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Aceras que generan electricidad

¿Es posible convertir cada paso que dan los peatones en una fuente de energía? Algunas ciudades, centros comerciales y aeropuertos ya lo están haciendo, aprovechando esta sorprendente electricidad renovables.

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02
julio
2026

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Cada día, cientos de miles de personas caminan por las calles de las grandes ciudades. Son grandes flujos de tráfico peatonal que se disparan todavía más en momentos pico de visitantes, como pueden ser fiestas, la campaña de Navidad o grandes puentes festivos. Gente sube, gente baja: pero ¿se podría convertir ese flujo circulatorio en algo más? ¿Se podría sacar electricidad de ese movimiento en las aceras?

La idea puede parecer de ciencia ficción, pero no solo es factible, sino que se está trabajando en ella desde hace unos años. Ya en 2010 Toulouse instaló de modo precursor una acera que generaba electricidad para alimentar la iluminación de la calle. Era una idea pionera y, en aquel momento, experimental. Sus responsables querían testear si el concepto era factible y si la acera iluminadora resultaba resistente. En 2013, su inventor lamentaba, eso sí, la falta de financiación y anunciaba que se iba a Nueva York para darle más salida a su invención.

Sin embargo, algo más de una década después, las aceras que generan electricidad se han convertido en una suerte de concepto al alza, una de esas propuestas virales sobre cómo convertir a las ciudades en más responsables y energéticamente eficientes.

Cuando nos lanzamos a pasear por las calles, sentimos que estamos haciendo algo fundamentalmente simple. En realidad, caminar es un proceso complejo a nivel energético, en el que impactan las energía cinética, la energía potencial gravitatoria y la energía potencial elástica, como explican en Wired. Se podría decir, simplificándolo mucho, que son la energía que se genera al moverse, la que permite que no te quedes bloqueado en un punto. En todo ese proceso en el que interaccionan esas energías, «se escapa» una poca. Esa es la que quiere aprovecharse ahora con fines eléctricos.

Para ello, se necesita una tecnología que ya se conoce, como recuerdan desde el medio estadounidense, pero con aplicaciones un tanto distintas. Gracias a ello, el movimiento del cuerpo humano se convierte en el equivalente al viento que activa el generador eléctrico de una turbina.

El movimiento del cuerpo humano se convierte en el equivalente al viento que activa el generador eléctrico de una turbina

El resultado es curioso, lo que explica que esto sea uno de esos elementos que se suelen usar en conciertos, eventos y otras actividades para concienciar de forma lúdica. En zonas muy concurridas la energía generada podría servir para cubrir el gasto en electricidad de ciertas áreas de la vida cotidiana. De hecho, eso es lo que ha llevado ya a que aeropuertos o centros comerciales se interesen por estas herramientas. Una de las empresas que fabrica esas baldosas-generadores de energía, Pavegen Systems, tiene un sistema híbrido que combina sus aceras eléctricas con placas solares para aumentar la cobertura, Solar+.

Los datos de esa compañía ayudan a ver el potencial del formato. Han instalado ya sus baldosas captadoras de electricidad en áreas con grandes flujos de tráfico peatonal, como estaciones de tren, aeropuertos, centros comerciales, paradas de metro o carriles para corredores urbanos. Ya están en más de 40 países y, en algunos de esos espacios, acompañan las baldosas con pantallas inteligentes que indican en tiempo real cuánta energía se genera y se está ahorrando.

Al tiempo, y como cuentan en su página web, este tipo de pavimentos atrae a las smart cities, porque cuando se añaden funcionalidades inteligentes permiten recuperar también datos sobre tránsito y flujos en tiempo real. Son datos anónimos que ayudan a entender mejor cómo se circula. «Los urbanistas siempre han querido entender cuánta gente se mueve por las ciudades», explican en su web, señalando que los métodos tradicionales (como conteos manuales o uso de cámaras) son caros y pueden resultar problemáticos en áreas como la privacidad. Seguir los pasos permitiría alcanzarlo sin invadir la privacidad de nadie.

Las baldosas de Pavegen son una muestra, pero no el único modelo en marcha. En Japón, este tipo de tecnologías ha entrado ya en los centros comerciales, que los usan como fuente de energía para sus sistemas de iluminación y señalética.

Además, es interesante destacar que, si bien las grandes ciudades lo tienen más sencillo porque tienen cantidades más elevadas de tráfico peatonal, esto no es algo solo para grandes urbes. Ahí está el pueblo inglés de Telford, que ha convertido la calle cercana a su estación en la fuente de energía que alimenta el punto de carga para móviles que existe en uno de sus bancos. Como apuntan a la BBC desde su ayuntamiento, es una vía curiosa para contarles a sus habitantes cómo nacen las energías limpias. Sus farolas ya se alimentan con miniturbinas eólicas.

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