Cultura

Roberto Bolaño, el escritor salvaje

Profunda y polifacética, la obra del escritor chileno continúa seduciendo la imaginación con peculiares obras que, casi dos décadas después de su muerte, siguen considerándose únicas.

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26
Jul
2022
bolaño

2666 no es un número cualquiera. El exilio, la violencia y la búsqueda de unas metas en las que subyace el egoísmo están presentes en una novela que, a pesar de superar el millar de páginas en un tiempo caracterizado por la brevedad y la inmediatez, cosechó elogios y premios desde el inicio.

Roberto Bolaño se ha convertido en un referente casi incuestionable, incluso en una leyenda de la literatura actual en castellano. El chileno, fallecido a causa del cáncer hepático en 2003 en Barcelona a sus apenas 50 años de edad, ha dejado un legado que ha trascendido las fronteras idiomáticas: sus cuentos, novelas y poemas han sido traducidos a multitud de lenguas de todo el mundo. Un éxito fulgurante que, como suele ocurrir en esta época de caos literario, le llegó en sus últimos años de vida.

Bolaño, de Chile al mundo

El autor nació en 1953 en Santiago de Chile, con una infancia a medio camino entre Valparaíso y Los Ángeles, la comuna en territorio chileno, donde completó sus estudios primarios y comenzó a trabajar como botero a los 10 años de edad. La situación familiar de los Bolaño fue inestable en estos primeros años: los padres discutían y, como apoyo, tan solo le quedaba su hermana pequeña. 

La situación familiar de los Bolaño fue inestable durante los primeros años de vida del escritor

La situación cambió a sus 15 años, cuando por insistencia de su madre la familia se trasladó a México, lo que coincidió con los altercados del movimiento estudiantil de 1968 que culminarían en la trágica Matanza de Tlatelolco. 

En aquel cóctel de cambio, peligro, violencia y agitación intelectual, Roberto Bolaño se dedicó durante apenas un año a seguir con sus estudios secundarios, que acabó abandonando para dedicarse a leer y a escribir con genuina pasión. Tanto que, según la investigación de la periodista Montserrat Madariaga, devoró desde géneros como el thriller hasta clásicos grecolatinos. Durante aquellos años en Ciudad de México se dedicó a escribir obras de teatro y de poesía en sus ratos libres mientras trabajaba como periodista y vendedor. Fue en este primer periodo mexicano, por tanto, cuando comenzó a curtirse como escritor; cuando comenzó a surgir el Bolaño que posteriormente conoceríamos.

No obstante, no sería hasta su retorno a Chile en 1973 cuando publicaría sus primeras obras. Allí acudió a apoyar el reformismo socialista del presidente Salvador Allende, pudiendo reencontrarse entonces con sus parientes y entregarse a la causa política. La situación no duraría demasiado: poco tiempo después de su llegada a su país natal se produjo el sangriento golpe de Estado del 11 de septiembre que se saldaría con la muerte del presidente. Bolaño fue detenido y liberado finalmente a los ocho días gracias a la intervención de un antiguo compañero de estudios que en aquel momento servía como policía. La terrible experiencia, tanto política como social y personal, le empujaron a abandonar el país.

Tras el golpe de Estado en Chile, el escritor se exilió a México y fundó el Movimiento Infrarrealista

México, de nuevo, volvió a abrir las puertas al célebre escritor. En esta segunda etapa fundó el Movimiento Infrarrealista junto con numerosos escritores que estaban decididos a desafiar el canon social y literario de su momento histórico. Fue en torno al movimiento que había cofundado junto con otros diecinueve literatos más, entre los que destacaron Mario Santiago y Claudia Kerik, entre otros, cuando comenzó a publicar sus primeros libros.

En 1975 vio la luz su primer libro, el peculiar poemario Reinventar el amor, una única pieza lírica, dividida en nueve partes, que apenas ocupó 20 páginas en la edición de la imprenta artesanal Taller Martín Pescador, perteneciente a su amigo Juan Pascoe. Después llegó el manifiesto infrarrealista y la expansión del grupo, que se dedicaba a crear obras y a acudir a actos públicos de escritores del canon, como Octavio Paz. La ruptura con su pareja de entonces y algunos problemas familiares, incluida la enfermedad de su madre, que estaba radicada en España, le convidaron finalmente a trasladarse al país. 

Vida española

Barcelona fue tierra de desarrollo y de desilusión, de cambio y, por supuesto, de esperanza. Su oficio aún no era escribir: mientras seguía dedicándose a la escritura y a la lectura con desenfreno, Bolaño tuvo que desempeñar numerosos trabajos para mantenerse a flote; cuando escaseó el dinero, incluso tuvo que llegar a robar libros para poder seguir alimentando su ansia lectora. 

Ante la adversidad, Roberto Bolaño escribió y luchó para que su trabajo, de una manera u otra, viese la luz y no quedase relegado al olvido en un cajón. Intentó publicar otro libro de poemas en México, sin éxito. A la cal le siguió la arena: desde 1978 apareció en las antologías Algunos poetas en Barcelona, después en Novísima poesía latinoamericana y, por último, Muchachos desnudos bajo el arcoíris de fuego, estas dos últimas editadas en México. En Barcelona también fundaría una revista, Rimbaud vuelve a casa, con la que experimentaría, junto con otros jóvenes escritores, las vicisitudes del negocio editorial.

