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Tolstói y los infortunios de la codicia

En ‘¿Cuánta tierra necesita un hombre?’, el escritor hizo un profundo examen de conciencia, llevado por la contradicción entre su vida lujosa y su pensamiento de anarquista cristiano.

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26
junio
2026

Pajom es un campesino ruso que no envidia los lujos de la urbe y vive feliz trabajando la tierra que posee. Pero en un momento de su vida siente que sus posesiones son pocas y se embarca en una frenética carrera cuyo único objetivo es la adquisición de más y más tierras, pensando que así su felicidad será plena. Lev Nikoláievich Tolstói (1828-1910) dio vida al campesino Pajom en uno de sus más célebres relatos, ¿Cuánta tierra necesita un hombre?, publicado en 1886 en la revista Russkoe bogatstvo.

Nacido en el seno de una familia perteneciente a la nobleza rusa, Tolstói pasó sus años de formación educado por diversos tutores debido a la temprana muerte de sus padres. Abandonó, sin finalizar, la carrera de Derecho, pero durante sus años universitarios se entregó con denuedo a la lectura de novelistas ingleses como Sterne (1713-1768) o Dickens (1812-1870), y de filósofos franceses como Voltaire (1694-1778) o Rousseau (1712-1778).

Tras abandonar la universidad llevó una vida errante, sostenida por su privilegiada posición socioeconómica, que únicamente se vería interrumpida por su breve participación en la Guerra de Crimea (1853-1856). Finalizada la guerra, viaja a París, donde dilapida su dinero y decide regresar a la finca de sus padres con la idea de establecer allí una escuela para los hijos de los campesinos que trabajaban sus tierras. En dicha empresa efímera, comenzó a dar muestra de su pensamiento, no solo respecto a la educación, sino también a la religión y a la política, convirtiéndose en una suerte de anarquista espiritual defensor de la no violencia. Allí, casado con Sofía Andreyevna, y con su insustituible ayuda, escribió y publicó las novelas que le valdrían el reconocimiento mundial: Guerra y paz, Anna Karenina y La muerte de Iván Illich.

Tal vez la fama obtenida con dichas obras fue determinante en la profunda crisis existencial que sufrió el autor, y de la que nacería su conversión a un anarquismo cristiano que rechazaba los dogmas religiosos y reinterpretaba la figura de Jesucristo como la de un humano maestro en moralidad y no un ser divino.

El relato está basado en la misma región donde el propio Tolstói adquirió numerosos terrenos

Tras proclamar «nunca serviré a ningún gobierno, en ningún lugar» y sacudido por la lectura del Ensayo sobre la desobediencia civil de Thoreau (1817-1862), envía a un periódico de la India el texto Carta a un hindú, que desembocaría en una intensa correspondencia con Mohandas Karamchad Ghandi (1869-1948) de la que brotaría su ética de la resistencia no violenta. Por su parte, el literato ruso dedicó el resto de sus años a proclamar una nueva fe basada en el pacifismo absoluto, el casticismo, el nunca juzgar a los demás ni hacer juramentos y una ruptura de las divisiones nacionales basada en el amor a los enemigos.

Y mientras tanto, como el Pajom de su relato, Tolstói se embarcó en la adquisición de numerosos lotes de tierra contradiciendo así su reivindicación de una vida sencilla con otra más propia de un terrateniente. En menos de tres décadas invirtió más de 62.000 rublos en la compra de diversas tierras que, al poco, multiplicaron por siete su valor —el mismo Tolstói anarquista que manifestaba que «la tierra no puede ser objeto de propiedad»—.

En ¿Cuánta tierra necesita un hombre?, una incisiva parábola sobre lo nocivo de la codicia, su protagonista se convierte en un remedo del propio autor que, llevado por su nuevo cristianismo, decide exponer la codicia como una de las tentaciones con que el diablo engaña a las personas.

Pajom compra tierras en la región de Baskiria, habitada por campesinos nómadas. Es la misma región donde Tolstói hizo sus adquisiciones y, tal vez por ello, las utiliza como paisaje del relato, sometiendo a su protagonista a una tentación que el demonio decide urdir para lograr hundirlo. Los jefes de aquellas tierras cierran un trato con Pajom, según el cual toda la tierra que consiga recorrer en una única jornada le será entregada por el irrisorio precio de 1.000 rublos.

Pajom emprende una larga caminata y, según va finalizando el día y teniendo que regresar al punto de partida para poder cerrar el negocio, se ve impelido a seguir caminado más y más. Pero las fuerzas le fallan cuando decide que ya ha recorrido tierra suficiente para ser rico el resto de sus días. Entonces comienza a correr para llegar, antes de la caída del sol, al punto de partida. Exhausto, consigue alcanzar, casi arrastrándose, el lugar acordado. Una vez allí, cae muerto a los pies de los jefes de Baskiria.

Escribir dicho relato pudo servir a Tolstói para vivir los últimos años de su vida entregado a un ascetismo extremo que incluía el naturismo y el vegetarianismo. A pesar de ello, seguía viviendo con su familia en una ostentosa finca, rodeado de tierras y de todos los lujos propios de la aristocracia. Tal vez para zanjar definitivamente la contradicción de tal estilo de vida con sus propios principios morales, huyó de las tierras familiares en compañía de Aleksandra, una de sus hijas, la que más compartía su manera de pensar. A los pocos días de dicha escapada murió de neumonía. Su huida era en sentido contrario a la de Pajom, pero a ambos les fallaron las fuerzas.

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