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«La salida de la crisis mundial solo puede ser verde y tecnológica»

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Noemí del Val
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02
Mar
2021

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Noemí del Val

La última vez que hablamos hace dos años, Jeffrey Sachs (Detroit, 1954) estaba enfadado, casi colérico. El economista, incluido varias veces en la lista de las personas más influyentes del mundo de la revista Time, habitualmente conciliador y con un ‘savoir faire’ flemático, perdía las formas cada vez que se le mencionaba a Donald Trump. No dudó en llamarlo «psicópata» y en matizar que no lo decía como insulto, sino «con una base científica». El presidente saliente iba entonces por la mitad de la legislatura y, entre otros desmanes, estaba a punto de abandonar el Acuerdo de París. Esta entrevista tiene lugar pocas semanas después de que Joe Biden ganase las elecciones. Sachs responde desde su residencia de Nueva York, no muy lejos del macizo edificio de la sede de Naciones Unidas donde ejerce de consejero en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, un cargo claramente enfrentado con cada uno de los movimientos de Trump en sus cuatro años de mandato.


Jon Blitzer, reportero de The New Yorker, amigo y seguidor de esta publicación, nos envió un mensaje de Whatsapp inmediatamente después de las elecciones para decirnos que estaba «muy preocupado» porque «el sistema ya está roto». ¿Cuál es su visión para los próximos cuatro años en Estados Unidos? ¿Es igual de pesimista?

Las divisiones culturales, de clase y políticas en Estados Unidos se remontan a décadas atrás. La mayor parte de la clase trabajadora blanca [white working class, una definición establecida en Estados Unidos para un sector de la población blanca, no hispana, que trabaja y no tiene estudios universitarios] hace mucho que dejó el Partido Demócrata y se unió al Partido Republicano. Este cambio estuvo motivado por una combinación de conservadurismo social –oposición a los derechos de la mujer y a los derechos sexuales–, racismo –oposición a los derechos civiles y la desegregación–, fundamentalismo cristiano –anticientífico–, menor nivel educativo y oposición a las normativas medioambientales. La clase trabajadora blanca hoy se informa principalmente por la ultraconservadora Fox News y medios de comunicación de la derecha cristiana. Estas divisiones tardarán mucho en curarse. Dicho esto, y volviendo a tu pregunta, soy más optimista porque creo que las políticas de Biden pueden revertir esta situación y atraer el apoyo de, quizás, dos tercios de los estadounidenses. Aunque los republicanos en el Congreso intentarán detener la legislación progresista.

«No pretendo que Estados Unidos lidere la lucha climática, solo que coopere y sea responsable»

Aunque se cumpla su predicción, la credibilidad en las instituciones de Estados Unidos, y del propio país como la primera democracia del mundo, se ha visto gravemente dañada y tardará muchos años en recuperarse, como advertía el Premio Nobel de Economía Paul Krugman en una columna del Times.

El sistema político estadounidense está muy fracturado y Trump lo ha empeorado. Es un sistema muy corrompido por la forma de financiamiento de campañas políticas y es poco representativo por muchas razones, incluida la manipulación y el extraño proceso electoral, en el que es un cuerpo de compromisarios el que finalmente elige al presidente. Es un sistema fuertemente presidencialista. En cuanto al sistema de votación al Congreso, los miembros son elegidos en distritos uninominales de acuerdo con el principio de «primero después del cargo» (FPTP), lo que significa que el candidato con la mayoría de los votos es el ganador del escaño, y el partido o partidos perdedores no obtienen representación alguna. Todo esto nos deja con un presidente que concentra demasiado poder, porque puede gobernar por decreto ejecutivo, y dos partidos dominantes que no representan con precisión la opinión pública.

Es extraño escuchar a un estadounidense opiniones en contra del bipartidismo. Cuesta imaginar un escenario, en su país, que no sea republicano o demócrata.

Los sistemas parlamentarios multipartidistas son mejores que el sistema bipartidista presidencial de Estados Unidos. Aunque no podemos obviar que los sistemas parlamentarios con muchos partidos son más complejos y conllevan la necesidad de coaliciones complicadas, como sucede en muchos países de Europa, por ejemplo, España. Estamos ya inmersos en otra crisis económica cuya gravedad ni siquiera podemos ponderar todavía. Antes de la pandemia, Donald Trump llevó a Estados Unidos a las cifras de desempleo más bajas en muchos años y la economía del país se disparó.

