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Lorenzo Amor

«Al autónomo se le exige cotizar más mientras se le sigue negando la protección social»

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03
marzo
2026

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España ha alcanzado los 3,4 millones de autónomos, un récord histórico que, sin embargo, convive con una señal de alerta: por primera vez su peso en el empleo total cae por debajo del 16%. La paradoja define el momento del trabajo por cuenta propia. Hay más afiliados, pero menos capacidad para generar puestos de trabajo y consolidar el tejido productivo. Lorenzo Amor, presidente de la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA) y vicepresidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), analiza las tensiones que atraviesa el colectivo: el aumento de los costes laborales, la presión regulatoria y la incertidumbre económica que, a su juicio, frenan la contratación y empujan hacia un modelo de micronegocios sin asalariados.


¿Qué puede decir del sector ante una aparente paradoja: más autónomos que nunca, pero cada vez más marginales en el empleo en general?

A pesar de ser un dato positivo alcanzar un récord en el número de autónomos, ser autónomo hoy no es fácil. Como hemos dicho muchas veces, a pesar del crecimiento que registra el RETA [Régimen Especial de Trabajadores Autónomos], el colectivo no está atravesando un buen momento y las cada vez mayores cargas burocráticas, el aumento de los costes laborales y la inestabilidad que estamos atravesando hacen que el empleo entre los autónomos y las pequeñas empresas esté en descenso. Solo se crea empleo en las grandes empresas, algo que desde luego no beneficia nada a nuestro tejido productivo.

«Cada vez mayores cargas burocráticas, el aumento de los costes y la inestabilidad hacen que el empleo entre los autónomos esté en descenso»

Los datos muestran que el crecimiento del trabajo por cuenta propia se concentra en grandes comunidades como la Comunidad Valenciana, Andalucía, Cataluña o Madrid, mientras otras pierden autónomos y retroceden sectores tradicionales como el comercio o el transporte. ¿Estamos creando un ecosistema de autónomos de «dos velocidades» por territorios y por sectores? ¿Qué riesgos ve en esa brecha?

Yo no diría dos velocidades, pero sí que estas diferencias lo que ponen de manifiesto es que allí donde se apuesta de forma decidida por el colectivo de autónomos, con medidas y ayudas directas a la creación y consolidación de las actividades iniciadas por los autónomos, se registran comunidades que experimentan un mayor crecimiento en el colectivo autónomo. En cuanto a  los sectores de actividad, desde luego llevamos años con problemas en el comercio y es un tema que se debería abordar de forma específica porque se encuentra desde hace años en un constante descenso. Y son sectores fundamentales: el comercio, a día de hoy, aún aglutina a más de 700.000 autónomos, y el transporte, a más de 210.000. Casi un millón de autónomos entre ambas actividades, que necesitan apoyo específico de las administraciones.

El único grupo que crece con claridad es el de los autónomos sin asalariados a su cargo, mientras se reducen los que generan empleo adicional. ¿Qué dice esto del modelo productivo español y de la capacidad real del trabajo autónomo para actuar como motor de la creación de empleo?

La realidad es que hoy en España contratar es una actividad de altísimo riesgo. Si el único grupo de autónomos que crece es el de los autónomos sin asalariados es porque el sistema está penalizando al pequeño empresario con una subida de costes laborales y de cotizaciones que es inasumible para muchos. No es falta de ambición, es que al que levanta la persiana cada mañana se le está poniendo el freno de mano mientras se le exige que sea el motor de la economía. Para que el autónomo vuelva a generar empleo estable necesita certidumbre, seguridad jurídica y que la Administración deje de vernos como cajeros automáticos. Si seguimos asfixiando al que quiere crecer, seguiremos teniendo un país de micronegocios que se ven obligados a estar solos ante el peligro.

