón, Corea, China, Filipinas, Indonesia, India. Esos son los países que ya están siendo afectados. En Filipinas o Indonesia, por ejemplo, se ha impuesto el racionamiento. Pero por el Golfo también pasan otras cosas; gas, helio necesario para los microprocesadores—y algo muy importante: fertilizantes. El 30% de los fertilizantes que se usan en el mundo pasan por el estrecho de Ormuz. Eso va a tener una repercusión mundial, las cosechas van a tener problemas y el precio de la cesta de la compra va a subir.

Asumo que esta situación beneficia a Rusia.

Le beneficia de muchas maneras. En primer lugar, porque cada porcentaje que sube el precio del petróleo, son millones de dólares que ingresan en sus arcas y que les viene muy bien para la guerra de Ucrania. Segundo, la guerra de Ucrania ha salido de las noticias. Tercero, han dejado de llegar armas y dinero para Zelensky, porque ese dinero se va al otro lado. Además, sigue vendiendo petróleo —está aumentando los envíos por oleoducto directamente a China— e incluso Estados Unidos ha levantado las sanciones que había al petróleo ruso embargado. Luego hay otra cosa que le viene muy bien: esta guerra, que sin duda es ilegal, está produciendo divisiones en el seno de la relación transatlántica entre Europa y Estados Unidos, así como en el seno de la OTAN. Todo eso son regalos para Rusia y ventajas para Putin.

«Esta guerra está produciendo divisiones en la relación transatlántica entre Europa y Estados Unidos, y la OTAN»

Dada tu experiencia, ¿cómo intuyes que va a concluir este conflicto de Estados Unidos con Irán? ¿Llegar a un acuerdo dañaría las relaciones entre Estados Unidos e Israel?

Los intereses de Estados Unidos e Israel son divergentes. Es decir, Estados Unidos va a tener que elegir entre los intereses de seguridad de Israel, tal y como Israel los entiende, o la estabilidad de los mercados mundiales. Yo creo que acabarán con un acuerdo en el que los dos [Estados Unidos e Irán] dirán que han ganado y los dos podrán salvar la cara, porque les conviene. E Israel, mientras, intentará boicotearlo.

Hablando de Estados Unidos, no puedo evitar preguntarte por América Latina. Parece que la Administración Trump ha decidido recuperar su influencia en la zona ante la creciente presencia de China, que se ha convertido en su segundo socio comercial.

Estamos ante el fin de una era geopolítica que empezó en el 45 y que tenía unas relaciones de poder y unas normas claras en el Consejo de Seguridad, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial. Esas dos cosas están hoy en discusión por parte de potencias emergentes como China o India, que no están en el Consejo de Seguridad. Quieren cambiar el reparto de poder, las normas que rigen ese reparto y las relaciones internacionales. Es el fin de un mundo multilateral; vamos a uno multipolar, donde habrá grupos de países y tensiones entre ellos y aparecerán nuevas líneas que marcarán la conducta de los grandes países. La primera de las cuales es que ponen su seguridad nacional por encima de todo; la segunda, desprecian el derecho internacional; la tercera, vuelve el uso de la fuerza —que estaba prohibido por Naciones Unidas— y las zonas de influencia —que creíamos que habían acabado después de Yalta en 1945—. Rusia quiere una zona de influencia en Ucrania, China una en todo el mar del sur de China y Estados Unidos la suya en lo que llaman el hemisferio occidental; es decir, las Américas. Estados Unidos quiere tres cosas de Latinoamérica: controlar la inmigración, controlar el tráfico de drogas y tener el monopolio de los recursos naturales. Eso es más fácil de decir que de hacer, aunque, de momento, han conseguido echar a los chinos del canal de Panamá —China lo controlaba con un puerto de entrada y otro de salida—, amenazando a los panameños con quitarles otra vez el control del canal.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

COMENTARIOS

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Suscríbete a nuestro boletín semanal y recibe en tu email nuestras novedades, noticias y entrevistas

SUSCRIBIRME