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Sociedad

Edward R. Murrow

Una nación de ovejas engendra un gobierno de lobos

El periodista norteamericano Edward R. Murrow, famoso por sus transmisiones radiofónicas durante la Segunda Guerra Mundial, advirtió de los peligros que entraña para el progreso la sumisión, carente de crítica, de una sociedad a los dictados del más fuerte.

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09
abril
2026

El conflicto que mantuvo con el senador norteamericano Joseph McCarthy su compatriota el periodista Edward R. Murrow fue popularizado por George Clooney en una película que dirigió en 2005 y que estuvo nominada al Óscar. Aquella película tomó el título de la frase con la que Murrow despedía sus emisiones radiofónicas para la CBS desde el Londres asediado por los bombardeos nazis: «Buenas noches y buena suerte». Una de las muchas frases icónicas del célebre periodista, tomada, en este caso, de la manera en que los londinenses finalizaban sus conversaciones, con la duda de si al día siguiente seguirían con vida.

Murrow alcanzó su fama gracias a los reportajes que emitió durante la Segunda Guerra Mundial, apoyado en el testimonio de una serie de reporteros que informaban en tiempo real desde distintos puntos de Europa. Aquellos reportajes contaban con la crudeza del momento y, por supuesto, con la gran oratoria del periodista.

Esta frase de Edward. R Murrow tiene que ver con la «caza de brujas» estadounidense

Otra de las frases por las que se sigue reconociendo el honesto análisis de la realidad que hizo Murrow durante sus reportajes, es una que se le atribuye justamente en relación con la «caza de brujas» emprendida contra el comunismo en EE.UU. por el senador McCarthy. Dicha frase, convertida casi en máxima a día de hoy, asegura que «una nación de ovejas engendra un gobierno de lobos».

La primera reflexión que provoca la citada máxima es la de la imposición de la ley del más fuerte, a nivel político. Lobo come oveja, porque esta no puede defenderse. Pero ¿cómo llega una sociedad a convertirse en rebaño de ovejas pasivas e indefensas ante la voracidad de una manada de lobos?

Evidentemente, para que una masa social llegue a comportarse con la sumisión que se le supone a una oveja, los gobernantes no pueden aparecer ante la quienes componen dicha sociedad como lobos ahítos de sangre. En este caso, tendríamos que referir a gobernantes ahítos de poder sobre los gobernados. De ser así, la sociedad estaría sobre aviso. El famoso «ver los dientes al lobo». Pero si la sociedad permanece indolente ante las tácticas de quienes desean gobernarles con voracidad, poco a poco puede entrar en esa sumisión, viendo a quienes ejercerán su poder como benefactores y aceptando pasivamente sus dictados.

En la máxima atribuida a Murrow, es la sumisión popular la que genera el gobierno de lobos, y no al contrario. Cuando una sociedad pierde la perspectiva y cree que quien desea beneficiarse de ella solo pretende el bienestar común. Una sociedad que ha perdido la capacidad crítica queda a expensas de quienes desean tomar el poder en beneficio propio.

Muy relacionado con Murrow y sus reportajes durante la Segunda Guerra Mundial está el ejemplo de la sociedad alemana, que fue sometiéndose lentamente a las consignas de Hitler y sus secuaces. Antes de que este se mostrase como el lobo que era, hubo una labor previa de «pastoreo». Durante el período previo al estallido de la conflagración, Hitler supo canalizar los deseos del pueblo alemán haciéndoles ver que solo deseaba velar por su bienestar, cubrir sus necesidades, ofrecerles lo que merecían como sociedad. De esta forma, todo el violento despliegue de fuerza posterior solo podía verse por parte de los alemanes como necesario para su propio bienestar. Se había instaurado el gobierno de los lobos.

El poder autoritario de Hitler sobre la sociedad alemana se amparó en la aceptación previa

En la actualidad, el auge de los populismos parece responder a una dinámica similar. Amplios porcentajes de la sociedad global, debidamente guiados por dirigentes políticos que les hacen creer que saben cómo colmar sus necesidades más acuciantes, comienzan a actuar con la sumisión y debilidad que se les supone a las ovejas. Es el caldo de cultivo perfecto para que tales dirigentes puedan acceder al poder y gobernar como lobos, guiados únicamente por sus instintos más primordiales, ejercer su mandato de manera despótica en beneficio propio aprovechando la pasividad y carencia de crítica inoculada previamente a la sociedad.

El periodismo valiente y honesto que ejerció Murrow logró que muchos ciudadanos estadounidenses despertasen de la apatía en que se habían instalado y retomasen su voz como sociedad que defiende el verdadero bien común. Más allá de la metáfora de las ovejas y los lobos, él dejó claro esa necesidad de una sociedad consciente al proclamar en las ondas que «no seremos conducidos por el miedo hacia una era de sinrazón, porque podemos negar nuestra herencia y nuestra historia, pero no podemos evadir la responsabilidad por el resultado».

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