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Siglo XXI

Cinco tecnologías cyborg que ya están cambiando el cuerpo humano

Laboratorios de todo el mundo están desarrollando tecnologías que extienden las capacidades humanas más allá de sus límites naturales. La pregunta ya no es si se puede hacer, sino hasta dónde queremos llegar.

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09
abril
2026

En la última celebración del Año Nuevo chino, millones de espectadores vieron cómo un grupo de robots humanoides bailaba al ritmo de la música, moviéndose al milímetro, en perfecta sincronía con bailarines de carne y hueso. Parecía un fragmento de película de ciencia ficción, pero estaba pasando en directo. Las imágenes dejaron una impresión clara: la línea que separa lo humano de lo artificial se está desdibujando más rápido de lo que creemos. Mientras los robots perfeccionan su capacidad de imitar nuestros movimientos, otra transformación menos vistosa pero quizá más profunda avanza en paralelo: lo cyborg. Se trata de seres humanos o animales cuyas capacidades se amplían mediante dispositivos integrados en su cuerpo. No son máquinas externas, sino tecnología que se funde con la biología.

El término cyborg, una contracción de cybernetic organism, fue acuñado en 1960 por los científicos Manfred Clynes y Nathan S. Kline, que lo utilizaron para describir a un ser humano mejorado con tecnología capaz de adaptarse a entornos extremos, como el espacio. Con el paso del tiempo, la palabra saltó de los laboratorios a la cultura popular, donde durante décadas se asoció a figuras de ciencia ficción —mitad humano, mitad máquina—.

Sin embargo, su significado ha ido cambiando, hoy ya no se refiere solo a una idea futurista, sino a una realidad en construcción, en la que dispositivos, sensores e implantes empiezan a integrarse de forma cotidiana en el cuerpo humano para ampliar sus capacidades. A continuación, algunos de ellos.

Ver en la oscuridad

Uno de los avances más llamativos es el desarrollo de lentes de contacto capaces de detectar luz infrarroja, una parte del espectro invisible para el ojo humano. Estas lentes incorporan nanopartículas que transforman la luz infrarroja en luz visible, lo que hace posible percibir señales en condiciones de oscuridad o baja iluminación. Funcionan incluso con los ojos cerrados, ya que la luz infrarroja puede atravesar parcialmente los párpados.

Aunque todavía se encuentran en fase experimental y presentan limitaciones —como imágenes poco nítidas—, este tipo de tecnología apunta a una idea clave: no solo se trata de corregir la visión, sino de ampliarla.

La visión es uno de los sentidos donde más avances se están produciendo. Más allá de las lentes infrarrojas, existen desarrollos de «ojos biónicos» y lentes capaces de proyectar imágenes o datos directamente en el campo visual del usuario, como si se tratara de una pantalla integrada en el ojo.

Exoesqueletos

Otra línea de desarrollo cyborg son los exoesqueletos, estructuras robóticas que se acoplan al cuerpo para aumentar su capacidad física. Empresas como Palladyne AI o Ekso Bionics comercializan ya modelos para aplicaciones industriales y militares que permiten levantar cargas muy pesadas sin esfuerzo aparente.

En el ámbito médico, estos dispositivos están ayudando a personas con lesiones medulares a volver a caminar. El modelo EksoNR, por ejemplo, se utiliza en rehabilitación neurológica y ha demostrado mejorar la recuperación de pacientes tras un ictus.

El objetivo es que puedan hacerse cada vez más ligeros, intuitivos y adaptables. Algunos prototipos incorporan sensores que anticipan los movimientos del usuario y ajustan la asistencia en tiempo real, borrando la frontera entre el cuerpo y la máquina.

Una lengua artificial

Otra innovación sorprendente es la creación de una lengua artificial, obra del Centro Nacional de Nanociencia y Tecnología de China, capaz de detectar y aprender sabores de forma similar al sistema gustativo humano. Este avance se enmarca en lo que se conoce como computación neuromórfica, una línea de investigación que busca replicar el funcionamiento del cerebro humano en máquinas.

Fabricada con óxido de grafeno, está compuesta de láminas ultrafinas de carbono capaces de actuar como un filtro a escala molecular que capta los iones desprendidos por las sustancias cuando se disuelven en líquido, responsables de los sabores.

La computación neuromórfica busca replicar el funcionamiento del cerebro humano en máquinas

Las aplicaciones son muchas: desde mejorar el control de calidad en alimentos hasta detectar enfermedades a través de la saliva o incluso ayudar a personas que han perdido el sentido del gusto.

Nuevos sentidos

Si la tecnología puede ampliar los sentidos que ya tenemos, también puede crear otros que la naturaleza no nos dio. Un ejemplo muy conocido es el de Neil Harbisson, un artista británico al que muchos consideran el primer cyborg oficialmente reconocido. Harbisson nació con acromatopsia, es decir, no distinguía los colores. Para solucionarlo, se hizo implantar una antena en el hueso de la parte posterior del cráneo. Ese dispositivo capta los colores del entorno y los convierte en frecuencias sonoras que él percibe como vibraciones dentro de su cabeza. Gracias a ella, puede escuchar el rojo de una manzana o el azul del cielo, e incluso detectar longitudes de onda que el ojo humano no ve, como el infrarrojo o el ultravioleta.

Lo interesante de este caso es que no se trata de recuperar algo que se perdió, sino de añadir una capacidad completamente nueva. Harbisson defiende que su antena no es un accesorio ni una herramienta, sino un órgano más. Y eso plantea preguntas que van más allá de la tecnología: ¿dónde termina el cuerpo humano y dónde empieza la máquina? ¿Qué significa ser humano cuando podemos ampliar nuestros sentidos a voluntad?

Interfaces neuronales

Uno de los campos que más desafíos presenta para la tecnología humano-máquina sigue siendo el cerebro humano, y cómo aumentar sus capacidades. Investigadores como Kevin Warwick han experimentado con implantes que permiten conectar directamente el sistema nervioso con dispositivos electrónicos. En uno de sus experimentos, Warwick se implantó un chip que le permitía interactuar con sistemas informáticos y controlar dispositivos a distancia.

En fases más avanzadas, estos sistemas han logrado transmitir señales entre sistemas nerviosos humanos, lo que apunta a un futuro en el que los cerebros puedan comunicarse solo con el pensamiento.

Expertos en neurotecnología coinciden en que este campo podría transformar radicalmente la relación entre humanos y máquinas en las próximas décadas, aunque también plantea importantes desafíos éticos relacionados con la privacidad mental y la autonomía.

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