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¿Qué es la psicopolítica?

La psicopolítica persigue traducir los procesos mentales en datos, procesarlos mediante algoritmos y utilizarlos para predecir y modelar comportamientos.

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06
mayo
2026

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Un estudio de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) publicado en Culture, Theory and Critique analiza cómo Neuralink marca el camino hacia una nueva forma de poder: la psicopolítica.

En 2016, Elon Musk fundaba Neuralink, una empresa para desarrollar implantes que permitan la comunicación entre el cerebro humano y un ordenador, definida por él mismo como un proyecto médico, humanitario, transhumanista y políticamente neutral. Sin embargo, en los diez años que han pasado desde entonces el proyecto se ha revelado como mucho más que eso.

«Al igual que un semáforo cumple la función policial de mantener el orden en las calles, organizando el tráfico de vehículos y peatones, Neuralink pretende cumplir una función psicopolítica, es decir, traducir en datos nuestros procesos cognitivos, pensamientos, emociones o actitudes, y regularlos», explica Sergi Parellada, autor principal del estudio, investigador del eHealth Centre de la UOC y del grupo de investigación Barcelona Science and Technology Studies (STS-b) de la UAB. «Además, a partir de los conocimientos científicos, busca legitimar una intervención que permita optimizar la psique de los individuos para que encajen en aquellos estándares necesarios para cumplir con el imperativo de la productividad capitalista y neoliberal», añade.

Guiar el pensamiento

Aunque Neuralink aún es una tecnología experimental, el estudio demuestra que los principios de la psicopolítica ya están presentes en muchas de las aplicaciones y las plataformas que utilizamos a diario. A través de sus algoritmos, plataformas como Instagram, TikTok o Spotify recopilan datos sobre gustos, deseos, motivaciones o comportamientos, e incluso algunas tienen la capacidad de escuchar nuestras conversaciones cotidianas y transformarlas en información que usan para construir los perfiles digitales de cada usuario.

«Estas tecnologías se alimentan de datos sobre nuestra psique para dirigir, orientar y modificar nuestro comportamiento con el objetivo de generar beneficios económicos», sostiene Parellada, también profesor experto profesional de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC. «Neuralink es una continuación de este proyecto psicopolítico ya presente en nuestra cotidianidad. El hecho de que Neuralink pueda leer directamente nuestro cerebro transforma el ejercicio psicopolítico, en tanto que puede intervenir en procesos cognitivos no conscientes, escapando a nuestra capacidad de reflexión», concluye.

La psicopolítica transforma la mente en un recurso productivo para el control político

Así, tecnologías de implantes neurotecnológicos como Neuralink podrían ser la herramienta definitiva de la psicopolítica, un nuevo régimen de poder que ya no se centra en el gobierno de los cuerpos y de la población, sino en gestionar y optimizar la psique. La psicopolítica persigue traducir los procesos mentales en datos, procesarlos mediante algoritmos y utilizarlos para predecir y modelar comportamientos, guiando así el pensamiento. De esta manera, el poder podría dejar de actuar de forma coercitiva y disciplinaria, y pasar a hacerlo a través de la seducción e incluso de la automatización, al operar sobre procesos inconscientes evadiendo la reflexividad. Se transforma así la mente en un recurso productivo para el control político.

Los riesgos de gobernar las mentes

Neuralink nace para desarrollar chips que, implantados en el cerebro, permitan leer, recopilar y transformar en datos la actividad de la mente humana. Su funcionamiento integraría la comunicación entre el cerebro y los ordenadores en la vida cotidiana, un potencial que, según los autores del estudio, podría ser terapéutico para tratar ciertos malestares, pero que debe ser mirado con lupa, ya que oculta implicaciones políticas profundas. Los investigadores señalan cuatro riesgos claros:

  1. Pérdida de capacidad de actuación individual: el sujeto ya no decide optimizar su comportamiento o curarse, el sistema lo hace por él.
  2. Mercantilización de la vida mental: los datos neuronales se convierten en un nuevo recurso económico.
  3. Externalización de la salud mental: el bienestar psicológico acaba perteneciendo a dispositivos controlados por empresas privadas.
  4. Adaptación del individuo al sistema: el foco de la política se desplaza de intentar cambiar las condiciones sociales que generan malestar a adaptar biológicamente a las personas al sistema.

«Por ejemplo, en el ámbito médico de la salud mental, parte de nuestra capacidad de actuación proviene de la oportunidad de asimilar de forma consciente los conocimientos que nos proporcionan los psicólogos o de la oportunidad de decidir si tomamos o no las pastillas para la ansiedad. Incorporar Neuralink en nuestras vidas significa tener a nuestra psiquiatra o a nuestro psicólogo implantados en nuestras cabezas. Ante la mínima señal de malestar o de datos neuronales no óptimos para el correcto funcionamiento de un individuo en su cotidianidad, Neuralink podría intervenir», explica Sergi Parellada.

Para el investigador, esta tecnología constituye la oportunidad de acceder a nuestra arquitectura neuronal y nuestros procesos psíquicos no conscientes, y precisamente por eso ha de ser manejada con cuidado. Esta innovación contribuye a alimentar nuevos debates en la sociedad, como el de la protección de los neuroderechos o el de la necesidad de regular o no estas nuevas tecnologías neuronales que abren la puerta a la psicopolítica.

«Ante la pérdida de capacidad de actuación que Neuralink puede suponer para los individuos y la amenaza que esta nueva forma de gubernamentalidad supone para la democracia en la que vivimos o querríamos vivir, nuestra propuesta no pasa tanto por regular esas tecnologías, sino por visibilizarlas y cuestionarlas, y reflexionar sobre los dispositivos y nuestra relación con ellos, de forma que podamos potenciar nuestra soberanía», concluye Parellada. «Consideramos relevante mantener un cierto grado de capacidad de actuación humana consciente y reflexiva en nuestra conexión con estas neurotecnologías, promover proyectos neurotecnológicos que no se encuentren en manos de grandes corporaciones privadas e impulsar una mayor transparencia en cuanto a las posibilidades que generan y las capacidades que tienen estas tecnologías».

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