La década de los noventa, cuando el escritor ya se encontraba en España, fue el comienzo de su eclosión artística, al menos a ojos de la industria

Gerona y Blanes fueron sus siguientes paradas, que tendrían lugar en la muy prometedora y ecléctica década de los ochenta. En Gerona comenzaría a ganar por primera vez dinero de la literatura gracias a premios literarios municipales, siendo allí también donde conoció a su primera esposa, Carolina López, con quien se casó en 1985. En esa época ya había escrito su novela Amberes y había publicado su primera obra narrativa, Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, compuesta a cuatro manos con el escritor A. G. Porta y valedora del Premio Ámbito Literario. El mismo año, en 1984, consiguió también el Premio Félix Urabayen con La senda de los elefantes, que sería editada de nuevo en Anagrama en 1999, ya tras su éxito como escritor, bajo el título Monsieur Pain.

La década de los noventa fue el comienzo de su eclosión artística, al menos a ojos de la industria. Bolaño y su esposa se trasladarían a Blanes, donde la madre del autor se había afincado. Allí tuvieron a sus hijos y allí, por desgracia, conoció también la presencia de la enfermedad que acabaría con su vida. Su respuesta no es sorprendente: Bolaño respondió a la adversidad, de nuevo, con más afán literario, centrándose en el género de la novela y en la búsqueda de un reconocimiento y de un rendimiento económico que necesitaba la familia y que la poesía difícilmente podía procurarle. Pese a ello, alternaría su pulsión poética con su destreza narrativa durante el resto de su vida. 

Su literatura se alimentó de sus experiencias de juventud, de los tiempos tumultuosos en Chile y en México y de las dificultades de una constante inmigración. También de México como escenario social y físico, con Ciudad Juárez y Ciudad de México representados en sus libros y, por supuesto, su mirada vanguardista, heredera del Movimiento Infrarrealista que él colaboró en fundar. 

Siguieron los premios, las novelas y los poemarios: en 1993 destacó con La pista de hielo y en 1996 con Estrella distante, obra que cosechó multitud de elogios entre la crítica literaria y que le situó finalmente en el punto de mira de la potente industria editorial catalana. Pero fue con Los detectives salvajes cuando, por fin, alcanzó la fama. Con ella ganó el Premio Herralde en 1998, lo que le permitió tener las puertas abiertas de los grandes sellos editoriales, que enseguida comenzaron a interesarse por su obra futura y por rescatar la publicada en el pasado. Desde entonces, sus libros se reeditan sin cesar, al igual que se fueron publicando también sus siguientes creaciones: Amuleto, Nocturno de Chile o Una novelita lumpen. Algo similar ocurrió con su popularidad desde entonces: no cesó de crecer.

Muerte y memoria

El año trágico fue 2003, cuando el cáncer segó su vida bajo los cuidados de su pareja desde 1997, Carmen Pérez. Pero su fallecimiento no fue el final de su legado: el interés por Roberto Bolaño no había hecho más que comenzar. Pronto se convirtió en un icono por su capacidad innovadora y su mirada sobre el fracaso, la lucha personal y política, manteniéndose viva su militancia en la izquierda; incluso por ese peculiar esbozo de la esperanza que subyace en sus obras. 

Su literatura se alimentó de su juventud, de los tiempos tumultuosos en Chile y México y de las dificultades de una constante inmigración

Desde su muerte se han sucedido los homenajes y las publicaciones de textos póstumos. El mismo año de su muerte, su editor y amigo, Jorge Herralde, le dedicó su discurso durante la Feria de Libro de Santiago de Chile. The New York Times escogió en 2006 la recopilación de relatos Last Evenings on Earth (título para la edición en inglés de los relatos Llamadas telefónicas y Putas asesinas) como uno de los libros del año en Estados Unidos. El cariño también se puede palpar en España: desde Blanes a Barcelona, se le han dedicado salas de bibliotecas, exposiciones y placas a modo de muestra de cariño hacia quien fuera una de las últimas figuras más elogiadas de las letras en español. 

Su novela más ambiciosa, sin embargo, fue póstuma, ya que vio la luz en 2004. Se trata de un libro que en realidad son cinco volúmenes que el autor pensaba publicar en cinco libros diferentes para asegurar, así, su aportación al futuro de sus hijos en caso de un prematuro fallecimiento. 2666 titula, en su brevedad, una obra maestra, un mosaico en torno a la imaginada ciudad mexicana de Santa Teresa que en realidad refleja Ciudad Juárez y los feminicidios que acompañan a la ciudad. Compleja, extensa y vanguardista, desde su publicación ha cautivado por igual a crítica literaria, editores y lectores de todo el mundo. Los premios hablan por ella: Ciudad de Barcelona, Salambó, Altazor, José Manuel Lara, Premio Municipal de Literatura de Santiago y el National Book Critics Circle Award, entre otros.

Roberto Bolaño sigue palpitando a través de su obra, reinventada en la mente de cada nuevo lector que encuentra y despertando una pasión tan atemporal como necesaria: la memoria crítica, el mimo estético, la pasión por la lectura.

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