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La crisis de la mediana edad, ¿ciencia o mito?

Existe la idea de que las personas atravesamos, con mejor o peor fortuna, la temida «crisis de la mediana edad» entre los 40 y los 50 años. ¿Pero existen evidencias científicas que lo corroboren o se trata de una simple creencia popular?

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21
abril
2026

El psicólogo canadiense Elliott Jacques (1917-2003) dejó una importante impronta en el estudio psicoanalítico de las organizaciones empresariales. Cuando en 1951 publicó su trabajo La cultura cambiante de una fábrica, utilizó por vez primera el concepto de cultura aplicado a la forma en que se desarrolla el trabajo en una empresa. Jacques defendía la necesidad de que las empresas, si querían prosperar, contasen con estructuras y procesos que refuercen los impulsos positivos de sus trabajadores: confianza, familiaridad, cooperación, afecto…

Sin duda, el entorno laboral influye mucho en nuestro desarrollo, no solo profesional sino también emocional. Bien sabemos que un entorno laboral hostil puede llegar provocarnos todo tipo de dolencias que van más allá de lo físico. Tal vez, ese estudio profundo que Jacques dedicó durante años a la psicología organizacional y su impacto en los trabajadores fue el que lo llevó a utilizar por vez primera el concepto de «crisis de la mediana edad».

En 1965 publicó su trabajo La muerte y la crisis de la mediana edad, en que aseguraba que muchas personas atraviesan un período depresivo que las empuja a realizar cambios repentinos en su estilo de vida. Este período se daría entre los 40 y 50 años de edad, y respondería al hecho de que es el momento vital en que las personas nos enfrentamos a la idea de la propia mortalidad. Desde entonces, la citada crisis vital ha calado en el imaginario popular. Pero, ¿existe constatación científica que pueda avalar este supuesto?

Desde que Jacques acuñase el término, la «crisis de la mediana edad» ha sido abordada por diversos estudios, todos ellos en el campo de la psicología y la sociología. Numerosas investigaciones confirman que dicha crisis responde a condicionamientos externos como el trabajo, las responsabilidades familiares o el deterioro de las relaciones personales que, unidos a otros personales como el de constatar que no se han cumplido los sueños y objetivos marcados en edades más tempranas, provocan que de los 40 a los 50 años de edad las personas suframos cambios internos de mayor o menor profundidad.

Jung afirmaba que a partir de los 40 años es cuando cualquier persona puede comenzar realmente su período vital más pleno

Por el contrario, años antes de que la citada crisis fuese analizada, Carl Gustav Jung (1875-1961) afirmaba que a partir de los 40 años es cuando cualquier persona puede comenzar realmente su período vital más pleno, ya que es entonces cuando ha conformado totalmente sus ideas y expectativas. Queriendo ser más incisivo, el economista David G. Blanchflower publicó en 2020 un extenso estudio que le llevó a recopilar datos acerca de la relación entre edad y bienestar en 132 países. Los resultados: la felicidad tiene forma de U y alcanza su punto más bajo a los 47 años. Cierto es que si a partir de entonces comienza la subida, Jung no andaba muy equivocado.

Una vez asimilamos nuestra propia mortalidad, no es que olvidemos nuestras metas sino que priorizamos las puramente emocionales. O, al menos, eso deberíamos hacer, según avalan los estudios psicológicos, si no queremos quedar varados en esa crisis vital o, peor aún, tomar una deriva peligrosa para nuestra propia salud. La vida a partir de los 50 seguirá siendo difícil, pero se nos hará menos cuesta arriba si invertimos nuestra energía en todo aquello que refuerce la afectividad, desde los vínculos personales a los propósitos, pasando por las actividades que realizamos en nuestro día a día.

Solo entre el 10% y 20% de adultos aseguran haber experimentado la citada «crisis de la mediana edad»

Tal vez este sea el motivo por el que, a pesar de lo popular del concepto, algunos estudios avalen que solo entre el 10% y 20% de adultos aseguran haber experimentado la citada «crisis de la mediana edad». Durante años, se ha popularizado de manera extrema un concepto que, si bien responde a unos cambios vitales que afectan a la práctica totalidad de la población, no debe llevar aparejadas circunstancias negativas. De hecho, cuando Jacques acuñó el concepto lo hizo basándose en el estudio de artistas que, llegados a dichos períodos vitales, mostraban un estancamiento en el desarrollo de su creatividad. Y no todos somos artistas.

Lo que sí constata la ciencia es que, físicamente, no envejecemos de manera paulatina. En 2024, un grupo de científicos de la Universidad de Stanford (EE.UU.) publicó un estudio que revelaba que nuestro cuerpo sufre dos picos de envejecimiento en que este se acelera, y que dichos picos se dan alrededor de los 44 y los 60 años de edad. Comprender y asimilar que envejecemos y que no vamos a vivir para siempre, es tal vez la clave para evitar formar parte de ese porcentaje de población que sufre la «crisis de la mediana edad» y comenzar el período de vida más pleno de nuestra existencia, como proponía Jung.

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