«Al que levanta la persiana cada mañana se le está poniendo el freno de mano mientras se le exige que sea el motor de la economía»

El mayor dinamismo del sector se concentra en actividades profesionales, científicas y técnicas, así como en la información y la comunicación, mientras que el pequeño comercio sigue adelgazando. ¿Está mutando la figura del autónomo hacia un profesional cualificado de servicios avanzados y dejando atrás al autónomo tradicional de barrio? ¿Qué implicaciones sociales tiene ese desplazamiento?

Es evidente que el perfil del autónomo está evolucionando al igual que lo está haciendo nuestra sociedad, pero cuidado: el crecimiento en sectores tecnológicos no puede ser a costa de desertizar nuestros barrios y nuestros pueblos. El pequeño comercio y el autónomo rural son el verdadero eje vertebrador y el pulmón que mantiene viva la cohesión social y territorial de España. Si en un pueblo cierra el autónomo —la tienda, el taller o la pequeña farmacia—, ese pueblo se muere. No es solo un cambio de modelo económico, es un riesgo de fractura social real si no protegemos a quien fija población y da vida donde nadie más llega. Este desplazamiento hacia sectores hasta ahora minoritarios dentro del colectivo, así como hacia servicios avanzados, refleja la nueva economía, pero, como ya he dicho antes, el autónomo tradicional está «adelgazando» porque se siente asfixiado por los costes, la burocracia y la falta de relevo generacional. La digitalización es una oportunidad necesaria, pero no se puede dejar caer al autónomo de proximidad que levanta la persiana cada mañana.

Con el nuevo sistema de tramos, en 2026 algunas cuotas tienden a moderarse en los niveles de ingresos más bajos, mientras que, a partir de los tramos medios, aparecen incrementos. ¿Hasta qué punto este modelo de cotización por ingresos reales se ha traducido en una mejora tangible para los autónomos?

La cotización por ingresos reales es algo que se llevaba mucho tiempo reclamando y, desde luego, nosotros no estamos en contra, pero las cosas hay que hacerlas bien. Hablemos claro: si para 2026 las cuotas se han mantenido y no hemos visto ese sablazo que pretendía el Gobierno es porque desde ATA nos plantamos y frenamos una subida que era inasumible. El sistema de ingresos reales sobre el papel suena bien, pero la mejora no es tangible si, al final del día, al autónomo se le exige cotizar más mientras se le sigue negando la protección social. La gran distorsión hoy es la inseguridad jurídica y el caos en la regularización. Se está penalizando a los autónomos societarios y colaboradores, quienes ven cómo el sistema les recorta su base de cotización y compromete sus pensiones futuras sin su consentimiento. Mientras el sistema siga considerando al autónomo como un cajero automático y no elimine las trabas para acceder a prestaciones reales, como el subsidio para mayores de 52 años, seguiremos ante un modelo injusto. La verdadera mejora en la calidad de vida vendrá cuando cotizar por ingresos reales signifique, de una vez por todas, tener derechos reales.

«Mientras el sistema siga considerando al autónomo como un cajero automático y no elimine las trabas seguiremos ante un modelo injusto»

Muchos autónomos critican que España «golpea» a los trabajadores por cuenta propia con cuotas altas mientras en países vecinos como Inglaterra y Francia se ofrecen beneficios para fomentar el trabajo independiente cuando se comienza a emprender.

Los emprendedores en España –y lo digo alto y claro porque es un logro que se aprobó tras mucha insistencia de la organización que presido– tienen una tarifa plana de 80 euros para empezar que puede ser de dos años, pero es que hay muchas comunidades autónomas, y eso también es insistencia de ATA, que hay cuota cero hasta por esos años. Cuota que por cierto da acceso a todos los derechos de los autónomos : bajas por enfermedad, accidente in itinere, jubilación, cuidado del menor (maternidad y paternidad), formación… El sistema de cotización español es ejemplo en Europa y pocos países nos superan en protección y no son precisamente Inglaterra ni Francia. ¿Tenemos que aprender de otros países? Por supuesto. Somos el único país en Europa que no ha traspuesto la directiva europea del IVA franquiciado que aliviaría mucho la carga de aquellos que facturan menos de 85.000 euros. Pero hay que saber que se paga por derechos, y lo que queremos es más derechos por lo que pagamos. Esto es un error muy común. Por eso desde ATA recomendamos siempre un asesoramiento consciente antes de lanzarse al ruedo. Además de un plan de negocio pensado y concienzudo.

