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Anne Carson y la verdad de la experimentación

La obra de la poeta canadiense se caracteriza por su juego experimental y por cómo tensa el lenguaje con distintos géneros, recortes y referencias a la mitología griega.

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11
febrero
2026
Fotografía: Editorial Fiordo

«Nació en Canadá y se gana la vida enseñando griego antiguo», así se describe a Anne Carson en todos sus libros. Nació en 1950, estudió en la Universidad de Toronto (dejó la carrera dos veces), cursó latín y griego en la Universidad de Sant Andrews y en 1981 se doctoró con una tesis sobre Safo llamada Odi et Amo Ergo Sum («Odio y amo, luego existo»), que más tarde se publicaría adaptada con el título Eros dulce y amargo. Ha enseñado griego antiguo en universidades como McGill, la Universidad de Michigan, la Universidad de Nueva York y Princeton.

Ganadora del Premio T. S. Eliot (2001), del PEN Award for Poetry in Translation (2010) y del Premio Princesa de Asturias de las Letras (2020), Carson es, asimismo, doctora honoris causa por la Universidad de Toronto y ha disfrutado de becas tan prestigiosas como la Guggenheim (1998) y la MacArthur (2000). Además, año tras año, es una de las favoritas para el Premio Nobel de Literatura. Es difícil categorizar a Anne Carson ni adscribirla a ningún tipo de movimiento literario. Posiblemente, la mejor expresión para describir su figura es «canalizadora de la poiesis», es decir, canalizadora de la creación poética.

Si bien Eros dulce y amargo fue su primer libro, editado en 1986, la canadiense empezó a publicar poemas en Short Talks en 1992 y en Cristal, ironía y Dios en 1995. Pero no se pueden reducir sus poemas a escrituras en verso con una métrica determinada: Carson presenta a lo largo de ellos también novelas, ensayos, tangos, óperas e incluso libros de recortes en su obra poética. Además, sus traducciones tienen igual importancia que su obra literaria o más bien son parte más de ella: su traducción más conocida es Si no, el invierno, donde reinterpreta los fragmentos de Safo, pero también ha traducido a Sófocles, Eurípides, Esquilo y Catulo.

Autobiografía de Rojo, de 1998, es uno de sus libros más conocidos, y en él podemos ver su juego constante con la mitología griega, puesto que se trata de una novela en verso donde la trama gira en torno a Gerión y Heracles de la Gerioneida de Estesícoro, pero convertidos en dos adolescentes homosexuales de la actualidad. Su continuación es Red Doc>, de 2013, sin traducción al español.

Quizás es Hombres en sus horas libres, de 2000, su libro más experimental, en el que escribe: «Mi actitud es que, por muy dura que sea la vida, lo que importa es hacer algo interesante con ella. Y esto tiene mucho que ver con el mundo físico, con mirar las cosas, la nieve y la luz y el olor de la puerta y todo aquello que constituye a cada instante tu existencia fenoménica. Qué gran consuelo… saber que estas cosas persisten en su ser y que puedes pensar sobre ellas y hacer algo con ellas en la página».

Carson escribió que «por muy dura que sea la vida, lo que importa es hacer algo interesante con ella»

Sin embargo, la obra más conocida de la autora en el ámbito hispanoablante es La belleza del marido, de 2001. Tiene por subtítulo «un ensayo narrativo en 29 tangos» y el primero comienza con la cita «La belleza es verdad y la verdad belleza» de John Keats. Con títulos como «pero para honrar la verdad que es suavemente divina y vive entre los dioses debemos (con Platón) danzar en la mentira que vive ahí abajo entre la masa de hombres trágicos y brutos», en el ensayo relata la ruptura de un matrimonio, y que, según Carson, debe bailarse hasta el final como un tango.

A estas obras le siguieron Decreación, Nox, Norma Jeane Baker de Troya, H de H Playbook y Norma enrevesada, en las que confirma y profundiza en la experimentación del lenguaje, en las que crea una elegía para su hermano, como en Nox, o en las que se adentra a analizar la medicina forense junto a Flaubert en Norma enrevesada.

«Me da miedo el aburrimiento, porque es la condición más cercana a la muerte», aseveró Carson en una de sus entrevistas. Es posible que este miedo sea la razón por la que la autora decide tensar el lenguaje, estirarlo, bailar con él, acompañarlo de imágenes y recortes, hacer que se pierda y el silencio acompañe a ráfagas de mitos que recorren su estela literaria.

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