ENTREVISTAS

Edu Madina y Borja Sémper

Un diálogo sobre democracia y concordia

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Lupe de la Vallina
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06
octubre
2026

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Lupe de la Vallina

La ausencia de acuerdos es uno de los grandes escollos de la política actual. Bien lo saben Edu Madina (Bilbao, 1976), ex secretario general del PSOE, y Borja Sémper (Irún, 1976), portavoz nacional del PP, que llevan tiempo dando ejemplo sobre el valor del diálogo entre ideologías distintas. Reunidos en el Círculo de Bellas Artes, hablamos con ellos sobre la crispación política actual y la importancia de conocer el pasado para evitar errores futuros.


Sois el ejemplo perfecto de cómo dos personas con ideologías distintas pueden debatir pacíficamente y convivir en armonía. De hecho, vuestras distintas visiones políticas no os han impedido convertiros en grandes amigos. El debate entre opuestos es necesario para construir sociedades sólidas y estables. ¿Qué ha pasado para que seamos incapaces de escuchar, dialogar, tolerar?

Borja Sémper: Si te gusta la política, te tiene que gustar escuchar, debatir, chocar con gente que piensa diferente. La política se inventó para que a través del diálogo, pero también de la confrontación de ideas, encontremos la fórmula para progresar de manera conjunta. La política se ha vaciado de contenido, lo cual dificulta un debate sólido e interesante. Vivimos un tiempo de hombres fuertes que aspiran a trascender ellos en lugar de transformar la realidad en positivo. El problema no es discutir; el problema es no encontrar una salida.

Edu Madina: Hay una norma que aplica casi siempre: a mayor nivel de ultrapolarización, menor nivel de eficiencia. Cuando hablamos de consensos políticos, olvidamos que a los acuerdos se llega desde los desacuerdos. Si nos preguntas a Borja y a mí sobre fiscalidad, el modelo territorial o las prioridades de reforma constitucional, opinamos distinto. ¿En qué me ayuda haber tenido la oportunidad de escucharle tanto durante estos años? A pensar mejor.

Borja Sémper: «El problema no es discutir; el problema es no encontrar una salida»

Efectivamente, la política se ha vaciado de contenido y se ha radicalizado. Con ello, se debilita la confianza de los ciudadanos —en los políticos y las instituciones democráticas— y se deslegitima el sistema. ¿Por dónde empezamos la reconstrucción?

E. M.: Casi todas las democracias están sufriendo por el mismo sitio: hipertensionamientos de ultrapolarización que restan eficiencia a la política para solucionar problemas de fondo, anticipar problemas de futuro y preparar a los países para afrontarlos. En España tiene que llegar el momento en el que alguien coja la responsabilidad de dirigir el país a un territorio de institucionalidad, de oferta de acuerdo, de elaborar un discurso de una España donde quepamos todos.

B. S.: Se deriva una interpelación directa a una posible alternancia en España. Si [esta] es liderada por el partido de la oposición, tenemos la responsabilidad de hacer una lectura acertada del momento histórico en el que toca gobernar y transformar el ejercicio de la política. Eso sería lo virtuoso, lo que moral y éticamente estás obligado a hacer; pero también creo que sería respaldado por una mayoría social. Hay un agotamiento generalizado creciente.

Madina y Sémper

Es cierto que la gente está agotada y que hace falta una transformación del contexto político. En estos tiempos vuelve a evocarse el espíritu de la Transición: ese gran pacto que —como recordó Felipe González en el 15 aniversario de Ethic— «construimos desde posiciones muy distanciadas». Hoy, las fuerzas políticas en nuestro país están muy apartadas, pero son incapaces de consensuar.

E. M.: Casi ninguno de los grandes retos de este país —desde competitividad industrial, modelo de financiación autonómico, demografía y natalidad— se pueden resolver por 176 contra 174. En todos necesitamos consensos amplios de actores políticos, empresariales, sindicales, sociales; conversaciones de integración, no de desintegración. [Hace falta] llevar la política a un principio de institucionalidad, de zonas de convergencia, de anteposición de problemas del país.

B. S.: ¿Por qué en España no hay un debate nacional sobre el impacto de la inteligencia artificial en nuestro sistema productivo? ¿Por qué no hablamos de qué papel juega España en Europa? ¿O del futuro para mantener vigoroso el estado del bienestar? Hay una serie de debates que tenemos que afrontar. Igual que la Transición fue un ejercicio de valentía extraordinaria, hacer eso hoy sería un ejercicio de valentía política necesaria.

