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Biodiversidad

Luis Luque, de Asociación Silva Venatio

«Proteger la naturaleza es proteger nuestra propia capacidad de vivir»

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16
diciembre
2025

La Asociación Silva Venatio ha sido galardonada con el XV Premio Fondena para la Protección de la Naturaleza por su destacada labor en la recuperación de la perdiz roja salvaje en la Campiña de Cádiz. Este reconocimiento se debe a un modelo de gestión integral que combina restauración ecológica, colaboración entre actores públicos y privados, y conservación de hábitats y especies.

Las acciones de la asociación, desarrolladas en más de 5.700 hectáreas, han logrado frenar el retroceso de la perdiz roja mediante actuaciones sobre el hábitat, control sanitario, protección genética autóctona y gestión cinegética sostenible. Además, estas iniciativas han beneficiado a otras especies en regresión, como el sisón, la ganga, el alcaraván, la avutarda o el águila imperial ibérica, incorporando estudios específicos para la prevención de enfermedades como el virus Bagaza o la Enfermedad Hemorrágica del Conejo. Presidida por Antonio Ruiz-Berdejo, Silva Venatio cuenta con una sólida base técnica y científica, así como con el acompañamiento institucional de la Junta de Andalucía y del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC). Luis Luque, ingeniero de montes y director del departamento técnico de la asociación, nos explica los orígenes, el modelo de trabajo y los logros del proyecto.


¿Cómo surge la idea de crear Silva Venatio?

La asociación nació hace aproximadamente dos años para darle estructura a acciones que se venían desarrollando desde hace más de diez. El detonante fue la situación crítica de la perdiz roja en la Campiña de Jerez, la última zona con poblaciones significativas en España. La especie estaba sufriendo un fuerte retroceso, en gran parte debido al virus Bagaza, que también afecta a otras especies del ecosistema estepario. Ante esta situación, un grupo de propietarios de unas 6.000 hectáreas decidió unirse y crear un modelo de gestión riguroso, basado en un diagnóstico técnico y científico proporcionado por el IREC, para definir las causas de la desaparición de las poblaciones y establecer líneas de actuación concretas.

¿Por qué decidisteis formar una asociación?

La idea era que el proyecto no dependiera de individuos, sino que fuera sostenible y exportable. La asociación proporciona la estructura necesaria para coordinar esfuerzos entre propietarios, técnicos y administraciones, y asegura la continuidad del modelo más allá de las personas implicadas. Desde el inicio, contamos con el soporte técnico de la Consejería de Medio Ambiente y de expertos como Ursula Höfle, especialista mundial en patología vial. Todo se basa en rigor científico y colaboración, sin intereses particulares que comprometan la gestión.

«No se trata solo de conservar una especie concreta, sino de mantener todos los beneficios que los ecosistemas ofrecen»

¿En qué consiste el modelo de gestión y qué lo hace diferente?

Nuestro modelo no tiene fórmulas mágicas, sino un enfoque integrado que combina la conservación genética y sanitaria de la perdiz roja con la mejora de su hábitat, respetando la producción agrícola. Lo que lo diferencia es que no existe un coste de oportunidad que comprometa la viabilidad de las fincas. Las acciones incluyen recuperación de linderos y arroyos, planificación de cultivos con leguminosas que mejoran la alimentación de las especies esteparias, retraso de la cosecha en determinadas zonas para proteger los nidos y la creación de puntos de agua esenciales. También se realizan desbroces selectivos en zonas forestales para generar refugio y alimentación, favoreciendo la biodiversidad sin afectar la productividad agrícola.

Fotografía: Mario Bregaña

¿Cómo se equilibra la conservación con la actividad cinegética?

Hemos logrado un equilibrio ajustando la caza al crecimiento de las poblaciones. Solo se caza una parte limitada de la población, mientras que otra se reserva para garantizar su recuperación y continuidad. Además, la presencia de depredadores naturales como zorros y rapaces contribuye al equilibrio del ecosistema, y nuestro trabajo beneficia indirectamente a otras especies en regresión, como el sisón, la ganga y el águila imperial ibérica. La gestión cinegética responsable forma parte de un modelo sostenible que considera todas las interacciones del ecosistema.

