Energía

Cómo hacer frente a la subida de precios de energía

Todos los indicios advierten de la llegada de uno de los inviernos más duros en décadas, pero cambiar de hábitos en el hogar y hacer ajustes en los edificios puede ayudar a sobrevivir al alza de las facturas: podemos llegar a ahorrar hasta más de 500 euros al año.

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27
Jul
2022
energía

Aunque parece un tanto llamativo empezar a preocuparse por el invierno cuando se están alcanzando temperaturas veraniegas de récord, Europa se ha entregado ya a un cierto pánico pensando en las posibilidades que encierra el horizonte: los costes de la energía acumulan meses de escalada y, de hecho, se espera que lo sigan haciendo. En países como Alemania, por ejemplo, ya se han empezado a tomar medidas para reducir el consumo. 

¿Se avecinan tiempos complicados en consumo de energía? «Dependerá de la evolución de la situación internacional», señala Eztizen Gregorio, portavoz de Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). Y añade: «Todas las autoridades ya hablan de un invierno duro sobre todo por el temor de no disponer principalmente de gas ruso. Si hay escasez, lo más lógico es que repercuta en los precios, tanto para producir energía como para su uso directo». 

La ciudadanía tiene, de entrada, poco control sobre lo que va a pasar con los precios de la energía a unos meses vista, pero sí puede tomar sus propias medidas para prepararse para ello. Hacer pequeños cambios permite ajustar cuánto se paga mes a mes y sobrevivir un poco mejor a la escalada de tarifas.  

Una estadística de la International Energy Agency (IEA) y de la Comisión Europea ya advertía el pasado mes de abril que si los ciudadanos tomaban medidas de ahorro se podrían ahorrar la carga de 120 petroleros o el gas natural suficiente para calentar 20 millones de casas. En términos económicos, suponía un ahorro anual de 500 euros para el hogar medio europeo. 

Cómo ahorrar energía

Existen tres grandes líneas de consumo de energía entre la ciudadanía: el gasto en gas, en electricidad y en combustibles. Para ahorrar en cada una de ellas, es necesario seguir unos consejos específicos.

Gregorio: «Si hay escasez [de gas], lo más lógico es que repercuta en los precios, tanto para producir energía como para su uso directo»

Para reducir la factura de electricidad, revisar la tarifa contratada de forma regular o ajustar la potencia disponible a la necesidad real son claves básicas para no pagar de más. Desde la OCU también recomiendan adaptar los hábitos de consumo –desde priorizar los programas eco a no dejar nada en stand-by– a unos más eficientes. Incluso apoyan el hecho de valorar un cambio al autoconsumo. «La energía fotovoltaica es una alternativa muy interesante en viviendas unifamiliares donde vivan al menos tres o cuatro personas», apunta Gregorio, quien concede que, aunque la inversión de entrada puede parecer elevada, hay maneras de atenuarla. 

El otro gran punto de tensión para los consumidores está en la temperatura: las cuentas de la asociación de consumidores apuntan que solo en los meses de más calor podemos llegar a dejarnos 250 euros en facturas por el aire acondicionado. Utilizar la temperatura exterior como baremo –y poner tan solo el aire ocho grados más bajo– o aprovechar las herramientas del propio dispositivo –como las funciones eco o la tecnología inverter– ayudan a reducir el consumo. En invierno, mantener la casa entre 19 y 21 grados es «razonable», bajándola a entre 15 y 17 por las noches. «Cada grado de más supone un incremento del 7% en el consumo», indica la portavoz. Algo tan básico como limpiar los radiadores y mantener la caldera ayuda a reducir el consumo (hasta un 15% en el segundo caso, por ejemplo). 

Además, para bajar de forma específica la factura de gas, la OCU recomienda no instalar la caldera en zonas como terrazas, sótanos o garajes; aislar termo y tuberías; no subir la temperatura del agua caliente a más de 60º o cocinar con ollas del mismo tamaño que el fogón. Los cambios mínimos en la cocina suponen también un importante ahorro: sacar la comida de la nevera un poco antes de cocinarla, bajar la calefacción mientras se cocina o apagar la placa antes de terminar para aprovechar el calor residual ayudan a necesitar menos gas.

Renovar el parque de vivienda 

Además de nuestros hábitos, también importa dónde vivimos. «El gasto energético está directamente relacionado con la envolvente de nuestros edificios», explica Elena Ampudia, decana del Colegio de Arquitectos de Galicia (COAG), quien no duda en señalar que «fachadas y cubiertas» impactan. «A mayor calidad, menor gasto energético», añade. En España, las viviendas más recientes han tenido que seguir ya el Código Técnico de la Edificación, por lo que la eficiencia energética es mayor. Para las más antiguas, las cosas son diferentes. 

Ampudia: «El mayor agujero negro energético en la edificación es por lo general la falta de mantenimiento continuado»

Actualizar el parque de edificios de España ayuda a mejorar su eficiencia en consumo de energía y, de forma indirecta, permite hacer frente a la subida de precios. La vía para esta mejora es «hacer estudios completos a cargo de un arquitecto», asegura Ampudia; solo así es posible identificar qué –y cómo– se debe cambiar. En líneas generales, la experta recomienda mejorar los aislamientos y las ventanas, instalar doble carpintería o cambiar las calderas. 

De entrada, puede parecer que esta herramienta sale ya, por defecto, cara, pero como recuerda la decana del COAG, se trata de una «inversión a medio-largo plazo que nos permitirá ahorrar en el futuro». Donde más dinero se pierde no es exactamente en hacer obras: «El mayor agujero negro en la edificación en general es la falta de mantenimiento continuado». Nadie se plantea no hacer una revisión anual del coche, pero no se hace lo mismo con las casas, sugiere. «Un buen mantenimiento evitaría grandes inversiones», recalca. Por supuesto, también reduciría la factura energética. 

El reto del transporte

El combustible es otro de los grandes quebraderos de cabeza en gasto. La IEA ha calculado que teletrabajando al menos 3 días a la semana cada hogar europeo se ahorraría 35 euros al mes por combustible no consumido. 

«Para ahorrar combustible, la principal recomendación es una conducción eficiente. Así se lo aconsejamos a los conductores», apunta Eztizen Gregorio. Al fin y al cabo, el gasto en cuestión no solo depende del precio de la gasolina, sino también de la forma en que se conduce. «Los malos hábitos al volante repercuten en un consumo más elevado y en un mayor gasto económico», advierte. Revisar la presión de los neumáticos, respetar las velocidades máximas o no «apurar» las marchas ayudan a bajar el gasto. 

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