La economía no se disparó. No estaba creando suficientes «buenos» empleos, ni solucionando la crisis del medio ambiente, ni superando la brecha de distribución de ingresos ni modernizando las infraestructuras. En otras palabras: Estados Unidos ha tenido un ciclo de expansión económica impulsado por grandes déficits presupuestarios, recortes de impuestos inasequibles y crédito fácil.

«Hay una enorme división entre los profesionales con título y la clase trabajadora»

No estaba generando riqueza, en resumen.

Para decirlo de forma clara: estructuralmente, con las políticas de Trump, la economía no estaba resolviendo problemas humanos reales.

¿Y qué recetas considera que son necesarias para superar la crisis de la mejor manera posible?

Necesitamos una nueva filosofía y una estrategia política y económica basada en el desarrollo sostenible, lo que significa la combinación de inversiones, justicia social y sostenibilidad ambiental. Esto requiere un sistema económico mixto –mercado más Estado– en el que el sector público garantice todas las necesidades económicas esenciales (salud, educación, protección social) y la regulación ambiental para detener el cambio climático, la contaminación y la pérdida de biodiversidad.

¿Cuánto tiempo puede llevar una transformación así?

No queda tan lejos. Ya existe, y tenemos ejemplos cercanos, como las socialdemocracias del norte de Europa.

Me refería a Estados Unidos. Muchos analistas políticos de su país dicen que el Partido Demócrata nunca da el paso definitivo hacia políticas que realmente prioricen la justicia social, la igualdad y los derechos universales como la salud o la educación, ni el medio ambiente.

Desde que Reagan llegó al poder en 1981, la política estadounidense se ha alejado de la socialdemocracia. Hemos tenido un enorme aumento de desigualdad, de la brecha de riqueza e ingresos, y una enorme división de la sociedad entre los profesionales con título y la clase trabajadora. Y con todo esto, la política socialdemócrata no ha tenido éxito, en parte porque un sector de la clase trabajadora blanca ha sido demasiado racista y socialmente conservador como para unirse a una gran coalición que luche por la justicia social. Es más, se ha puesto del lado de políticas opuestas a las socialdemócratas, como recortes de impuestos para los ricos y recortes del gasto social para los pobres y la clase trabajadora. No hemos tenido políticas basadas en clases, sino políticas basadas en la raza y la cultura. Ese es nuestro problema, y lo que debemos cambiar.

«Hemos pasado lo peor de una larga historia racista en EEUU, aunque todavía es una fuerza política poderosa»

Recientemente, usted escribió: «La larga historia del racismo patrocinado por el Estado en mi país llegará a su fin en la próxima generación». Otros analistas, con los que supongo que usted estará de acuerdo, añaden que la próxima generación también será la primera que no cuestionará el cambio climático y que la homofobia desaparecerá definitivamente. ¿No es eso un poco contradictorio con el auge de los populismos?

Esta es la gran pregunta. Puedo estar equivocado con mi optimismo. Sin embargo, las encuestas de opinión parecen sugerir que, al menos en Estados Unidos, la ola social conservadora, que comenzó en la década de los años setenta en oposición a los derechos civiles y sexuales, ha alcanzado su punto máximo y está disminuyendo. Creo que estoy en lo cierto al confiar en que hemos pasado lo peor de una larga historia racista en Estados Unidos, aunque todavía es una fuerza política y cultural poderosa.

Las crisis económicas suelen ir acompañadas de una mayor migración y, al mismo tiempo, de una mayor renuencia a aceptar extranjeros de países en vías de desarrollo. ¿Estamos en un círculo vicioso en el que la xenofobia y el racismo no pueden ser desterrados definitivamente?

Realmente deberíamos tomar medidas globales para hacer que todas las partes del mundo sean lugares habitables, decentes, sostenibles y resilientes para vivir. En lugar de solo prepararnos para la migración masiva, también deberíamos tomar medidas para que sea innecesaria. Las migraciones masivas suelen ser actos de desesperación: un gran número de personas abandonan sus hogares y culturas porque están desesperadas, debido a la pobreza, la violencia, los desastres ambientales o algún otro peligro profundo. Sería maravilloso si todas las partes del mundo fueran lugares decentes, optimistas, pacíficos y productivos para criar a tus hijos. En este escenario habría migración, claro, y debería ser bienvenida, pero sería en menor número y no por desesperación.