Edu Madina: «Tenemos una relación tensa con el pasado. España es un significado en disputa»

Entre todos los retos mencionados y la falta de un debate nacional, hay cuestiones básicas como sanidad, educación, vivienda que requerirían un pacto de Estado. ¿Dónde queda la responsabilidad política?

E. M.: Vivienda es un gran ejemplo, porque están implicados el Estado, las comunidades autónomas, los ayuntamientos y los constructores. Este es el mejor caso que podemos encontrar de la necesidad de una conversación institucional compleja entre los sectores público y privado. No veo posibilidad de arreglo a este problema si no hay un gran acuerdo entre distintos niveles institucionales con vocación de querer arreglarlo. Las visiones ideológicas izquierda/derecha son distintas: ¿cuál es el papel del Estado en el funcionamiento del sector privado? La socialdemocracia cree que un poco más; el liberalismo, que un poco menos. En ese debate se producen las tensiones que ejemplifican esta incapacidad de acuerdo.

Edu madina

En muchos países funcionan los gobiernos de coalición. Tal vez, el mejor ejemplo sea el caso alemán, donde estos funcionan desde el 49 con el primer Gobierno de Adenauer. ¿Por qué en España no es posible un pacto entre las dos grandes formaciones políticas?

B. S.: No creo que haga falta un pacto de gobernabilidad entre el Partido Socialista y el Partido Popular; me conformaría con que fuéramos capaces de entendernos en las cosas nucleares que tiene que afrontar el país.

E. M.: Yo tengo una obsesión particular: el artículo 99 de la Constitución, que define el procedimiento de investidura del presidente del Gobierno. Los padres de la Constitución decidieron constitucionalizar el procedimiento de investidura y exige 176 votos; puedes votar que no hasta la última votación. En Asturias y el País Vasco, en primera votación puedes votar sí, no y abstención, y en segunda votación, solo sí y abstención —para que no se bloquee el procedimiento de investidura—. Propongo la reforma del artículo 99 y copiar el modelo asturiano o vasco. Si hubiese un gran consenso que permitiera que en segunda votación el presidente del Gobierno fuera investido con más síes que noes, se rebajaría la temperatura política en España.

Borja Sémper: «Hemos sido incapaces de reconocernos todos en la victoria inequívoca contra ETA»

Los dos habéis sufrido en primera persona el terrorismo de ETA. Lograr que la banda terrorista renunciara a las armas y acabar así con 50 años de terrorismo nacionalista es un hito digno de celebrar todos juntos. Pero no lo hicimos. ¿Por qué nos cuesta celebrar como país victorias de este calibre?

B. S.: La lucha del Estado de derecho, de la sociedad vasca y del conjunto de los españoles frente a ETA es una historia de éxito: el Estado de derecho reaccionando y perfeccionando la lucha contra una banda terrorista, los partidos políticos —salvo momentos que no quiero recordar— estando a la altura de las circunstancias, españoles de toda ideología unidos de manera transversal contra la barbarie del terrorismo. El saldo es extremadamente positivo. Y hemos sido incapaces de reconocernos todos en esa victoria palmaria, inequívoca. Deberíamos corregirlo; sigo pensando que estamos a tiempo. No solo por decir qué bien lo hicimos, sino también para recordar a las generaciones futuras que estas cosas pasan. Esta certificación de la victoria de la democracia frente a la barbarie es lo que puede ayudar a inmunizarnos o, por lo menos, a intentar evitar que en el futuro nos pueda pasar algo parecido.

E. M.: La no repetición futura es lo que más me importa. Los dos tenemos hijos nacidos en Euskadi; sabemos que algo fue mal en el sistema de valores de la sociedad vasca, que empezó a pensar que había ideas que valían más que algunas vidas. Eso no puede volver a repetirse. Por eso hemos invertido tiempo en la defensa de la memoria desde el punto de vista de la protección del futuro, no de la obsesión con el pasado. Para tratar de armar zonas de seguridad, evitar repeticiones futuras e impedir que la generación de nuestros hijos vuelva a pasar algo así.

Edu Madina: «La defensa de la democracia europea es la batalla más importante de nuestro tiempo»

Con motivo del 29 aniversario del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, Jon Sistiaga ha publicado un documental sobre las últimas 48 horas del concejal de Ermua. Al final del documental, lanza un dato: el 60% de los jóvenes no sabe quién fue. Hablamos de uno de los capítulos más trágicos de la historia reciente de España, que supuso un punto de inflexión a la hora de enfrentarse la sociedad española al terrorismo de ETA. ¿Qué efectos tiene que las jóvenes generaciones no recuerden nuestra historia?

