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Juan Martín

«Una gran falta del sistema de salud es la atención preventiva»

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23
febrero
2026

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Ha sido una de las grandes conquistas de los avances médicos y sociales de los últimos siglos. Ahora vivimos cada vez más. Nuestras vidas son más largas, pero también nuestras sociedades (al menos las de los países del Norte global) se enfrentan a una pirámide de población más envejecida. Es un dato que lleva protagonizando investigaciones y pánicos morales en las últimas décadas. Pero es también uno que merece un análisis reposado. Eso es lo que hace el Centro Internacional sobre el Envejecimiento (CENIE), un organismo promovido por la Fundación General de la Universidad de Salamanca y en el que cooperan centros académicos de España y Portugal. Por lo pronto, están apuntando que en todo esto puede haber una oportunidad y tanto España como Portugal están muy bien posicionadas para destacar en la economía de la longevidad. Su director, Juan Martín, lo tiene muy claro.


La longevidad se ha convertido en un tema siempre presente en las noticias, con todos esos millonarios que hacen cosas un tanto locas para tener vidas más largas. ¿Nos estamos obsesionando con la longevidad en la sociedad actual o es algo que lleva preocupando ya tiempo?

La longevidad no es un tema que esté de moda. Es un cambio promovido por la gran conquista civilizatoria que significa vivir más y que está dando lugar, a veces de una manera muy silenciosa, a una nueva sociedad. Hace 25 años hablábamos de ser nativos o migrantes digitales. Para el tema de la longevidad, todos somos migrantes. Nadie ha nacido con el concepto de vivir 100 años. Todo lo que está sucediendo en torno a la investigación y al campo de la longevidad, de la extensión de la vida, es fruto de una nueva realidad.

En general, todos los avances han dado lugar a mejores situaciones, pero han tenido aspectos comunes entre ellos. Lo primero que ocurre es que generan desigualdad. Los primeros que se benefician son las élites. Diez años después accede la clase media y diez después se universaliza. Lo que está ocurriendo en este terreno es algo similar.

[La percepción pública] se contamina por el hecho de que se haya convertido en el campo en el que, posiblemente, se está concentrando más inversión en términos de investigación. Lo que hay detrás es una gran necesidad de repensar qué significa una sociedad longeva, que es un camino absolutamente ignoto, un territorio por el que no hemos circulado nunca. Más allá del atractivo mediático que tienen los milmillonarios, yo creo que estamos hablando de uno de los grandes temas del siglo XXI, el de cómo responder a una sociedad diferente.

«Nadie ha nacido con el concepto de vivir 100 años»

En vuestra explicación sobre qué hacéis en el CENIE indicáis que entendéis que el verdadero cambio no reside solo en que haya más personas mayores, sino en que todas las etapas de la vida están cambiando a la vez. Esto es muy interesante, porque pensamos en la vejez como un comportamiento estanco, pero si vas a vivir más tiempo también cambia cómo ves las cosas cuando tienes 30 o 40 años. Digamos que te ves mucho más joven de lo que quizás se veía esa edad en el pasado…

La realidad que subyace es que traducimos longevo por mayor. Cuando hablamos de longevo hablamos de mayores, pero el más longevo es el que acaba de nacer. Lo que dicen los datos (estas cosas siempre tienen sus matices) es que, entre quienes están naciendo hoy en los países avanzados, un 50% tiene muchas probabilidades de vivir más de 100 años. Cuando hablamos de sociedades longevas, estamos hablando del conjunto de la sociedad, aunque tratamos de pensar que lo hacemos de envejecimiento. Nos dimos cuenta del error cuando pusimos como nombre al centro ‘Centro Internacional sobre el Envejecimiento’ a los dos minutos, porque la palabra envejecimiento está asociada a problemas, a pérdidas.

¿Cómo se llega a una sociedad envejecida? Por dos circunstancias. Una, positiva, es que hemos extendido nuestro ciclo vital. Una, negativa, que es que nacen menos personas. La estadística nos dice que en España hemos superado los 84 años de esperanza de vida. Yo siempre digo que, si una persona vive 100 y otra vive 50, decimos que la esperanza de vida es de 75, pero la realidad no es esa. La realidad es que uno vive 50 y otro vive 100. Esta consideración de longevo con envejecimiento, con mayor, es algo que nos está distorsionando. Al repensar cada sector debemos [tener en cuenta] a quién va a afectar. Hablo aquí de la enorme diversidad en la que se ha transformado una sociedad que estaba muy simplificada. Estudiábamos, trabajábamos y nos jubilábamos. Ahora hay múltiples etapas y todas ellas se van a flexibilizar. Nuestra sociedad no está preparada para todas estas etapas.

Siempre pongo el ejemplo de la universidad, que es lo que nos hemos dado como sociedad para formarnos. Está pensada para un nicho de mercado que son chiquillos de 18 a 25 años, pero ¿qué va a ocurrir cuando a los 40 o 45 alguien quiere reinventarse o reinsertarse en un mercado laboral que requiere nuevos conocimientos? Debe acudir al centro de conocimiento, que es la universidad. Pero el modelo es que te vengas aquí 3 o 4 años, con mis hijos. No es viable. Por tanto, hay que generar nuevas formas de entender la transmisión de conocimiento.

Tenemos una distorsión absoluta en la forma en que nos aproximamos a temas que son básicos y, por tanto, tenemos un problema también con que los protagonistas de esta nueva sociedad no se sienten aludidos.

