Opinión

Competir, ¿para quién?

La negativa de Conde a participar de la tóxica dinámica de ‘Masterchef’ la ha convertido en una suerte de heroína para quienes piensan que rendirse, en ocasiones, es la mejor opción (y puede que tengan razón).

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07
diciembre
2022
Patricia Conde (derecha), junto a otros dos compañeros.

¿Por qué se grita tanto en los filmes de cocina? En Hierve, la película de Philipp Barantini protagonizada por Stephen Graham, se dan todos los clichés del género: estrés, gritos, peleas, consumo de drogas, críticos gastronómicos resentidos, un protagonista divorciándose y tan sumergido en su trabajo que se olvida de llamar a su hijo… La película es entretenida y tiene ritmo, pero su guion pinta el mundo de la hostelería como un infierno (y no precisamente como uno de precariedad, quizás lo más común en el sector). Es una concepción de la cocina también presente en los shows y realities culinarios, desde el de Gordon Ramsay en Reino Unido al de Chicote en España: un mundo hipercompetitivo y exigente donde el chef es un tirano que humilla a sus inferiores y los exprime emocionalmente. El show de TVE, Masterchef (tanto en su versión infantil como en la convencional o la protagonizada por famosos), entra en ese molde.

Los concursantes lloran, reciben insultos, se lanzan objetos y se producen humillaciones. Es parte del contrato. Por eso, cuando la semana pasada la concursante Patricia Conde mostró una actitud poco competitiva, los presentadores reaccionaron con incredulidad. Conde se negó a entrar en la dinámica de toxicidad que promovía el programa y se convirtió en una especie de heroína para quienes piensan que a veces la mejor victoria es rendirse.

Algo parecido ocurrió el año pasado cuando la actriz Verónica Forqué se marchó del programa. «Hay que ser coherente –procuro serlo–, humilde y, si no puedo más, no puedo más. Mi cuerpo y el universo me estaban diciendo: necesitas parar», dijo a los presentadores. La respuesta de estos fue fría y displicente. Unas semanas después, Forqué, cuya salud mental estaba muy débil, se suicidó. Establecer una causalidad entre estos dos acontecimientos sería algo espurio, pero está claro que Forqué no estaba preparada mentalmente para la humillación a la que fue sometida ante millones de espectadores.

«Ante el neoliberalismo, la izquierda reivindica el derecho a la pereza y la rendición como subversión»

El debate, al igual que muchos debates culturales contemporáneos, está muy ideologizado. O, más que ideologizado, compartimentado en ideologías. Simplificando mucho, para la izquierda, estas dos rendiciones son ejemplos a seguir: ante el neoliberalismo hipercompetitivo, reivindica el derecho a la pereza y la rendición como forma de subversión. Para la derecha, en cambio, defender esto es sucumbir ante la mediocridad, es descreer de la meritocracia.

Darlo todo, ¿para qué o para quién? A veces para uno mismo. La salud mental requiere un esfuerzo constante. La pelea merece la pena. Pero otras veces lo damos todo para nada. Rendirse es, entonces, cambiar de rumbo, nada más. El desdén de Conde me parece mucho más sano que la competitividad por la competitividad. Si tienes que hacer sufrir a los demás para demostrarte a ti mismo lo que vales, quizás seas un psicópata.

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