Replantear la mesa: una cocina más consciente y sostenible
Cada año, ocho millones de toneladas de comida acaban en la basura en nuestro país. Sin embargo, iniciativas como las que impulsa Unilever demuestran que reducir el desperdicio es posible.
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Un trozo de pan que se endurece, una fruta que se olvida en el fondo del frutero o unas sobras que nunca llegan a calentarse. El gesto de tirar comida parece nimio. Sin embargo, detrás de cada alimento que acaba en la basura hay recursos, energía y trabajo humano que también se pierden. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que un tercio de los alimentos del mundo se desperdicia (1.300 millones de toneladas), y, según la Unión Europea, más de la mitad procede de los hogares.
En España, cada persona desperdicia entre 24 y 33 kilos de comida al año, según el Informe del Desperdicio Alimentario 2024 del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. En total, los hogares desecharon 1.097 millones de kilos, 250 kilos por segundo, sobre todo de frutas, verduras, pan y lácteos. No obstante, desde 2020, España ha reducido casi un 20% su volumen de desperdicio, una señal de mayor conciencia sobre el valor de los alimentos.
En esa transformación destacan compañías como Unilever. La empresa lleva años promoviendo una alimentación más responsable y sostenible. Una de sus marcas de alimentación, Hellmann’s, se ha convertido en una de las más activas en la lucha contra el desperdicio poniendo en marcha diferentes iniciativas, como un manual de recomendaciones de aprovechamiento para reducir el malgasto en los hogares, un envase inteligente que ayuda a optimizar el consumo de sus productos y campañas de sensibilización que han llevado a cabo con Too Good To Go.
Planificar, ajustar y reutilizar
Con la convicción de que cada gesto suma, Unilever cuenta desde hace años con la Guía práctica para reducir los desperdicios, que tiene el aval del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente bajo su estrategia «Más alimento, menos desperdicio», en la que invita a repensar los hábitos cotidianos. Su propuesta es tan simple como transformadora: planificar antes, cocinar con medida durante y aprovechar la comida después. Tres gestos que al repetirse día a día pueden convertir cada cocina en un auténtico espacio de cambio.
Desde 2020, España ha logrado reducir el desperdicio alimentario en casi un 20%
El primer paso para evitar el desperdicio alimentario comienza antes de encender los fogones. La guía aconseja planificar el menú semanal y hacer una lista de la compra que priorice los productos frescos y de temporada. Algo tan simple como revisar lo que ya tenemos en la nevera antes de ir al supermercado puede marcar la diferencia. También recuerda la importancia de comprender las etiquetas: la fecha de consumo preferente no es lo mismo que la de caducidad. Muchos alimentos pueden consumirse más allá del día impreso si se conservan en buen estado.
Durante la preparación de las comidas, Unilever insiste en ajustar las cantidades a las raciones reales. Cocinar «por si acaso» suele traducirse en sobras que nadie quiere. La guía propone usar medidas caseras (tazas, cucharadas o puñados) y fomentar una alimentación sostenible donde haya más verduras, legumbres y cereales integrales y menos carne roja. Esta lógica, coincidente con la dieta mediterránea, no solo beneficia la salud, sino que reduce la huella de carbono y el uso de agua en la producción de alimentos.
La cocina de aprovechamiento no es un concepto nuevo, pues forma parte de nuestro ADN culinario. Croquetas, canelones y pudines nacieron de la necesidad de no tirar nada. La guía de Unilever recupera esa tradición y ofrece ideas para dar nueva vida a las sobras. Y es que, en última instancia, se trata de reaprender la forma en que miramos los alimentos: no como algo desechable, sino como parte de una cadena de valor que empieza antes de llegar al plato.

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