Además de la justicia social, una prioridad de la Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible es el medio ambiente. ¿Cree que el planeta respira un poco más ahora que Donald Trump deja la presidencia? ¿Volverá su país al Acuerdo de París?

Estados Unidos volverá.

Pero Trump ha devuelto mucho poder a los lobbies del petróleo y el carbón. ¿Se retomarán, aun así, las regulaciones restrictivas iniciadas por Obama para reducir las emisiones? ¿Tiene fe en que Estados Unidos, como primera potencia, lidere la lucha contra el cambio climático?

No quiero que mi país «lidere», solo quiero que sea cooperativo y responsable. La política exterior de Estados Unidos ha sido demasiado arrogante durante décadas, creyendo que es el país «indispensable». Eso ha dado lugar al unilateralismo estadounidense, incluso al lema America First de la legislatura de Trump. Ahora necesitamos que Estados Unidos sea un país normal, cooperativo y sujeto a la ley que se comporte decentemente con otros países y que siga los principios de la Carta de la ONU de Derechos Humanos.

«En lugar de solo prepararnos para la migración masiva, deberíamos tomar medidas para que sea innecesaria»

¿Cómo se puede convencer al pueblo estadounidense de que, si bien las medidas para frenar el cambio climático implicarán la desaceleración de algunos sectores de la economía, son necesarias para evitar un colapso total en el futuro?

La verdadera razón del lento progreso hasta ahora ha sido la política, especialmente el tradicional poder político que ostentan las grandes petroleras. Pero ahora, las denominadas Big Oil –como ExxonMobil, Chevron y otras– se están convirtiendo en Little Oil, porque el futuro ineludible está en las energías renovables y en las tecnologías digitales. La transformación energética se dará rápidamente porque es de bajo coste, y estamos viendo ya grandes reducciones de costes en energía solar, energía eólica, vehículos eléctricos… También se perfilan ya muchos trabajos verdes para el futuro.

¿Tiene miedo de que la crisis económica global que vendrá después de la pandemia ponga en peligro los compromisos del Acuerdo de París y los ODS?

Soy optimista, y creo que la recuperación será tanto ecológica como digital. Con Trump fuera y Biden en el poder, esto es mucho más probable en Estados Unidos, y tendrá beneficios en otras regiones también. Afortunadamente, ahora existen fuertes compromisos por parte de Europa, China, Japón, Corea, Reino Unido y otros países para una recuperación verde y digital. Cada vez más países se unirán a esa coalición.

Usted es el impulsor de America’s Zero Carbon Action Plan (ZCAP). ¿Qué aportará a la Administración de Biden y a las venideras en la descarbonización?

ZCAP significa Plan de Acción de Carbono Cero y es un análisis riguroso realizado por decenas de académicos estadounidenses sobre cómo Estados Unidos puede alcanzar emisiones netas de carbono para 2050. Me gusta mucho el estudio, porque se basa en una visión tecnológica y en un conjunto de cálculos explícito y comprensible. Puede ayudar a los estadounidenses a comprender lo que realmente implica el cambio a la energía renovable. También está diseñado para reflejar las realidades políticas en mi país y aboga por compartir las responsabilidades de la transformación entre los gobiernos federal, estatal y local, y entre los sectores público y privado.

Recientemente, escribió algo muy esperanzador: «El próximo año puede marcar un gran avance para el planeta, una coda positiva para las muertes y la desesperación de 2020. Con políticas de salud pública intensificadas en todo el mundo inspiradas en los éxitos de los países de Asia y el Pacífico, y con la introducción de las vacunas, la pandemia se puede controlar, abriendo así el camino para un nuevo comienzo mundial en el desarrollo sostenible».

El desarrollo sostenible era ya un camino inevitable, y ahora es la única salida posible a la crisis, porque el planeta nos atañe a todos. Significa que nos preocupamos no solo por nuestros ingresos, sino también por la justicia social y la sostenibilidad ambiental. Por lo tanto, es por un lado un enfoque práctico para la formulación de políticas, y por otro, un enfoque ético para construir un mundo mejor. Y, sobre todo, es un enfoque que puede unir al mundo entero en la causa de la dignidad universal. Tiene como objetivo algo muy sencillo: un mundo mejor para todos.

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