«España es donde más se vive y donde más se quiere vivir»

De hecho, cuando se habla de políticas públicas, los jóvenes sienten que se premia a la población de más edad, que se hacen políticas pensando en el grupo que es el mayor número de votantes. Pero al mismo tiempo los de más edad sienten que están olvidados. Escuchándote ahora me preguntaba si nos falla la lengua para hablar de todos estos temas.

Hablas de muchas cosas. El primer punto es un grave riesgo, que me preocupa mucho, porque sería un gran fracaso como sociedad. Lo segundo es la comprensión del concepto vejez. Lo vemos en los pictogramas, el señor con la cayada, como si esa fuera realmente la imagen de la vejez hoy en día.  Por tanto, claro que es importante el idioma y la terminología, porque construye imágenes. Tenemos que introducir el concepto intergeneracionalidad en positivo.

Hemos hecho varios estudios. Nos planteamos ver qué hay de oportunidad y qué hay de desafío en la longevidad. En cuanto a oportunidad, el concepto [a defender] es la economía de la longevidad, que afecta a toda la sociedad. España y Portugal son países muy longevos. España lidera en la UE y en 2040 seremos el país más longevo del mundo, superando a Japón.  Al tiempo, la Península Ibérica y las islas son el destino preferido global. En términos coloquiales, somos el lugar del mundo donde más se vive y donde más se quiere vivir. De ahí sacamos una conclusión: estamos ante un sector estratégico por su potencialidad y que se contrapone a los que constantemente aparecen [en medios] como tales, la economía de la mejor vida.

Estudiamos el cambio de percepción, esa idea de que a medida que cumples años eres menos productivo. Analizamos qué pasó después de la Gran Recesión de 2008: las empresas que habían mantenido una plantilla de mayor edad habían sido más productivas, más rentables y habían preservado el valor de empresas. Habían sido más resilientes. Mientras tanto, llevamos décadas escuchando hablar de las prejubilaciones de una manera muy seductora.

En los desafíos nos fijamos en dos cosas. Una, la parte de capacidad física. Otra, la cognitiva.  Nos centramos en el envejecimiento saludable. Los sistemas de salud se han pensado para curar la enfermedad, no para la salud, pero para hablar de envejecimiento saludable deberías prevenir. Debería aparecer la atención preventiva. La prevención es la mejor inversión. Hemos conseguido llegar a los 84 años de esperanza de vida, pero Eurostat dice que la esperanza de vida saludable es apenas 61 años.

Porque aquí entra otro matiz. Siempre se habla de vivir X años, pero no de vivir X años bien. ¿Nos falta pensar en cómo hacerlo bien?

Una gran falta del sistema de salud es la atención preventiva como pilar con personalidad propia. Invertimos el 70% del presupuesto en enfermedades crónicas, muchas de ellas evitables. Apenas invertimos el 3% en prevención. Es la situación que tenemos. Si vivimos más, necesariamente necesitamos acortar la distancia entre la esperanza de vida, ese dato estadístico que esconde todas las desigualdades que quieras (porque hay diferencias entre comunidades autónomas, en poblaciones o en barrios), y lo que es esperanza de vida saludable.  En España las mujeres viven más, pero tienen una esperanza de vida saludable peor. Pasan más años con problemas asociados a enfermedades crónicas. Y la gran mayoría de las personas de más de 60 años tienen alguna enfermedad de tipo crónico. Todos hemos naturalizado que se tomen pastillas para la tensión, para el colesterol… El otro aspecto es el bienestar financiero, que afecta a la salud, la productividad y a todo.

«El siglo XXI se determinará en términos de calidad y de bienestar»

Al final, acabamos hablando una y otra vez de desigualdades.

Hablamos de desigualdades en un contexto en el que estamos hablando de preservar y fortalecer el Estado del bienestar. Mi hija vive en Nueva York. En España si a un repartidor lo atropella un coche, llamas a los servicios de emergencia. Allí ¿sabes lo primero que dijo el ciclista atropellado cuando se acercaron? Que no llamasen a ninguna ambulancia porque se arruinaba. Cuando se habla de desigualdades, hay que contextualizarlo con dónde estamos hablando. Cuando se dice que el mundo podría prescindir de Europa, seguramente lo pueda hacer en lo económico o en lo tecnológico. El gran drama es prescindir de lo que Europa entiende por derechos, que no se suele valorar porque nos gusta la inmediatez de las cosas. Todo de lo que hemos estado hablando no tiene otra circunstancia que reflexionar en la búsqueda de un fortalecimiento y favorecer un estado del bienestar que siga estando presente, porque las desigualdades afectan a todo.

Hasta afecta que puedas llegar a esos 84 años de vida, porque si tienes una enfermedad crónica en Estados Unidos a menos que tengas dinero será complicado que lo logres… 

Y teniendo dinero. La esperanza de vida es 10 años menos que en Europa, que en España, porque viven [con mucho] estrés. Tenemos asociado que el éxito es lo que posiciona como feliz. No es verdad. La gente puede tener mucho éxito y sentirse muy infeliz.  Podemos ver la vida de otra manera. Creo que España es un gran país, que tiene todas las condiciones para apostar la economía del futuro, que es la economía del bienestar. El siglo XXI se determinará en términos de calidad, de bienestar.

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