¿Qué impacto ha tenido este proyecto en otras especies y en el ecosistema?

La recuperación de la perdiz roja ha generado un efecto positivo en toda la cadena trófica. Al mejorar la base del hábitat, el conejo, por ejemplo, ha aumentado, lo que a su vez beneficia a especies como el sisón y las rapaces. La intervención ha fortalecido la biodiversidad general, incluyendo insectos y anfibios, y ha fomentado la coexistencia armoniosa entre la actividad agrícola y la fauna local. Además, promovemos una agricultura responsable y respetuosa, que puede incluir prácticas ecológicas, pero que principalmente se centra en la sostenibilidad y el cumplimiento de normativas, sin demonizar la agricultura convencional.

Porque, aunque hablamos de la recuperación de la perdiz roja y del manejo del hábitat, ¿podrías explicarnos cómo encajan los servicios ecosistémicos en el enfoque de Silva Venatio?

Claro. Para nosotros, los servicios ecosistémicos son la esencia de lo que protegemos. No se trata solo de conservar una especie concreta, sino de mantener todos los beneficios que los ecosistemas ofrecen: polinización, regulación del agua, control de plagas, calidad del suelo, entre otros. Cuando restauramos un hábitat o plantamos linderos, estamos fomentando estos servicios, que a su vez sostienen la agricultura, la ganadería y la biodiversidad local. Es un enfoque integral: cuidamos la perdiz roja, pero también cuidamos el ecosistema que permite que las personas y otras especies puedan prosperar. En pocas palabras, proteger la naturaleza es proteger nuestra propia capacidad de vivir y desarrollarnos de manera sostenible.

¿Qué supone para vosotros recibir el Premio Fondena?

Ha sido un reconocimiento muy significativo. Es un honor que el proyecto sea valorado a nivel nacional y nos motiva a continuar mejorando y compartiendo nuestro modelo. Nos sentimos orgullosos del trabajo realizado y del impacto que hemos logrado, y también es una oportunidad para inspirar a otros a replicar iniciativas similares en otras fincas y regiones.

«El objetivo es crear un sistema sostenible, técnicamente riguroso, económicamente viable y socialmente aceptable»

¿Qué papel debería jugar la administración en la replicabilidad del proyecto?

Es fundamental que la administración brinde soporte técnico, confianza y medidas compensatorias a quienes implementan este tipo de modelos. Por ejemplo, retrasar una cosecha para proteger la fauna puede generar pérdidas económicas que podrían ser mitigadas con ayudas. También la coherencia normativa es clave: las regulaciones de agricultura, medio ambiente y biodiversidad deben estar alineadas para no obstaculizar iniciativas de conservación sostenibles.

¿Qué mensaje darías a otros propietarios interesados en replicar este modelo?

Les diría que es posible lograr resultados con paciencia, sentido común y colaboración. No es necesario abandonar la producción agrícola; se trata de introducir matices que favorezcan la biodiversidad, como superficies herbáceas en olivares o la conservación de microhábitats. Las técnicas no son complicadas, pero requieren compromiso, observación constante y adaptabilidad a cada finca y ecosistema.

¿Habéis tenido consultas de otras zonas?

Sí, varios propietarios han visitado nuestras fincas para conocer de primera mano las poblaciones y el manejo implementado. Creemos que la difusión del proyecto mediante el Premio Fondena contribuirá a que más fincas y regiones adopten prácticas similares, fomentando la recuperación de la perdiz roja y la conservación de ecosistemas asociados.

¿Cuál es la perspectiva a futuro del proyecto?

Esperamos que en cuatro o seis años más fincas de la región puedan replicar este modelo, consolidando poblaciones de perdiz roja y otras especies asociadas. El objetivo es crear un sistema sostenible, técnicamente riguroso, económicamente viable y socialmente aceptable, que sirva de referencia para la conservación de especies en peligro y la gestión responsable del medio rural.

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