Suzanne Vega
«Las canciones no terminan las guerras: lo hacen los líderes que elegimos»
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Durante más de cuatro décadas, Suzanne Vega ha cultivado una forma muy particular de describir el mundo: con canciones sobrias, casi susurradas, donde la vida cotidiana se convierte en materia poética. Desde que en los años ochenta irrumpiera con himnos tan singulares como ‘Luka’ o ‘Tom’s Diner, la cantautora estadounidense ha sido considerada una de las grandes cronistas del folk contemporáneo, capaz de observar la ciudad, la intimidad y la política con una mirada al mismo tiempo delicada y afilada. Casi cuatro décadas después de ‘Solitude Standing’, el álbum que la convirtió en un fenómeno internacional, Vega regresa con ‘Flying with Angels’, su décimo disco de estudio y el primero compuesto íntegramente por composiciones nuevas en 10 años. La artista vuelve a su vocación de narradora, añadiendo compromiso social. Temas como ‘Speakers’ Corner’ reflexionan sobre la libertad de expresión. Y ‘Last Train from Mariupol’ evoca la guerra en Ucrania. Pero lo hace desde el detalle humano y las pequeñas historias. Inspirándose por múltiples influencias e incluso atreviéndose a dar una réplica al ‘I want you’, de Bob Dylan. Charla de todo esto desde un pueblo cerca de Dijon, en Francia, en plena gira europea.
Muchas de sus canciones cuentan pequeñas historias de gente corriente. ¿Se considera una especie de reportera de la vida cotidiana?
Es una buena pregunta, pero diría que no. Para hacer una buena canción necesitas tres elementos. Primero, lo que sabes y sientes dentro de ti: tus emociones, tus pensamientos. Segundo, lo que observas del mundo exterior: las personas, las noticias, la gente que ves en la calle. Y tercero, un elemento de fantasía, de metáfora, de posibilidad… un poco de magia. Si solo escribes sobre ti misma, entonces es un diario. Si solo haces reportaje, eres periodista. Y si escribes solo fantasía, entonces vives en un mundo imaginario que no conecta con la realidad. La canción funciona cuando se combinan esas tres cosas.
«La canción funciona cuando se combinan diario, reportaje y fantasía»
¿Crees que esas pequeñas historias pueden reflejar un sentimiento universal?
Sí. Mis dos canciones más conocidas parten de situaciones muy concretas. En Luka se habla del abuso infantil, algo muy específico, pero mucha gente se identificó con el niño de la canción. Y con Tom’s Diner pasó algo curioso: muchas personas la han reinterpretado como su propio lugar, su propio desayuno, incluso su perro esperando la comida por la mañana. La gente toma la canción y la hace suya. Así se vuelve una experiencia global.
Luka fue pionera en mencionar el abuso infantil, un tema del que casi no se hablaba entonces. ¿Cree que ayudó a que la gente tomara conciencia?
Creo que sí, porque he escuchado muchas anécdotas. Recuerdo el caso de una niña que pudo usar la canción para explicar su situación. Gracias a eso pudo contar lo que le estaba pasando a un médico, y los servicios de protección infantil intervinieron para ayudarla.
El problema, por desgracia, no ha desaparecido. Pero algunas cosas sí han mejorado, por ejemplo las leyes. En Nueva York participé en un evento llamado Legislative Awareness Day. Allí escuché muchos testimonios y se impulsó un cambio legal: ahora es delito amenazar de muerte o intimidar a alguien de ciertas maneras que antes no estaban contempladas. Me emocionó ver que las leyes pueden cambiar. Muchas veces pensamos que siempre han sido así, pero no: pueden transformarse.
A veces parece que como individuos tenemos poca capacidad de cambiar las cosas. ¿Cree que la gente corriente tiene más poder del que piensa?
Sí. Hay canciones antiguas que siguen recordándonoslo. Pienso en Patti Smith o John Lennon, que gritaron sobre el poder de la gente. Son viejas, pero siguen siendo relevantes. A menudo sentimos que no tenemos poder porque vemos a los gobiernos tomar decisiones absurdas. Pero hay que recordar que cada generación tiene que volver a aprenderlo. Siempre hay que luchar por la libertad y por la justicia. Esa es una lección constante de la vida.
«A veces las crisis hacen que la gente se acerque más, que se creen pequeños momentos de comunión»
Muchas de sus letras se desarrollan en grandes ciudades como Nueva York y aparece la soledad, que hoy incluso se ve como una «epidemia».
