Psicodélicos ¿en la medicina?

Al menos 628 ensayos clínicos estudian actualmente en todo el mundo cómo las drogas psicodélicas podrían contribuir a paliar algunos trastornos mentales. Pero ¿realmente contribuyen de forma tan positiva como para obviar sus efectos secundarios? El debate está abierto.

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08
Jun
2022

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Durante miles de años, las comunidades indígenas de la Amazonía y de los Andes han ingerido ayahuasca o yagé en rituales espirituales y medicinales. Son brebajes que contienen la sustancia psicodélica DMT. El chamán Juan Martín Jamioy lo describe como un encuentro con un terapeuta: «Es un psicólogo espiritual que te habla directamente sin darle muchas vueltas, él te va diciendo las verdades tal y como deben ser o lo que debe hacerse o lo que tiene que hacer para orientar su situación de vida».

Esta experiencia ha atraído a turistas de todo el mundo a países como Colombia. Pero si no se realiza de la mano de expertos, puede ser peligrosa, e incluso mortal. De hecho, el consumo del yagé o ayahuasca está en una especie de limbo legal: por un lado, las comunidades indígenas tienen derecho a celebrar sus costumbres y tradiciones; por otro, la DMT forma parte de la lista de las Naciones Unidas de sustancias psicotrópicas, y por tanto se supone que esté restringida a uso científico y médico únicamente.

En esa lista también están otros alucinógenos naturales y sintéticos como la mescalina, la psilocibina, la LSD o la MDMA. Son drogas que al ser abusadas podrían generar desde psicosis hasta daños al corazón, pero que con la supervisión e implementación adecuada podrían ser grandes aliadas para la salud mental. O al menos eso buscan los partidarios de la psicoterapia asistida con psicodélicos.

La idea es utilizar estas sustancias de manera controlada para estimular neurotransmisores en el cerebro, como la serotonina, que se encargan de regular las emociones. Luego, con la ayuda de psicólogos y psiquiatras, se busca que los pacientes aborden traumas, miedos y condiciones como la hiperactividad, la adicción o el autismo.

Algunos Gobiernos ya han dado los primeros pasos para autorizar las drogas psicodélicas para tratar enfermedades mentales

«Vemos que las personas con depresión tienden a sentirse más conectadas consigo mismas, con sus familias, con sus comunidades, y este sentimiento de conexión puede ayudarles a superar la depresión», apunta el neurocientífico Eduardo Schenberg, que ha participado en importantes estudios en Reino Unido y Brasil. «Quizás uno de los casos más puntuales es el estrés postraumático, que suele provenir de uno o varios episodios muy específicos, como una agresión sexual. Esas sustancias les ayudan a tener menos miedo a esos recuerdos y a ser capaces de trabajarlos en las sesiones de psicoterapia».

Al menos 628 ensayos clínicos de este tipo están autorizados actualmente en universidades de todo el mundo, desde la Universidad de Chile hasta la de Johns Hopkins en Estados Unidos. Por el momento, los resultados han sido mixtos. «Los resultados varían mucho. Aproximadamente un tercio  de los pacientes que participaron en mis estudios de terapia asistida con psicodélicos no mejoraron mucho. Pero dos tercios sí», explica Schenberg. «Eso es muy alentador para nosotros porque la mayoría de los pacientes que han participado en estos estudios, habían probado todo tipo de tratamientos, y los resultados no fueron muy satisfactorios».

Algunos Gobiernos ya han dado los primeros pasos para autorizar drogas psicodélicas en el tratamiento de enfermedades mentales que presentan resistencia a los medicamentos tradicionales. Es el caso de la psilocibina en estados como Oregón en Estados Unidos y en Canadá, donde ya hay pacientes consumiéndola. «La psilocibina me hace sentir bien a nivel espiritual, emocional y mental», añade Andrea Bird, una paciente de cáncer.

Schenberg: «Estas sustancias ayudan a rebajar el estrés postraumático y a trabajarlo en las sesiones de psicoterapia»

Y es que aunque estas drogas aún enfrentan rechazo en diversos sectores de la sociedad, el panorama está cambiando poco a poco en países como EE.UU. Así lo explica Don Lattin, autor del libro La nueva medicina psicodélica: «Hay un movimiento político que intenta despenalizar las drogas psicodélicas no solo para propósitos terapéuticos, sino para uso común. Así que miles de millones de dólares están siendo invertidos en compañías emergentes en este ámbito. Hay mucho interés de Silicon Valley y de inversores que ven el desarrollo de estos medicamentos para ayudar a la gente como la próxima gran novedad. Hay algunas grandes farmacéuticas que están comenzando a ver el potencial aquí. Y lo interesante es que hay interés a lo largo y ancho del espectro político».

Solo en 2021, los ensayos clínicos con psicodélicos, tanto de universidades como de entes privados, obtuvieron a nivel global una financiación por encima de los 700 millones de dólares. Farmacéuticas como la alemana Merck están invirtiendo en centros psiquiátricos que desarrollan e investigan tratamientos psicodélicos. Y algunos expertos estiman que esta industria alcanzará los 11.000 millones de dólares para 2027.

Todo suena muy prometedor, especialmente si consideramos que el mundo está enfrentando una crisis de salud mental. Pero no debemos olvidar que las soluciones para combatir esta crisis deben tener una sólida base científica que demuestre que son más los beneficios que los riesgos.


Este contenido fue emitido en formato audiovisual por el programa de televisión ‘Efecto Naím‘, una producción de Naím Media y NTN24. Forma parte de un acuerdo de colaboración de este programa con la revista Ethic.

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