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Cinco soluciones de nanotecnología para grandes problemas ambientales

Puede que las soluciones a los mayores desafíos del planeta no estén en los grandes proyectos, sino en el mundo de lo microscópico, en una escala tan diminuta que escapa a nuestros ojos: la escala de las nanopartículas.

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19
marzo
2026

En 1959, el físico Richard Feynman planteó en su charla «There’s Plenty of Room at the Bottom» la posibilidad de manipular átomos y moléculas uno a uno, describiendo, mucho antes de que existieran herramientas para hacerlo, un mundo donde sería posible «escribir a nivel atómico». Décadas después, en 1989, esa visión se hizo tangible cuando un equipo de investigadores logró mover individualmente átomos, demostrando por primera vez que se podía manipular la materia a escala nanométrica. Así nació la nanotecnología.

Se trabaja con la materia a una escala extremadamente pequeña (un nanómetro equivale a la milmillonésima parte de un metro) en la que los materiales pueden comportarse de manera muy distinta a como lo hacen en tamaños visibles y, lo que es más importante, pueden manipularse desde el propio núcleo, para hacerlos más resistentes y útiles.

Esto permite diseñar soluciones que antes eran imposibles y transformar sectores enteros mediante el control preciso de la materia al nivel más básico. En medicina se pueden desarrollar fármacos más eficaces, orientados a la dolencia más precisa. En industria pueden trabajarse los materiales, modificando su composición para hacerlos más ligeros y duraderos. También ofrece herramientas prometedoras para proteger y restaurar el medio ambiente. A esta escala, los materiales pueden diseñarse para filtrar contaminantes, degradar plásticos o neutralizar sustancias tóxicas de manera más eficiente que los métodos tradicionales.

Contra los plásticos microscópicos

Entre 10 y 40 millones de toneladas de microplásticos entran en el medio ambiente cada año, procedentes tanto de fuentes directas como de la degradación de plásticos más grandes. Aunque se han detectado en el suelo, el aire y el hielo polar, lo que demuestra que están extendidos por todo el planeta, su presencia preocupa especialmente en los océanos y los ríos.

Frente a este problema global, la ciencia responde con robots microscópicos, los nanorobots, diseñados para capturar partículas plásticas y moverse gracias a campos magnéticos y sistemas ópticos, alcanzando zonas difíciles.

El uso de nanorobots puede aumentar significativamente la eficiencia de la limpieza, llegando en algunos casos a retirar hasta el 80 % de microplásticos en un tiempo relativamente rápido.

Aunque los resultados iniciales son positivos, hay que tener en cuenta que su desarrollo todavía enfrenta obstáculos: dependen de combustibles químicos, su coste es elevado, la eficiencia de degradación de los plásticos es baja y podrían generar contaminación secundaria.

Membranas para purificar agua

La nanotecnología también ha revolucionado el tratamiento de agua potable y de aguas residuales a través de nanofiltros y membranas altamente eficientes. Los filtros basados en materiales como grafeno o membranas revestidas con nanopartículas pueden separar moléculas y partículas que antes pasaban a través de sistemas convencionales.

Por ejemplo, las membranas de grafeno o las estructuras nanoporosas permiten un flujo de agua más rápido con menos obstrucciones, y pueden ser ajustadas para rechazar sales, contaminantes orgánicos y hasta trazas de compuestos farmacéuticos que son difíciles de remover con tecnologías tradicionales.

La nanotecnología están revolucionando el tratamiento de agua potable y de aguas residuales

Además, los nanomateriales metálicos como las nanopartículas de plata o zinc tienen propiedades antimicrobianas cuando se integran en soportes de filtración, lo que ayuda a desinfectar el agua sin necesidad de añadir productos químicos potentes.

Detectar y degradar contaminantes químicos en el aire

El aire que respiramos lleva cada vez más pesticidas, residuos industriales o ciertos compuestos tóxicos. Se pueden utilizar nanosensores para monitorear la calidad del aire en ambientes urbanos o industriales, detectando sustancias tóxicas como los óxidos de nitrógeno o los compuestos orgánicos volátiles. Pueden además ser fijos, en zonas cercanas a fuentes de contaminación, o colocarse en dispositivos portátiles para una medición más extensa.

Algunas de las sustancias tóxicas son difíciles de eliminar de la atmósfera. Desde hace décadas, se utilizan catalizadores que aceleran las reacciones químicas, pero hoy, gracias a la nanotecnología, existe una solución más eficaz: los nanocatalizadores, partículas diminutas diseñadas para acelerar el proceso.

Por ejemplo el dióxido de titanio en forma nanométrica: cuando se expone a la luz, puede activar reacciones que descomponen sustancias tóxicas en compuestos menos dañinos. Este tipo de soluciones se está estudiando como alternativa a procesos industriales más agresivos que consumen mucha energía o requieren grandes cantidades de productos químicos. También pueden incorporarse en sistemas de filtrado o en instalaciones industriales para transformar emisiones contaminantes antes de que lleguen a la atmósfera.

Recuperar suelos contaminados

La contaminación del suelo por metales pesados o hidrocarburos es un problema persistente, especialmente en antiguas zonas industriales o mineras. Tradicionalmente, la solución consistía en excavar y retirar grandes cantidades de tierra, una intervención costosa y con impacto ambiental propio.

La nanotecnología propone otra vía: introducir en el terreno nanopartículas capaces de reaccionar con las sustancias tóxicas y transformarlas en formas menos peligrosas. Las nanopartículas de hierro, por ejemplo, pueden interactuar con metales como el cromo o el plomo y reducir su capacidad de desplazarse hacia acuíferos. De este modo, se actúa directamente en el foco del problema sin necesidad de grandes movimientos de tierra.

Energía más limpia y eficiente

Y la contribución de la nanotecnología no se limita a la descontaminación. También juega un papel relevante en la transición energética. Al mejorar la eficiencia de paneles solares o aumentar la capacidad y velocidad de carga de las baterías, los nanomateriales ayudan a hacer más competitivas las energías renovables.

En el ámbito del transporte, el desarrollo de materiales más ligeros y resistentes reduce el consumo energético. Baterías con mayor densidad de energía permiten almacenar más electricidad en menos espacio, algo clave para vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento asociados a energías renovables. Todo ello contribuye indirectamente a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.

No obstante, aunque la nanotecnología ambiental ofrece enormes posibilidades, no está exenta de desafíos. Existen preocupaciones sobre la nanotoxicología —cómo interactúan estas partículas con seres vivos y ecosistemas a largo plazo— y sobre la regulación de materiales nanométricos en aplicaciones abiertas al medio ambiente. Las autoridades están estudiando cuidadosamente estos aspectos para maximizar beneficios mientras minimizan riesgos.

Aunque algunas tecnologías aún están en fase de investigación o piloto, su potencial para transformar desafíos ambientales en oportunidades sostenibles es enorme. Con una investigación responsable y una regulación adecuada, estas soluciones microscópicas pueden ser las soluciones para grandes problemas.

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