El autoempleo se consolida como una opción laboral entre los extranjeros en España. ¿Por qué ser autónomo es la mejor opción laboral para este grupo?

Al final emprender es tener una visión de un negocio que no ve otro y las personas de otras culturas y otros países tienen experiencias distintas que se solucionan de otras maneras. No son mejores ni peores sus fórmulas, son nuevas. Si crece mucho la población india, por ejemplo, es normal que entre ellos crezcan los autónomos que se dedican a la restauración incluyendo su comida tradicional, que surjan intérpretes que ayuden en los negocios, especialistas en derecho de aquí y de allí, fabricantes de utensilios comunes, instrumentos musicales, ropa… Es un servicio a su propia sociedad que amplía nuestra oferta y nuestra interculturalidad.

Verifactu y la obligación de emitir facturas con software homologado, código QR y trazabilidad completa se presenta como una herramienta contra el fraude, pero supone un salto tecnológico y de cumplimiento normativo para cientos de miles de pequeños negocios. ¿La implantación de Verifactu es una oportunidad para profesionalizar la gestión o una nueva barrera de entrada para el autónomo más vulnerable?

Mire, hablemos claro: el sentido común ha reinado con el aplazamiento de Verifactu hasta 2027, algo que desde ATA exigimos porque pretender implantarlo ahora era un auténtico despropósito. No se puede obligar a un autónomo que apenas llega a fin de mes a dar un salto tecnológico de esta magnitud sin formación y con un calendario que no era realista. No estamos en contra de la digitalización ni de la lucha contra el fraude —somos los primeros interesados en quitarnos ese estigma—, pero hay miles de autónomos que aún no estaban preparados para emitir facturas electrónicas el 1 de enero de 2026. El retraso de la entrada en vigor en 2027 no impide utilizar Verifactu, pero evita que su utilización sea obligatoria para los autónomos, en un momento en el que había tantísima incertidumbre que hasta la propia web del ministerio cambiaba semanalmente sus preguntas frecuentes. Por ello, sería necesario realizar una campaña de comunicación a lo largo de 2026 para explicar de forma clara y concisa a los autónomos en qué consiste antes de su obligatoriedad el 1 de enero de 2027.

«La receta es clara: menos trabas, menos impuestos al talento y más protección social»

Con las previsiones que manejan desde la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos, ¿qué tendría que suceder este año, en términos regulatorios y de costes, para que 2026 sea un punto de inflexión en la calidad de vida y la seguridad económica de este sector de trabajadores?

Estamos inmersos en un entorno complicado y el autónomo necesita certidumbre, lo mismo que los inversores. Tocan elecciones en varias comunidades y las afrontamos con un clima político enrarecido. No se respira buen caldo de cultivo para la inversión. En 2026 podría volver a crecer el número de autónomos, con un aumento de afiliación de entre 25.000 y 27.000 personas, lo que en términos relativos supondría un incremento de entre el 0,7% y el 0,8%. No obstante, hay que tener claro que esta evolución dependerá en gran medida de que se alivien las cargas fiscales y administrativas que soporta el colectivo. Sin un cambio de rumbo, la recuperación de los autónomos será frágil. El colectivo necesita estabilidad, tener reglas claras y medidas que realmente faciliten emprender y mantener un negocio. De lo contrario, 2026 corre el riesgo de convertirse en otro año marcado por la incertidumbre, en el que muchos autónomos seguirán al límite de su viabilidad económica. Si queremos un récord de verdad, la receta es clara: menos trabas, menos impuestos al talento y más protección social.

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