Medio Ambiente

Cinco jardines botánicos para admirar la naturaleza

Concebidos como espacios para el estudio, la conservación y la protección de la flora, tanto local como exótica, los jardines botánicos atraen a un gran número de visitantes por su valor estético y ambiental. Estos son algunos de los más populares del mundo.

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10
Ago
2022
jardines botánicos
Vista del jardín botánico Kew Gardens, en Londres.

«Niño Tom», recitaba Gloria Fuertes, «si vas al campo, no subas por los almendros. Ni cojas nidos, ni caces pájaros, ni mates insectos negros. ¡Ay, esa flor, esa flor que ahora muere entre tus dedos, sus novecientas hermanas la están echando de menos!»

Estos versos recuperados de los años setenta critican a las generaciones posindustriales que poco a poco fueron perdiendo el respeto a la naturaleza, ya que esta no tenía cabida en la costumbre urbanita. Actualmente, asustados por el tormentoso futuro climático y ligeramente aburridos de lo virtual, la metrópoli ha perdido parte de su encanto. No es casual, por tanto, que vuelvan las ganas de reencontrarse con el medio ambiente: para descubrirlo, interpretarlo y disfrutarlo como antes.

Una forma de llevarlo a cabo es mediante la visita a jardines botánicos, tesoros de lo «verde», espacios en la ciudad para comprender los ecosistemas que permiten la vida terrestre. En España hay decenas de ellos abiertos al público, pero quien quiera ampliar horizontes, estos son cinco de los más importantes jardines botánicos del mundo:

Kew Gardens (Londres, Inglaterra)

Alrededor de 50.000 plantas repartidas en 121 hectáreas consiguieron convertirlo en Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en 2003. Este paraíso vegetal, fundado por la princesa Augusta, madre de George III, en 1759, tenía fines meramente estéticos. Desde entonces, sin embargo, los biólogos británicos empezaron a importar especies de otros países para plantarlas y estudiarlas allí. Aquel grupo de investigadores parecía sentir especial atracción por las orquídeas: Kew posee la colección más grande del mundo de estas flores.

El mayor inconveniente de este espacio es su ubicación, ya que se encuentra muy cerca del centro de la capital inglesa, donde las condiciones para el desarrollo de las plantas es desfavorable por la alta contaminación, si bien a pesar de ello estos jardines siguen ejerciendo de pulmón de la ciudad y de claro reclamo turístico para quien se haya aburrido de ver el cambio de guardia en el palacio de Buckingham. 

Kirstenbosch National Botanical Garden (Ciudad del Cabo, Sudáfrica)

Los jardines de Kirstenbosch se crearon a principios del siglo XX con el objetivo de preservar la flora de Ciudad del Cabo, y todavía hoy continúan con su misión. Hoy, de hecho, es uno de los jardines con más diversidad del mundo. Aquí crecen más de 7.000 especies nacionales, de las cuales el 90% son salvajes, y entre las que se incluye la famosa formación vegetal fynbos (en afrikáans, arbusto fino), que solamente crece en una pequeña región del país.

Jardim Botânico (Río de Janeiro, Brasil)

A diferencia de los Kew Gardens de Londres, este espacio se encuentra en una localización privilegiada: está entre la playa de Ipanema y la estatua gigante de Cristo Redentor. Dentro del jardín, declarado Patrimonio Histórico Nacional, se custodian más de 6.000 especies divididas por secciones, entre las cuales están, por ejemplo, la de plantas medicinales o insectívoras. La gran mayoría son autóctonas, y alrededor del 60% de ellas son salvajes.

Royal Botanical Gardens (Peradeniya, Sri Lanka)

Situado en el suburbio de Kandy, en Sri Lanka, existe un jardín botánico que atrae a alrededor de dos millones de turistas cada año. Se estableció oficialmente como jardín botánico en 1843, cuando se introdujo vegetación de otros famosos jardines del mundo, entre ellos el Kew Garden de Londres. Por este motivo, los Royal Botanical Gardens de Peradeniya también son reconocidos por sus llamativos campos de orquídeas. Alberga una colección de más de 4.000 especies y es considerada una de las mejores de todo Asia: en ella destacan las plantas medicinales, las especias y una gran avenida de palmeras.

Según dicen los habitantes locales, quien madruga lo suficiente puede ver el espectáculo de los zorros voladores –un tipo de murciélago de gran tamaño– regresando a su lugar de descanso diurno. Y hay más: en pleno día, por ejemplo, se pueden encontrar con facilidad monos e iguanas pululando por la zona. 

Arctic-Alpine Botanic Garden (Tromsø, Noruega)

Sin vallas, rejas ni coste de entrada, este jardín noruego está abierto 24 horas todo el año y está especializado en la flora ártica y de las zonas con climas fríos de todo el planeta, lo que supone un pro y un contra a partes iguales. Por una parte, aquí se encuentran especies difíciles de ver en otros espacios verdes. No obstante, la ecología ártica es tan sensible al clima que no hay forma de saber cuánto tiempo durarán las flores en su máximo esplendor. La apuesta segura, según los expertos, es visitar el jardín de Tromsø en junio.

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