B. S.: Uno de los regalos de este tiempo dedicado a intentar aportar nuestro grano de arena ha sido la oportunidad de ir a universidades y tener coloquios con universitarios. El impacto es directo. Solo desde nuestro relato desnudo, la valoración y la conclusión política que salen de esos jóvenes era extremadamente nítida. Si a la gente le describes una sociedad en la que el totalitarismo o la violencia impactan de esa manera y otra de libertades complejas, opta siempre por las libertades. Pero tenemos que enseñárselo. Por eso es tan importante para fortalecer nuestra cultura en democracia, en libertad, que el sistema educativo se implique.

Borja Sémper

Siempre habéis defendido la memoria frente al olvido. Pero esa memoria, además de olvidarse, a veces, se tergiversa. Recuerdo al final de vuestro libro, cuando tú, Edu, le preguntabas a tu abuelo que te contase cómo fue la Guerra Civil y él te decía: «No importa mucho lo que yo recuerde, cuéntame tú qué pasó».

E. M.: Mi abuelo fue un niño que salió de esos barcos que organizó el Gobierno de la República pactado con el Gobierno del Reino Unido días antes de los bombardeos del ejército de Franco en Bilbao. Pasó cuatro años en un pequeño pueblo del norte de Escocia y quedó marcado de por vida por la memoria de la guerra. La Guerra Civil provocó un gran impacto en esa generación; no querían hablar mucho de ella, les costaba. Recuerdo el día que me dijo eso: «Cuéntame tú a mí qué sabes de aquello que nos pasó». Me pareció que invertía el sujeto del relato: quería comprobar en qué medida nosotros, generaciones nacidas en los instantes iniciales de la democracia, sabíamos de la guerra. Es buena idea. En el momento oportuno, haré lo mismo con mi hijo: «¿Qué sabes tú de aquello que nos pasó?». Porque marcó a varias generaciones de vascos y vascas. Tenemos una relación tensa con el pasado. España es un significado en disputa, no en convergencia. La memoria es una barrera de seguridad futura: saber qué pasó para no repetirlo y saber que, también, somos lo que no hicimos bien.

Borja Sémper: «La gran responsabilidad de los dirigentes es ser capaces de demostrar que Europa es el modelo de éxito»

Ampliando el foco, vemos en el mundo el auge de los populismos y la polarización política. ¿Están en riesgo las democracias liberales del siglo XXI?

B. S.: Están seriamente amenazadas. Si miramos todos los países occidentales —esas democracias liberales que nos han servido de ejemplo—, están sufriendo embates muy serios. Pero, a la vez, vemos cosas como el Brexit, un elemento de fortalecimiento de la Unión Europea: ahora ni los partidos que más cuestionaron la Unión Europea han vuelto a hacerlo. El nuevo orden geopolítico está obligando a Europa a repensar y fortalecer aquellos valores que considerábamos consolidados. Creo que estamos ante una oportunidad extraordinaria.

Edu Madina: «Los fundamentos de las democracias liberales son el techo más elevado del pensamiento político»

Mencionas los valores europeos —herederos de la Ilustración, el humanismo, la razón—, que son los occidentales. Pero se están viendo amenazados por otros nada parecidos, que representan países como China, Rusia o Corea del Norte. ¿Puede la Unión Europea convertirse en un actor de peso social, político y económico?

E. M.: Sí, puede. Lo que no puede es funcionar con otros valores. En el año 2000, el 50% de la población mundial vivía en una democracia; en 2025, lo hace menos del 25%. Lo que parecía que iba a ser irreversiblemente hegemónico para el 100% —la democracia— ha empezado a ser un sistema en retroceso. Por eso lo que dice Borja es tan relevante: los fundamentos de las democracias liberales son el techo más elevado del pensamiento político de la historia de la humanidad. Es el objeto de deseo de muchos que hoy [claman] todo el poder para señores feudales que, con la inteligencia artificial y procesos de autocracia, decidirán mejor que los parlamentos nacionales. La defensa de la democracia europea es la batalla más importante de nuestro tiempo.

B. S.: El éxito de esos discursos será tal si la política es capaz de ofrecer respuestas a los problemas de la gente. Los políticos tenemos que ser capaces de ofrecer soluciones y materializarlas. Por eso es tan relevante la conversación que hemos tenido ahora. Al final, todo desemboca en si hay posibilidad de llegar a acuerdos para resolver esos problemas. Esa es la gran responsabilidad de los dirigentes, singularmente en la Unión Europea: ser capaces de demostrar que Europa es el modelo de éxito.

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