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El arte de saber envejecer

Nos fascinan las fotos de las estrellas de cine que han aceptado el paso de los años y se muestran al natural. Pero ¿de qué hablamos cuando abrazamos el buen envejecer?

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10
febrero
2026

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Envejecer es inevitable, algo inherente a la propia condición de estar vivo. Aun así, ha sido una de las preocupaciones de los seres humanos desde hace siglos y hasta milenios. Posiblemente porque no siempre sentimos que la edad que marca el calendario es la que realmente tenemos. Quizás, porque el miedo a envejecer va paralelo al miedo a la muerte. Sea como sea, la industria antienvejecimiento mueve cifras millonarias, que cubren desde productos de cosmética hasta las técnicas médicas vanguardistas para intentar preservarse por décadas como si nunca se hubiese pasado de los 30.

Las investigaciones se suceden, abarcando desde lo más estético (o, para algunas personas, frívolo) hasta las cuestiones sanitarias que se centran en la calidad de vida. «La industria de la longevidad es la que más crece en el mundo», explica en la nota de prensa que presenta el Longevity World Forum su director, Francisco Larrey. «Habrá movido una quinta parte del PIB mundial al finalizar 2025. La aceleración a nivel tecnológico y de inversión en longevidad no es comparable con otra industria», añade. Las cuentas que manejan desde ese evento hablan de que la inversión global de las empresas del sector de la longevidad subirá en un 200% en la comparativa de este año con 2024. En 2027, se destinarán a este terreno unos 8.500 millones de dólares.

Las investigaciones se centran, sobre todo, en prevenir o retrasar la aparición de ciertas enfermedades. En cierto modo, se podría decir que se quiere dar con las claves para envejecer bien, pero ¿de qué hablamos realmente cuando abordamos ese arte de saber envejecer?

En cierto modo, sabemos ya que el paso del tiempo, por mucho que nos pueda aterrar, implica abrazar la felicidad. La curva de la felicidad tiene forma de U, o al menos eso es lo que dicen las investigaciones científicas. La infancia es un momento de gran felicidad, que va decayendo a medida que pasan los años y toca fondo entre los 40 y los 50 años (ese momento de la llamada crisis de la mediana edad). Luego, remonta, escalando a medida que se va envejeciendo y alcanzando las cotas más altas en las décadas más cercanas a la muerte.

La vida es un proceso de continuo aprendizaje y, a medida que pasan los años, vamos ganando en sabiduría

Se la llama la paradoja de la vejez. «La investigación puntera que existe a nivel mundial hoy se pregunta por qué se da esta paradoja, en la que a pesar de que sabemos que la vejez, a nivel biológico, no es lo mejor que te puede pasar, e incluso hay pérdidas importantes de seres queridos y del trabajo; la felicidad sube hasta alcanzar niveles altos», le dice a La Vanguardia Ricardo Iacub, doctor en Psicología, titular de la cátedra Psicología de la Tercera Edad y Vejez de la Facultad de Psicología de la UBA.

La clave está en que la vida es un proceso de continuo aprendizaje y, a medida que pasan los años, vamos ganando en sabiduría sobre el propio ser.  En resumidas cuentas, se ha ganado experiencia vital y se ha logrado, como señala el experto, manejar mejor las emociones propias. Esto lleva a frustrarse menos, a ser más realista o a comprender mejor el valor de cosas que en otro momento de la vida nos parecían irrelevantes.

Y todo esto, en paralelo, es muy similar al viejo tropo de la persona anciana sabia, tan presente en el folklore, la literatura o la cultura popular, en la que su elevada edad le ha dado la llave para comprender el mundo en el que vive. Es una expectativa optimista, la de que cada tarta de cumpleaños nos acerca a una fuente de sabiduría.

Posiblemente, por eso las declaraciones que abrazan el paso de los años fascinan tanto a la sociedad y se convierten en titulares aplaudidos en los medios de comunicación. Ahí está la actriz Drew Barrymore, que acaba de cumplir 50 años y que proclama que «envejecer es tan maravilloso como parece».  «No se habla lo suficiente de lo maravilloso de envejecer. Te puedes relajar, las cosas se ralentizan», señala la fotógrafa Annie Leibovitz en la presentación de su última exposición.

A pesar de lo positivo, no se debe olvidar que el poder envejecer bien está conectado a muchas capas de privilegio

Al tiempo, abrazar todo el proceso se ve como más natural. Ahí están todas las fotos de celebridades que no se han hecho grandes retoques y que tienen «una cara de su edad», como se dice con entusiasmo en redes sociales. Muestran una realidad en la que es posible no ser esclavo de la presión estética y en la que se puede no asumir estándares irreales. Una en la que el paso de los años no es una penitencia sino el propio flujo de la existencia.

Aun así, y a pesar de lo positiva que resulta esta idea, tampoco se debe olvidar otra cuestión, la de como el poder envejecer bien está conectado a muchas capas de privilegio. Al fin y al cabo, abrazar el paso del tiempo no garantiza simplemente una buena calidad de vida. Todas esas celebridades que se «mantienen tan bien» y han asumido su edad seguramente lo hagan con costosos tratamientos de belleza, dietas ultra cuidadas y entrenamientos bien perfilados que les ayudan a afrontar mejor los cambios físicos que trae cada cumpleaños.

Incluso sin irse a los presupuestos de las estrellas, las clases de pilates y los otros muchos elementos recomendados para un envejecimiento activo requieren inversión de tiempo y dinero y tener acceso a los recursos. No menos importante es recordar que la edad también se asocia con diferentes capas de precariedad para diferentes grupos de población, que hacen que el ideal de ese arte de envejecer se convierta en algo bastante inalcanzable cuando no se tienen ingresos o una vivienda dignos.

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