Es cierto. Pero, curiosamente, durante los años de la COVID también vimos momentos de comunidad. Por ejemplo, si yo tenía demasiados tomates en casa, se los llevaba a mis vecinos. Luego ellos te traían algo cuando iban al supermercado. Se creaba una red de confianza.
A veces las crisis hacen que la gente se acerque más. Si toda una ciudad enfrenta un peligro común (como ocurrió en Nueva York durante la pandemia) aparecen formas de comunidad: protestas, conversaciones, ir a tomar café juntos. Son pequeños momentos de comunión.
En situaciones como las redadas migratorias del ICE o las crisis políticas también afloran redes de apoyo espontáneas.
Exactamente. En Minnesota, por ejemplo, cuando hubo redadas de inmigración se vieron escenas muy duras, pero también historias de solidaridad: vecinos llevando comida a familias que no podían salir de casa, redes de ayuda… Ese es el otro lado de la humanidad: la compasión y la empatía. Y no viene de arriba, no la dictan los gobiernos. Tiene que surgir de nosotros mismos. Ahí es donde está nuestro verdadero poder.
En el nuevo álbum aparecen canciones más políticas, como la que trata sobre Mariúpol. ¿Siente que los tiempos actuales te empujan a escribir más sobre política?
Sí. Los tiempos lo exigen, pero también tiene que ver con mi edad. Cuando era joven pensaba en la política, pero me parecía algo lejano. Recuerdo preguntarle a mi padre por la guerra de Vietnam y no entender del todo lo que pasaba. Ahora es diferente. Durante la pandemia estábamos en casa viendo la televisión y salía gente huyendo de la guerra en Ucrania. Familias saliendo de trenes, niños corriendo… Era imposible no sentirlo profundamente. La guerra estaba ocurriendo delante de nuestros ojos. Por eso permito que esas emociones entren en mis canciones.
«Nunca he pensado que el mundo fuera a quedarse sin guerras»
Y es curioso: durante un tiempo se dijo que las canciones políticas estaban pasadas de moda, pero siguen siendo muy poderosas.
Exacto. Hubo un momento en que pensé que las canciones políticas eran aburridas… pero luego recordé lo mucho que amo a Bob Dylan. Canciones como Masters of War siguen siendo increíblemente actuales. Cada línea podría aplicarse a lo que está pasando hoy mismo.
Hoy vemos varios conflictos al mismo tiempo: Ucrania, Gaza, Irán… ¿Crees que olvidamos demasiado rápido las guerras anteriores?
Nunca he pensado que el mundo fuera a quedarse sin guerras. Recuerdo pensar, cuando escuché Masters of War en 1964: «Esta canción debería acabar con todas las guerras». Pero no fue así. Después vino Vietnam y luego muchas más. Las canciones no terminan las guerras: lo hacen los líderes que elegimos. Son ellos quienes deciden empezar o no un conflicto. Por eso es tan importante reflexionar sobre a quién votamos y por qué.
«La espiritualidad es muy importante en la vida; no puedes vivir solo en el mundo material»
Cambiando de tema: el título del disco, Flying with Angels, tiene un tono espiritual. Hoy vemos a muchos artistas explorar esa dimensión. ¿Cómo es su relación con la espiritualidad?
La espiritualidad es muy importante en la vida. No puedes vivir solo en el mundo material, es demasiado limitado. Yo soy budista. Canto todos los días al menos quince minutos y leo textos durante mi práctica. Rezo por la paz de todas las personas vivas y también por quienes han muerto. Lo he hecho durante muchos años. Parte del budismo es intentar ayudar a otros, aspirar a ser un bodhisattva, alguien que dedica su vida al bienestar de los demás. Creo que la oración funciona a un cierto nivel, pero cada persona tiene que descubrir por sí misma cómo vivir, cómo practicar y cuáles son sus valores.
Para terminar: después de tantos años escribiendo sobre las personas, ¿qué diría que ha aprendido sobre los seres humanos?
Creo que, en el fondo, las personas quieren ayudar. Sí, podemos ser crueles o egoístas, todos tenemos un lado oscuro. Pero también existe ese otro lado que quiere hacer el bien. Si das a alguien la oportunidad de expresar ese lado, creo que aparece su verdadera naturaleza. Como dijo Ana Frank: «A pesar de todo, sigo pensando que la gente es buena en el fondo». Yo también lo creo.
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