La crisis de los opioides sigue viva

En 2017, el gobierno norteamericano declaró la crisis sanitaria a causa de la crisis de los opioides y ahora, a pesar del menor número de recetas médicas, las muertes no solo siguen creciendo, sino que toman un cariz cada vez más internacional.

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06
Oct
2021
opioides

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En el año 2016, aproximadamente 42.000 estadounidenses murieron por sobredosis de opioides, utilizando desde drogas ilegales como la heroína hasta opioides recetados por un médico para el manejo del dolor. Un récord que disparó todo tipo de alarmas, provocando que el gobierno de Estados Unidos decidiera dedicarle buenas sumas de dinero y atención a una epidemia de opioides que terminó por acaparar la atención nacional e internacional. A nivel local y federal, así, se empezaron a destinar muchos recursos para remediarla.

Sin embargo, el número de muertes por opioides en los últimos dos años solo ha aumentado. Tanto es así que una de las principales agencias de salud pública de Estados Unidos, el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), ha proyectado que en 2025 más de 100.000 estadounidenses morirán por una sobredosis de opioides. Una crisis que no solo tiene graves repercusiones nacionales, sino incluso globales.

Una adicción legal

Cada 11 minutos muere un estadounidense a causa de una sobredosis de opioides. Ryan Brown, un norteamericano de 28 años, fue uno de ellos. «Hicimos todo lo posible por ayudarlo, pero nada funcionó», explica Cece Brown, madre del fallecido. Esta trágica historia se suma a las grises estadísticas. En 2019, por ejemplo, solamente murieron más de 50.000 estadounidenses por sobredosis de opioides. Informes preliminares, no obstante, señalan que en 2020 la pandemia agudizó este tipo de sobredosis, aumentando las muertes a cerca de 67.500 fallecidos.

El CDC calcula que en 2025 más de 100.000 estadounidenses morirán por una sobredosis de opioides

Los opioides, derivados de sustancias extraídas de la amapola, incluyen drogas ilícitas como la heroína, pero también fármacos para manejar el dolor como la codeína, la morfina o el fentanilo. Estos últimos son típicamente utilizados en casos muy particulares, ya sean en pacientes operados y, por tanto, por periodos cortos, o en pacientes con condiciones severas como cáncer o con enfermedades terminales. De ser mal administrados, una semana de tratamiento con medicinas derivadas de los opioides puede ser suficiente para generar dependencia.

En 1996 la productora estadounidense Purdue Pharma lanzó un nuevo analgésico llamado OxyContin, con una poderosa campaña de marketing. «No hay duda de que el mejor medicamento para el dolor es el opioide», explicaba un hombre en la campaña televisiva. Según relata la doctora Adriane Fugh-Berman, «Purdue Pharma desarrolló una campaña en la que aseguraba que los doctores eran ‘opiofóbicos’ por no tratar dolores de espalda crónicos o artritis con medicamentos opioides, y estos son padecimientos que nunca deben ser tratados con ellos. No obstante, las farmacéuticas convencieron a los médicos de que estaban torturando a sus pacientes al no hacerlo».

Las recetas de opioides terminaron por multiplicarse y los pacientes comenzaron a llevar a casa 30 –o incluso 60– pastillas cuando lo que necesitaban, en realidad, era tan solo un par de días de tratamiento. Esto dejaba las pastillas restantes al alcance de familiares y personas allegadas, incluso para su venta ilícita.

La atracción del dinero

OxyContin ha producido desde su lanzamiento 35 mil millones de dólares de beneficio para Purdue Pharma, a cuya cabeza se halla la familia Sackler, que ha llegado a amasar una gigantesca fortuna personal valorada en 11.000 millones de dólares gracias a la venta de este adictivo fármaco. Otras farmacéuticas con productos similares también han sacado beneficios gigantescos; incluso hubo médicos que buscaron beneficiarse de los opiáceos sin importarles el daño que pudieran causar: la corte del distrito sur de Nueva York ya ha condenado a varios profesionales de la salud por aceptar sobornos de hasta 300.000 dólares provenientes de la farmacéutica Insys Therapeutics, la cual buscaba la posibilidad de recitar más opioides.

OxyContin ha producido desde su lanzamiento 35 mil millones de dólares de beneficio para Purdue Pharma

En 2010 comenzaron los esfuerzos para disminuir las recetas de estos poderosos analgésicos. Algunos, incluso, alegan que hubo hasta congresistas aliados de las farmacéuticas que trabajaron para detener estas medidas. Pero el problema mayor era que para muchos pacientes ya era demasiado tarde. Así lo explica la experta en salud pública Lindsey Vuolo, ya que «a medida que la adicción empeora, las personas terminan por acudir de manera ilícita a opioides como la heroína. Por eso, restringir el acceso a las recetas médicas para los opioides sin tratar a los adictos de forma adecuada solo los llevará a opciones ilegales que son más potentes y más mortíferas». En Estados Unidos, cuatro de cada cinco adictos a la heroína comenzaron tomando analgésicos recetados. Esto, por supuesto, tiene graves consecuencias para la productividad y la estabilidad no solo de las familias afectadas, sino de toda la sociedad.

A finales de 2017, el entonces presidente Donald Trump declaró una emergencia sanitaria por la crisis de los opioides, pero los esfuerzos para frenar el problema han terminado quedándose cortos. El desafío, ahora, se complica internacionalmente: el peligroso opioide sintético llamado fentanilo, que inunda las calles de Estados Unidos, proviene en su mayoría de China. Las presiones internacionales han logrado que el gobierno chino prohibiera en 2019 la producción y venta de este opioide, pero para el año 2020 los vendedores ya habían desarrollado un mecanismo clandestino para vender el fentanilo –y sus componentes químicos– directamente a los consumidores a través de internet.

Ya no los venden solo a clientes en Estados Unidos, sino que también lo hacen en Europa y entre los cárteles mexicanos. El gobierno de Joe Biden se ha propuesto, en la actualidad, frenar este tráfico ilícito de opioides, así como responsabilizar a los ejecutivos de las farmacéuticas por desencadenar esta crisis de salud pública. Al fin y al cabo, los datos hablan por sí solos: desde 1999 han muerto ya medio millón de personas por sobredosis de opioides en Estados Unidos, una cifra aún mayor que la población de toda la ciudad de Miami.


Este contenido fue emitido en formato audiovisual por el programa de televisión ‘Efecto Naím’ , una producción de Naím Media y NTN24. Forma parte de un acuerdo de colaboración de este programa con la revista Ethic.

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