Generación X
La generación invisible
Durante años quedó atrapada entre el protagonismo de los ‘baby boomers’ y el de los ‘millennials’. Sin embargo, la Generación X afronta hoy un escenario que muchos no imaginaron cuando comenzó su vida adulta.
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La llaman «la generación sándwich», la que siempre quedó en medio. Durante décadas, al hablar sobre generaciones, la conversación se ha centrado en dos de ellas. Primero fueron los baby boomers, protagonistas del crecimiento económico de la segunda mitad del siglo XX y, más recientemente, del debate sobre las pensiones y el envejecimiento. Después llegaron los millennials y la Generación Z, identificados por su relación con la tecnología, la vivienda o el mercado laboral. Entre ambos grupos quedó una cohorte que rara vez es protagonista: la Generación X.
Nacidos entre 1965 y 1980 –según la clasificación internacional más extendida, bautizada así por Douglas Coupland en Generation X: Tales for an Accelerated Culture (1991)–, su vida ha transcurrido durante un periodo de transformaciones profundas. Fueron los últimos en conocer un mundo analógico y los primeros en adaptarse a internet, a la globalización y a un mercado laboral mucho más flexible que el de sus padres. En España, sin embargo, esa frontera resulta más difusa, consecuencia de una evolución demográfica marcada por la dictadura y la Transición, hasta el punto de que quienes internacionalmente serían considerados parte de la Generación X suelen incluirse aquí entre los baby boomers.
Nacidos entre 1965 y 1980, fueron los últimos en conocer un mundo analógico y los primeros en adaptarse a internet
Pero, pese a las diferencias, los diagnósticos empiezan a coincidir en una idea. La Generación X se encuentra en el momento de mayor responsabilidad profesional, económica y familiar, aunque también en uno de los más exigentes. Un artículo de The Economist generó recientemente un amplio debate al afirmar que esta generación ha quedado eclipsada de forma sistemática. Mientras otras cohortes protagonizan buena parte de la conversación alrededor de la política y la economía, quienes hoy rondan los cincuenta años afrontan el peso simultáneo de varias responsabilidades: ocupan puestos de liderazgo en empresas e instituciones, sostienen económicamente a hijos que tardan más en independizarse y, cada vez con mayor frecuencia, cuidan también de sus padres, que cada vez alcanzan edades más avanzadas.
Los datos empiezan a reflejar esa tensión. El Center for Longitudinal Studies de la University College London analizó la situación de más de 8.000 participantes del British Cohort Study de 1970 cuando alcanzaron los 51 años. Los resultados arrojaron que la inmensa mayoría, el 84%, sigue formando parte de la población activa y se encuentra, en teoría, en la etapa de mayores ingresos de su carrera profesional. Sin embargo, uno de cada cuatro afirma que apenas consigue llegar a fin de mes o atraviesa dificultades económicas, mientras dos de cada tres reconocen que les preocupa no disponer de recursos suficientes para la jubilación.
Muchos tienen empleo y han alcanzado su máximo de ganancias, pero siguen sufriendo financieramente, resume el estudio, que también desmonta otra idea frecuente. Alcanzar el momento de mayores ingresos no significa necesariamente disfrutar de mayor estabilidad. Muchos participantes acumulan deudas, ayudan económicamente a sus hijos o afrontan gastos asociados al cuidado de familiares mayores. Al mismo tiempo, la incertidumbre sobre el sistema de pensiones y el aumento de la esperanza de vida obligan a prolongar la planificación financiera durante más años que en generaciones anteriores. Según proyecciones de la ONU y la CEPAL, la cohorte nacida entre 1965 y 1980 será la primera en superar, de manera generalizada, los 85 años de expectativa de vida en países de ingresos medios y altos.
Este escenario convive con otro fenómeno menos visible. Las mujeres de la Generación X participan hoy mucho más en el mercado laboral que las de la generación precedente, pero siguen asumiendo una parte muy importante del trabajo doméstico. Según el mismo estudio británico, trabajan, de media, tres horas más por semana que las baby boomers cuando estas llegaron a los cincuenta años y, aun así, continúan realizando la mayor parte de tareas como la limpieza, la cocina o el cuidado del hogar.
La Generación X es la que más ha gastado en el mundo desde 20021
Paradójicamente, esta presión coincide con el momento de mayor capacidad de consumo. Un análisis difundido por el Foro Económico Mundial indica que la Generación X ha sido la que más ha gastado en el mundo desde 2021 y que seguirá siendo el grupo con mayor capacidad de consumo durante buena parte de la próxima década. Se trata, además, de una generación que consume de forma distinta: una parte cada vez mayor de sus ingresos se destina a sostener a otras generaciones.
Quizá esa sea una de las razones por las que resulta tan difícil identificar sus problemas. No protagoniza las preocupaciones asociadas a la entrada en el mercado laboral ni las vinculadas al envejecimiento extremo. Se encuentra, literalmente, en medio. Demasiado joven para aparecer en el debate sobre la dependencia y demasiado mayor para simbolizar los cambios culturales asociados a los jóvenes.
Pero no es que haya pasado desapercibida en términos históricos, sino que muchas de las transformaciones económicas de las últimas décadas han recaído sobre una generación que aprendió a adaptarse sin convertir esa capacidad de adaptación en un motivo de identidad. Mientras seguimos mirando hacia quienes acaban de llegar o hacia quienes comienzan a retirarse, quienes sostienen buena parte del mercado laboral parecen atravesar su momento más decisivo casi fuera del foco.
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